El asesino del whisky

Capítulo 9. El restaurante

Todos entraron a la sala de reuniones.

Mason se paró frente al proyector.

Victor no podía dejar de pensar en aquella teoría sobre el asesino del whisky.

Pero debía concentrarse en su caso para poder entrar al que de verdad quería.

Mason comenzó a hablar.

Un restaurante un poco lujoso.

Había sido asaltado.

Luego Mason puso las cámaras de seguridad.

Se veían entrar a tres hombres.

Todos enmascarados y con guantes.

Hicieron que todos se tiraran al suelo y los pegaron contra la pared.

Parecían pedir el dinero de la caja fuerte.

Los empleados cedieron.

Pidieron los teléfonos y las carteras.

Y luego uno de ellos tomaba su arma apuntaba a un hombre y disparaba.

—El nombre del hombre es Jean Rich —dijo Mason— un tipo con bastante dinero.

—Lo extraño aquí es que todos siguieron las indicaciones de los asaltantes sin excepción —interrumpió Grant— pero solo uno murió. Luego de eso huyeron en una camioneta negra sin placas.

—Así que debemos ir ahí y entrevistar a cada uno de los empleados. Y a los testigos que estuvieron presentes en el asalto.

—En pocas palabras debemos atrapar a esos hijos de puta.

La sala se quedó en silencio.

—¡¿Qué esperan?! —exclamó el detective Grant.

Todos se movilizaron rápidamente.

—La ubicación del restaurante está en sus teléfonos ya.

Victor se acercó discretamente a Mason.

—Vaya caso… ¿no?

—Sí. Y debemos movernos. También tengo el caso del asesino del whisky.

—Oye, Mason. Acerca de eso…

—¿Qué sucede?

—Creo que tengo algo que puede ayudar en ese caso.

—Bien. Podrás contarme cuando resolvamos este caso.

—Claro.

Victor subió a la patrulla con Ian Mercer.

Ésta vez Ian estaba del lado del conductor.

—Parece que tú conducirás esta vez.

—Cierra la boca, Chase.

—Bien. Parece que hoy no estás de humor.

Ian sin decir una sola palabra arrancó.

Una vez que llegaron el sitio estaba repleto de policías.

La cinta amarilla rodeaba el edificio.

Los flashes de las cámaras cegaban.

Los reporteros estorbaban.

Y luego las entrevistas comenzaron.

—Estaba preparando una pasta cuando de pronto oí como tres disparos y a todos gritando. No lo pensé dos veces cuando me tiré al suelo junto a los demás cocineros —dijo un testigo que era chef.

—¿No vió nada más o salió? —preguntó Chase.

—Claro que no. Ni loco salía de la cocina.

—Bien. Muchas gracias por su cooperación.

Victor sabía que no iba a ser fácil.

Eran demasiadas personas a entrevistar.

Y todavía faltaban las que llegarían a la estación.

—¿Entonces tomaron su dinero cuando lo pusieron en la pared? —preguntó a otro testigo.

—Así es. También tomaron mi celular. No les bastó con el maldito dinero del restaurante.

—Bueno. Le agradezco su tiempo.

Luego fué con otro testigo.

—Dijeron que si hacíamos lo que decían nadie saldría herido. Pero aún así mataron a ese pobre hombre.

—¿Él siguió las órdenes de los asaltantes? —continuó Victor.

—Sí. Todos. Sin excepción alguna.

Victor seguía sin obtener nada valioso.

Así que entrevistó al siguiente.

—Usted estaba sacando la basura. ¿Cierto?

—Así es. Cuando oí los disparos.

—¿No vió nada?

—En cuánto los oí me puse detrás del bote de basura. Y no salí hasta que la policía llegó.

Victor ya se comenzaba a cansar.

Le parecía bastante tedioso oír la misma historia una y otra vez.

Así que decidió probar otra estrategia.

—¡Chase! Entrevista a esos dos testigos de allá —ordenó Grant.

Cuando de pronto apareció Ian.

—Oye, Chase. ¿No notas algo extraño aquí?

—¿Cómo qué?

—No lo sé… como si no hubiera sido un robo sabes.

—¿Por qué lo dices?

—Acabo de escuchar a Mason hablando con el gerente. Al parecer los ladrones robaron el dinero. Pero solo dos de ellos.

—En efecto. Lo dijeron en la reunión del caso.

—¡Por eso! En el vídeo se ve que solo el tercer ladrón es el que asesina. ¿Eso no te parece extraño?

—Tal vez, deberíamos seguir entrevistando. Así podríamos conseguir más que eso.

Victor fué con el siguiente.

Pero escuchó prácticamente la misma historia.

Hasta que un detalle despertó el interés de Victor.

—El que mató al señor no habló con los otros dos. Es cómo si hubieran planeado todo. Solo los que fueron a robar el dinero hablaban entre ellos —dijo el testigo.

Puede ser eso.

O tal vez no estaba planeado.

Podría ser que el tercer asaltante tenía alguna cuenta pendiente con la víctima.

A Victor se emteneraban más preguntas.

—¿Qué tipo de máscara llevaban? —preguntó Victor.

—Llevaban un tipo de pasamontañas. Algo así. No ví bien. Estaba contra la pared. Mis piernas no paraban de temblar.

—Entonces sus ojos se veían.

—Sí.

—¿Notaste alguna mirada inquietante o algo?

—Eso de qué te va a servir, Chase —dijo Ian atrás.

—Es mi entrevista, Mercer. Por si no te has dado cuenta.

Ian miró al testigo.

—¿Viste su vehículo de huida? —preguntó Ian.

—No. No ví nada más por dios.

—Bien. Gracias por cooperar.

Ambos se alejaron.

—¿Por qué interrumpes mi entrevista así?

—Vamos, Chase. Esa ni siquiera es una entrevista. ¿Sus ojos? ¿Es enserio?

Victor no dijo nada.

—¿ Qué esperabas que te dijera? ¿Que sus ojos eran color miel?

—Bien, Mercer. Ya entendí.

—La verdad no creo que te merezcas ese puesto de detective con ese tipo de entrevistas.

—Ya te entendí. ¿O eres sordo acaso?

—¿Ves a esa hermosa chica de allí? —Ian señaló a una mesera que estaba al fondo— ella sí tiene ojos color miel. Y los voy a conquistar.

—Seguro que sí.

—Te voy a enseñar cómo se entrevista a alguien.

Ambos fueron hacia ella.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.