El asesino del whisky

Capítulo 4. Vuelve a casa

Victor estaba sentado en su escritorio escribiendo el reporte sobre los extorsionadores.

Cuando llegó Ian Mercer.

—Tenemos un desaparecido.

—Puedes ir con Frank, yo estoy terminando el reporte de nuestro último caso.

Ian se quedó callado un momento.

—El jefe le dejó otro caso. Vamos.

Victor cerró todas las ventanas de su computadora y se levantó de su asiento.

Y antes de que pudiera entrar al elevador una mano sujetó su brazo, la mano de Mason.

—Ya realizaron la autopsia del cuerpo.

Victor inmediatamente se intrigó y preguntó.

—Su nombre es Jim Farmer. Tiene cincuenta y nueve años.

—¿Fue la misma puñalada al corazón?

—Exactamente entre la tercera y cuarta costilla.

Victor se quedó pensando.

—Eso no lo hace cualquiera. Solo un experto.

En eso la puerta del elevador se volvió a abrir. Ian seguía en el elevador.

—¡Chase! ¿Qué mierda haces? Tenemos un caso que resolver.

Victor se despidió de Mason.

Una vez que ambos llegaron a la casa fueron recibidos por una pareja de aproximadamente cincuenta años.

—Somos los oficiales de policía Ian Mercer y su servidor Victor Chase. Díganos todo lo que debamos saber.

Una vez que la pareja comenzó a hablar.

Ian empezó a tomar notas.

Un joven de apenas diecinueve años. Su nombre era Kendall Miles.

Siempre llegaba a la misma hora de trabajar, a las diez de la noche. Pero el día anterior no volvió y no ha contestado las llamadas tampoco.

En lo primero que pensó Victor fué en un secuestro aunque eso ya era algo más grande.

Una vez que tenían todo pidieron su número de teléfono.

Cuando lo intentaron localizar no obtuvieron nada, parecía que lo había apagado.

—Debemos revisar su registro de llamadas, tal vez ahí encontremos algo —dijo Victor.

Encontraron que la última llamada había sido hasta el otro lado de Norhaven.

Ambos decidieron ir ahí.

Mientras conducían al lugar, Ian le insistía a Victor que debían comer algo.

Victor realmente quería solucionar esto antes de comer.

—Hay una persona desaparecida, Mercer. ¿Cómo puedes pensar en comer ahora? —dijo Victor un poco molesto.

—Debo comer.

A Victor no le gustaba la idea, pero de todas formas lo llevó a un lugar de comida rápida.

—Mmm, ¿qué debería comprar? ¿Una hamburguesa doble con queso, o una hamburguesa doble con tocino?

—¡No tenemos todo el tiempo del mundo Mercer! —dijo Victor.

Él ya estaba enojado. Hasta pareciera que Mercer no quería encontrar al desaparecido.

—Creo que no tengo mucha hambre, mejor pediré un agua solamente.

Victor se enojó.

—¿Es enserio?

—Claro que no. Voy a pedir la especial.

Victor regresó a la patrulla. Realmente no tenía el tiempo para lidiar con Ian.

Pero aún así el pensamiento de secuestro o asesinato no lo dejaba en paz.

Su pierna comenzó a brincar repetitivamente. La ansiedad se empezaba a apoderar de él.

Pensó en arrancar la patrulla e irse, pero apareció Ian.

—No te desesperes Chase. Sé que me extrañaste.

—Cierra la boca.

Ian subió a la patrulla y Victor arrancó rápidamente.

Ya a mitad de camino Ian terminó de comer.

—Ve por la avenida Crusell es más rápido.

Victor le hizo caso, pero una vez llegando ahí se encontraron con un tránsito que los retrasaría minutos más.

—¿En serio era más rápido? —dijo Victor.

—Eso creí. Lo lamento colega.

Victor prefirió no hablar.

Estuvieron atrapados en la avenida más de media hora. Y una vez que salieron pudieron llegar al apartamento.

No era un lugar muy tranquilo aparentemente.

Era un conjunto de apartamentos viejos. Con luces parpadeantes y basura acumulada en las esquinas.

No era realmente la estética del chico desaparecido.

Victor tocó el apartamento de donde había venido la llamada.

Nadie abrió. Ian volvió a tocar. Nada.

Entonces Victor se puso a ver la cerradura.

—¿Qué buscas? ¿Vas a tumbar la puerta?

—Señales de entrada forzada. Creo que lo que dices no es mala idea.

Victor no encontró nada. Así que ambos sacaron sus pistolas.

De una patada la puerta se abrió.

El lugar estaba bastante desordenado.

Había moho en las esquinas de cada pared.

No encontraron a nadie.

Una vez que vieron que el lugar estaba despejado comenzaron a buscar alguna pista.

Llevaban más de una hora pero no habían encontrado nada, hasta que….

—¡Chase! Ven a ver esto —gritó Ian desde el otro lado del apartamento.

Era una caja fuerte. Pero estaba abierta.

—¡Mierda! Aquí hay mucho dinero y harina para panqueques. Creo que ya tienes qué cenar.

—En qué estaba metido este chico…

Siguieron buscando hasta que Chase vió una mancha de sangre.

Pero por alguna razón parecía que pasaba por debajo de la pared.

—¿Ya viste esto? Parece una pared falsa.

Ambos movieron el librero que estaba frente a esa pared. Tenía bastante polvo.

El lugar parecía abandonado… pero alguien había estado ahí hace poco.

Dentro del cuarto encontraron muchos fajos de billetes. Algunos pasaportes falsos, sangre y cosas muy ilegales.

—Parece que hubo una pelea —dijo Chase.

Agarró su radio. Lo pensó un momento.

—Voy a pedir refuerzos.

—¡No! —dijo Ian inmediatamente— es decir. Sí.

Victor lo miró confundido. Pidió refuerzos.

Una vez que llegaron más policías y forenses, uno de ellos vió la sangre detenidamente.

—¿Qué sucede? —preguntó Ian.

—Parece que hubo una pelea, la sangre es muy reciente, tal vez dos horas o menos.

Victor miró molesto a Ian.

Lo tomó del brazo y lo llevó a una esquina.

—¿Qué mierda te sucede? —dijo Victor furioso.

—¿De qué mierda hablas?

—Por tus malditos caprichos perdimos al chico.

—Lo lamento Chase. Mis necesidades como comer también se deben tomar en cuenta.




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