El asesino del whisky

Capítulo 6. No había de otra

Victor se quedó sin palabras.

—¿Otro con whisky? —preguntó Ian.

—No puedo decirte mucho… las cosas se están moviendo mucho por aquí. Les contaré a ambos cuando pueda.

Victor e Ian sólo pudieron mirar a Mason sorprendidos.

Mason se retiró apurado.

Ambos entraron a la sala de reuniones con su equipo de forenses.

—Yo hablaré, Mercer.

—¿Qué dices?

—Ya te lo dije. Ahora yo estoy a cargo.

Ian lo vió con una mirada furiosa.

—Kendall Miles nos reveló haber asesinado a tres personas. Una de ellas su jefe Floyd Mayes y al parecer dos guardaespaldas. Debemos encontrar un auto que dejó estacionado sobre el bosque. Ahí encontraremos los cuerpos. Así que por eso tomamos prestado al detective Marcus Grant de homicidios.

Una vez terminaron la reunión, todos se prepararon para ir hacia el apartamento de Kendall.

—¿De qué se trata todo ésto? —preguntó Ian.

Victor suspiró.

—Hay tres cuerpos que nos esperan.

Todos subieron a las patrullas.

Una vez que llegaron comenzaron a buscar marcas de llantas sobre la tierra seca y el apartamento viejo.

—¡Chase! —gritó Carson del otro lado— encontré está marca de auto. Indica que fue hacia esa dirección.

Victor miró a lo lejos.

—Debemos ir a investigar.

Buscaron más marcas de llantas pero eran escasas.

El viento que empujaba la tierra y las hojas cubrían las marcas.

Poco a poco fueron encontrándolas.

Hasta que vieron al auto a lo lejos.

—¡Ahí está!

Una vez que llegaron intentaron abrir el auto.

—Está cerrado. Éste maldito sabía lo que hacía —dijo el detective Grant.

Lo abrieron cuidadosamente de forma manual.

—Mierda —exclamó Victor.

—¿Qué sucede? —preguntó Ian.

—Falta un cuerpo.

—Tomaré sus huellas y te diré quién es quién —dijo Carson.

—Hay que abrir el maletero —ordenó Grant.

Lo abrieron cuidadosamente.

Y ahí estaba.

El tercer cuerpo.

—Éste maldito sí que sabía lo que hacía.

—No debió recordar haberlo metido ahí —dijo Ian.

—Miren. —Victor revisó el cuerpo— tiene un golpe en la cabeza. Debe ser Floyd Mayers.

—En efecto —confirmó Carson— los hombres de aquí adelante son Noah Jensen y Adrián Castillo.

—¿Kendall mencionó haberle disparado a su jefe? —preguntó Grant.

—¿Por qué lo pregunta, detective?

—Tiene cuatro disparos. Todos en el torso.

—No puede ser.

—Al parecer este cabrón remató a su jefe. Y más de una vez.

Victor llevó a Ian a un lugar más alejado.

—Si Kendall hizo eso… no hay cómo ayudarlo.

—Pero él estaba dejando toda esta mierda. Su jefe vino a matarlo —respondió Ian.

—¿Y qué? ¿Piensas que fué en defensa propia?

—Se podría llegar a interpretar así.

—Kendall va a tener que estar tras las rejas por tu culpa.

—¿Por qué por mi culpa? —Ian subió su tono de voz.

Victor lo quiso provocar.

—Si lo hubieras arrestado la primera vez no estaría en esta mierda todavía. Ahora no solo es un traficante, sino también un asesino.

—¡Ustedes dos! —gritó Grant del otro lado de la escena— ¿Qué tanto hablan?

—Nada, detective.

—¿Tienen alguna teoría? Vamos pueden contarme. Me encantan las teorías.

—No detective. Era algo más, un asunto personal.

—No tengo tiempo para sus asuntos personales ahora. Si van a trabajar, háganlo como se debe.

—¡Oigan! El auto está completamente limpio. No hay ni una huella.

—Kendall limpió el auto.

—Así parece.

—Ésto no fué improvisado. No estaba en pánico ni mucho menos.

—Creo que no debemos suponer detective —dijo Ian.

—No estoy suponiendo. Así son los hechos. Ésto no es defensa propia. Es ejecución.

—Parece que Kendall también se llevó el arma que usó. O por lo menos la escondió.

—Bien. Parece que nuestro trabajo aquí terminó. Chase y Mercer vendrán conmigo a la estación. Los forenses registrarán todo como evidencia.

Ian llamó a Ian con un gesto a la patrulla.

—Debemos demostrar que Kendall es inocente. Solo es un niño.

—Sé que es un niño. Pero cruzó la línea. No hay nada que podamos hacer por él.

—¿Y si estuvieras tú en su lugar?

Victor se quedó sin palabras.

—Quisieras que te sucediera un milagro. ¿No es cierto?

—La diferencia es que yo no estaría en su lugar. Y los milagros no existen. No para mí.

—¿Es enserio? ¿Vas a dejar que se pudra en prisión?

—Es la ley, Mercer.

Ya en la patrulla no dijeron ni una sola palabra.

Llegaron a la estación y seguían sin decirse nada.

—No seas muy duro con él, Chase.

—Seguro.

Victor entró a la sala de interrogatorios.

Vió a Kendall.

Lo notó muy cansado, incluso derrotado.

—Encontramos el auto.

—Encontraron los cuerpos entonces.

—Así es.

—Entonces ya está. Se acabó.

—Todavía no. Debo hacerte un par de preguntas más.

—Hazlas.

—¿Qué pasó con el arma que usaste?

—La tiré a la cascada. Debía asegurarme de no dejar nada.

—Floyd Mayers. Tu jefe. Tenía más de un golpe en la cabeza. ¿Por qué?

—Lo odiaba… siempre quise que me dejara en paz. Solo… no pensé que lo haría así.

—Entonces cometiste un homicidio triple.

—No quería terminar así.

—Pero terminaste así.

Kendall agachó la cabeza.

—Iré a prisión. ¿Verdad?

—Tres cargos por homicidio. Tráfico. Posesión. Creo que sí.

—Dile a Ian que… lo intenté.

—Él lo sabe. Te lo aseguro.

—¿Cuánto tiempo?

—El juez será el que decida eso.

Victor cerró la puerta.

—Haré el reporte, Mercer.

—¿Sus padres?

—Primero hay que revisar que no falte nada.

—Después les daremos las noticias.

—Chase. Sus padres lo quieren mucho. Creo que sería mejor que se enteraran ahora.

Victor lo pensó. Ian tenía razón.

—Bien. Iremos.

Un par de horas después Victor e Ian venían en completo silencio en la patrulla una vez más.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.