El asesino del whisky

Capítulo 5. Ésta es la verdad

El apartamento ya no estaba en silencio.

Las luces de los forenses iluminaban cada rincón.

Victor no apartaba la mirada de la sangre.

—Señor Chase —dijo el forense Adam Carson detrás de él— encontramos esta pared falsa.

Victor e Ian miraron detenidamente.

Una vez que la abrieron encontraron un maletín con pasaportes falsos.

—En qué mierda estaba metido tu amigo —dijo Victor con voz baja.

Victor miraba a Ian y lo veía preocupado.

—No es lo que crees.

—Claro que lo es.

En la bolsa encontraron teléfonos antiguos.

—Carajo —exclamó Victor.

—¿Qué sucede?

—Unas llaves.

—Tienen un número de habitación. Es el cincuenta y nueve.

—Parece ser de un hotel.

Cuando dieron la vuelta al llavero con el número de habitación, notaron que la dirección de éste estaba borrada.

—¿Qué hacemos ahora?

Victor miró detenidamente el llavero.

—Hay una huella parcial en ella.

Una vez que los forenses la tomaron, la comenzaron a escanear.

—La tenemos —dijo Carson— Es de una mujer llamada Lora Doyle.

—Perfecto. Vamos a regresar a la estación para investigarla un poco.

—Está bien. Analizaré también la sangre del suelo. Podría ser de Kendall.

Una vez que terminaron de revisar el apartamento regresaron a la estación.

Victor e Ian comenzaron a buscar información sobre esa tal Lora.

Era la recepcionista de un hotel.

—¿Por qué ahí habría una llave del hotel Wood? —comentó Ian

—No lo sé. Quizá ahí es donde entregan la mercancía.

—Bueno… supongo que hay que ir a investigar.

—Ahora si quieres investigar.

—Tranquilo Chase. Lo vamos a resolver.

—Eso espero.

Victor condujo rápidamente hasta el hotel.

Llegaron al hotel. Algo lujoso, con detalles muy llamativos.

Una vez que entraron fueron con la recepcionista.

Preguntaron por la señora Lora.

—¿Lora Doyle? —preguntó la recepcionista.

—Sí, ¿usted sabe dónde podemos encontrarla?

—Salió hace un par de horas.

—¿No ha regresado?

—No, le hemos llamado varias veces pero no ha respondido.

Victor pensó en algo.

—Mercer. Hay que revisar la habitación.

Mercer asintió.

—¿Crees que nos puedas llevar a esta habitación? —preguntó Victor enseñando las llaves.

Pidieron que los llevarán a la habitación cincuenta y nueve.

—Enseguida.

Una vez que llegaron a la habitación abrieron la puerta con cuidado mientras sostenían sus armas.

La puerta se abrió lentamente.

Todo parecía desordenado.

—¿Qué mierda pasó aquí? —preguntó Ian en voz baja.

Siguieron avanzando cuando oyeron ruidos de alguien jadeando y lanzando cosas en la habitación del fondo. Sonaba apresurado.

Poco a poco se fueron acercando.

La puerta estaba entreabierta.

Por la ranura se alcanzaba a ver kilos de polvo blanco apilados sobre la mesa de noche y la cama.

Luego vieron al chico dentro.

Estaba metiendo sobre las mochilas mientras susurraba algo enojado.

En eso Victor le dió la señal a Ian.

Ian empujó la puerta con su hombro para abrirla.

—¡Policía! ¡No te muevas!

El chico rápidamente tiró las bolsas y se hincó.

—¡No me disparen!

Se acercaron a él, lo levantaron y esposaron.

—¡No me hagan nada por favor!

—¿Eres Kendall Miles? —preguntó Victor.

El chico no hizo ningún sonido

Victor apuntó su arma y la apretó.

—¡Si! ¡Soy yo!

—Kendall. ¿Me recuerdas? — preguntó Ian.

—Mierda —exclamó Kendall.

—Lo lamento Ian. Se que dije que me saldría de esto. Pero necesito el dinero.

—Te vamos a llevar a la estación y ahí nos dirás que es lo que está pasando.

Luego de eso. Victor llamó a los forenses para registrar la habitación como evidencia.

Al recorrer la ciudad el silencio destacaba en la patrulla.

Victor tomó a Kendall y lo llevó a la sala de interrogatorios.

Pero al entrar Victor le cerró el paso a Ian.

—¿Qué haces? —preguntó Ian.

—No te puedo dejar pasar. Lo conoces.

Ian cambió su expresión.

—Déjame pasar Chase.

—Ya te dije que no.

—Tú no me mandas.

—¿Estás seguro? ¿Quieres que el capitán se entere que estuviste cubriendo a un sospechoso?

Ian lo miró con un rostro furioso.

—Creo que ya quedamos en algo Mercer.

Ian salió de la habitación.

Solo pudo quedarse a mirar detrás del espejo.

—Kendall Miles. Explícame qué estabas haciendo

—Creo que ya no puedo salir de esta.

—No. No puedes —respondió Victor.

—Bien… entonces creo que no diré nada sin un abogado.

—Kendall. Tienes que apoyarme ahora. Sino podrías terminar encerrado mucho tiempo.

—Creeme que quería salir de ésta mierda. Pero no es tan fácil.

—¿Tu conoces a ésta mujer?

Victor deslizó una fotografía de Lora Doyle.

—Sí. Es mi novia.

—¿Y dónde está?

—Escondida. Tuve problemas con mi jefe.

—¿Qué tipo de problema?

—Se supone que la mercancía que estaba en el hotel debí haberla entregado hace un par de días. Pero mi abuela lleva enferma mucho tiempo. Le fuí a llevar dinero y a estar con ella. Pero mi jefe necesitaba la mercancía entregada. Le dije que estaba harto de trabajar con él.

—Creo que no fue la mejor forma de decirle.

—Creo que no. Porque amenazó con matarme. Le dije a Lora que se escondiera, que nos iríamos del país. Fui a un apartamento viejo que había comprado hace tiempo en efectivo. Tenía que sacarme a mí y a Lora.

—¿Y tus padres y abuela?

—No lo pensé con claridad. Estaba asustado. No sabía qué hacer. Entré en pánico.

—Y dices que tú jefe te fué a buscar.

—Sí. Cuando llegue a mi apartamento me puse a reunir mis cosas. Cuando apareció tras de mí con un arma. Reaccioné rápido y lo golpeé. En eso agarre algo y le golpeé la cabeza.

—¿Entonces la sangre que estaba ahí no era tuya?




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