Nadia estaba en su sofá viendo televisión, mientras su novio preparaba la cena.
Habían pasado tres semanas desde la cena con Victor y sus padres.
Estaba confundida por lo que había pasado entre su novio Brandon y Victor.
Aunque intentó de varias maneras platicar sobre lo ocurrido Brandon siempre evadía la respuesta.
Pero esta vez estaba decidida a hacer que platicara sobre ello.
Después de todo es su novio.
—Amor.
—Dime, cariño.
—¿Ya estás listo?
—¿Listo para qué?
Nadia se dió cuenta que pasaría lo mismo una y otra vez. Tenía que cambiar de estrategia.
—Para contarme sobre aquella cena.
—¿Qué cena?
—Con mi familia. ¿Por qué chocaron tanto tu hermano y tú?
—¿Vas a querer salmón o pulpo en tu sushi?
—Creo que prefiero que me cuentes que pasó.
—Creo que salmón. ¿Verdad?
Nadia tenía que pensar en cómo evitar que desviara el tema.
—Creo que no comeré sushi.
—¿Qué dices?
—Que no quiero sushi.
—¿Puedo saber por qué?
—No. Hasta que platiquemos. La confianza lo es todo en una relación.
Nadia optaba por algo más maduro. El diálogo.
—Bien. Entonces voy a tirar tu sushi.
Seguía cambiando de canal hasta que escuchó la bolsa de basura crujir.
—¿Brandon?
—Dime.
—¿Acabas de tirar el sushi que me estabas preparando?
—Sí. Dijiste que no querías.
Nadia se levantó. Sintió un fuerte golpe vacío en el pecho.
Antes de decir algo respiró.
—Dime que no acabas de tirarlo.
—¿Por qué te mentiría? Lo tiré. La confianza lo es todo.
Ella no lo podía creer.
—Bien. Si la confianza lo es todo entonces te diré la verdad. ¡Estoy harta de lo nuestro!
Brandon dejó el cuchillo y dejó de cortar.
—¿Qué mierda acabas de decir?
—¡Que estoy harta! ¡No estoy agusto contigo!
—Entonces terminame ¡Vamos! ¡Quiero oírlo!
Nadia sintió un nudo en su garganta y lágrimas resbalando sobre sus mejillas.
—¿Qué dices? —La voz se le entrecortaba.
—No diré nada más.
Ambos ya habían tenido discusiones así.
Pero cada vez sucedían más seguido.
Ella tomó sus cosas y salió de la casa de Brandon.
Sin decir una sola palabra.
Tomó su auto y condujo hasta la casa de Liam Harper. Su mejor amigo.
Él la recibió.
—¡Nadia! Qué sorpresa. No me había venido a visitar desde que estás con Brandon.
Nadia tenía las lágrimas casi secas y los ojos llorosos.
—¿Estás bien? Entra.
Se sentaron en la sala de estar.
—Perdón por venir así tan… de repente…
—No te preocupes. Sabes que ésta es tu casa.
—Gracias Liam.
—¿Quieres café? —preguntó Liam.
Nadia asintió sin ganas.
—Bien… en lo el agua hierve cuéntame qué pasó
—Es Brandon. Cada vez tenemos más discusiones. Está más alejado y no me cuenta nada.
—Vaya… ¿Sabes por qué?
—No lo sé. Hace unas semanas conoció a mis padres.
—¿Y cómo salió la cosa?
—Creo que no se llevó muy bien con Victor.
—Tranquila. Es solo un hermano preocupado.
—Es que realmente él no estuvo para mí. Por lo menos no como un hermano. No nos llevábamos tan bien.
—Deberían verse más seguido. Yo siempre quise un hermano. Créeme.
—Tienes razón. Pero… ¿Y Brandon?
—Deberías poner más atención a cómo se comporta. Tu eres buena en eso.
—Es que regularmente cuando las relaciones se empiezan a ir por ese camino… no terminan muy bien…
—¿Intentaste hablar con él?
—De todas maneras. Él solo me evadía. Es más… tiró mi comida…
—Qué te puedo decir…
—Tal vez nuestra relación ya terminó —dijo Nadia desconsolada.
—¿Lo amas?
—Claro que sí.
—Entonces lucha por él.
—Es que…
—¿Es que…?
—No sé si lo amo.
—¿Por?
—Siento que ésto no es amor.
—Ahora sí que el corazón es el que manda. Escúchalo.
En eso se escucharon unos toques en la puerta.
—Se me olvidó mencionarte… —dijo Liam
—¿Sobre qué?
—Es que había invitado a un amigo. Me iba a pasar un par de apuntes. ¿Está bien?
—Claro. No tengo problema.
La tetera comenzó a chillar.
—¿Podrías… ?
—Sí. Yo la apago. Ve a abrir.
Liam abrió la puerta.
Entró un chico alto.
—No me dijiste que tenías visitas. —dijo el chico.
—Se me pasó. Nadia… él es Ethan Thaxon.
Nadia salió de la cocina y saludó a Ethan.
—Que tal. Un gusto.
Nadia aún tenía los ojos un poco hinchados. Esperó que Ethan le preguntara sobre ellos, y comenzó a crear una respuesta en su mente para eso.
—Hola. Liam, Aquí tienes las copias de los apuntes. ¿Te veo mañana?
Nadia se sorprendió. A lo mejor no lo había notado.
—No te preocupes. ¿Quieres un café? Hay agua caliente.
—Si te lo acepto. Gracias.
Los tres se sentaron. En la mesa. Y comenzaron a platicar.
—Gracias Ethan. Sin ellos no paso. Te lo juro.
—¿Vas mal, Liam? —preguntó Nadia.
—Algo… medicina es difícil. Y Brandon no ha entrado a clases últimamente. O bueno… no a todas.
—¿Esos apuntes qué tienen de importante?
—Son sobre los exámenes del año pasado con su profesor de farmacología. Eso le va a garantizar una calificación perfecta.
—Claro, siempre y cuando Liam los estudie.
Se rieron.
—Lo haré. Lo prometo.
—¿Estás en la misma clase que Liam?
—Oh no. Yo estoy estudiando criminología.
—Eso suena bastante interesante.
—Lo es. Pero él requirió de mi ayuda y no podía fallarle.
—Vaya que eres un buen amigo.
—Obvio que si lo es. Es más. Es el mejor de todas sus clases. Incluso de la clase del maldito de Terry.
—¿Tienes clase con Terry? —preguntó Nadia.
Ben Terry impartía la clase de psicología forense.
Y a Nadia le costaba bastante trabajo.
Más por el profesor que por la materia en sí.
—Sí. Hice a Terry mi amigo en lugar de mi enemigo.