Victor no había podido dormir.
Con tan solo pensar en tantas teorías que le pasaban por la cabeza.
Y sobre todo en esos teléfonos.
¿Por qué los dejarían así nada más?
Cualquiera pensaría que al robar un teléfono, lo primero que tiene que hacer es retirar el chip y apagarlo.
Esto para que no se pueda rastrear y vender posteriormente.
Pero ellos simplemente los dejaron dos días seguidos en el mismo radio sin apagarlos.
Como si quisieran que los encontraran por alguna razón.
Pero aún así no encajaba.
Después de un rato, mientras desayunaba, le llegó un mensaje a su celular.
Los teléfonos restantes habían sido localizados.
Estaban en un callejón.
A un par de kilómetros del restaurante.
Era el mensaje que había estado esperando durante toda la mañana.
Se preparó y salió de su apartamento.
Condujo mientras escuchaba música tropical para relajarse y trabajar lo mejor posible.
Todos estaban llegando al mismo tiempo que Victor.
Todos confundidos.
Acordonaron el callejón.
Buscaron los teléfonos, pero no los encontraron.
Solo un bote de basura.
—Podrían estar aquí dentro —dijo Mason.
Cuando estaban por abrirlo fueron interrumpidos por Victor.
—¡No lo abras!
—¿Qué dices? —preguntó Mason.
—Esta es la parte donde hay una bomba dentro. Abrimos el bote y todos explotamos.
—Creo que has visto muchas películas, Chase —dijo Ian.
—Chase tiene razón —recalcó el detective Grant— esto podría convertirse en un ataque terrorista también.
—Hay que llamar al escuadrón de antibombas entonces —afirmó Mason.
Mientras los contactaron, el forense Carson parecía haber visto algo.
—¡Oigan! Aquí hay sangre.
Todos se acercaron.
Había una diminuta mancha sobre el bote.
—No tiene mucho. Aproximadamente cinco días o menos.
Esto parecía cada vez más extraño.
Carson tomó una muestra y se la encargó al resto de forenses para analizarla.
Un par de minutos más llegaron los antibombas.
Todos se alejaron.
Estuvieron un rato analizando el bote.
Hasta que se decidieron por abrirlo.
Todos miraban atentamente desde lejos.
La tapa se abrió lentamente.
Victor sintió el alivio de todos al ver qué no había nada.
Pero el escuadrón se echó para atrás de pronto.
Uno de ellos se quitó su traje con rapidez, y vomitó.
Uno de ellos se desmayó.
Todos abrieron sus ojos con una expresión de shock.
El silenció invadió el lugar completo.
Victor se alertó.
Reaccionó, y rápidamente se dirigieron a los antibombas.
—!¿Que paso?! —preguntó Mason con un tono sumamente preocupado.
No podían decir nada.
—Mierda —expresó Carson mientras miraba por el bote.
—¿Qué hay? —preguntó Victor.
—No quieren saber…
Grant se acercó decidido y miró.
Rápidamente cerró sus ojos y se echó para atrás.
—Oh por dios —expresó Grant mientras se tapaba la boca— ¡¿Qué maldito enfermo hizo esto?¡
Victor se decidió por acercarse.
Caminó lentamente al bote.
Quedó sin palabras.
Paralizado.
Nunca antes había visto algo así.
Había dos cabezas dentro.
Con un mensaje en la frente de cada uno.
Ambos mensajes completaban la oración.
“Encuentren el resto”.
Victor no pudo decir nada.
Desvió la mirada por un segundo y apretó la mandíbula.
Pero tenía que demostrar por qué debía subir de categoría.
Miró con detenimiento.
Por más asco que sentía, lo enfrentó.
—Los teléfonos están debajo —dijo Victor.
Grant volvió a mirar.
—¿Qué clase de enfermo soporta ver esto sin inmutarse? —le preguntó Grant a Victor.
Victor no dijo nada.
Mason también se asomó.
Su reacción no fue diferente al resto.
—Carson. Registra eso como evidencia.
Ian ni siquiera se atrevió a mirar.
—¿Qué hay dentro?
—Dos cabezas con un aterrador mensaje en su frente —afirmó Victor.
—Veo cuerpos todos los días. Pero nunca algo así —recalcó Mason.
Carson junto con los otros forenses registraron todo como evidencia.
Los teléfonos efectivamente estaban debajo.
Los revisaron.
Pero curiosamente ninguno estaba apagado.
—Casi todos los teléfonos tienen un porcentaje mayor a ochenta de batería —dijo Ian.
—Eso quiere decir que no fueron usados —recalcó Grant.
—Esto se pone cada vez más mal —dijo Mason.
Luego de eso, metieron cada teléfono en una bolsa.
Registraron cada cosa como evidencia.
Antes de irse Victor buscó a Mason.
—Oye. ¿Qué pasó con la camioneta de los asaltantes?
—No la hemos podido identificar. Como no tiene placas, no podemos pedir su rastreo.
Victor ya no pudo decir nada.
Todos estaban impactados.
Iba a esperar los resultados de las identidades de las víctimas para poder dar su teoría.
Pero tenía que confirmar.
Así que aprovechó para antes de ir a la estación pasar al restaurante a ver a Sophia.
Así que le dijo a Ian que pasaría a desayunar rápido.
Ian no lo cuestionó.
Pero para su mala suerte estaba cerrado.
Victor se decepcionó.
No lo pensó bien.
Estaba tan concentrado en confirmar su teoría que no pensó en lo obvio.
Así que fué rápidamente por un café a un par de calles.
Cuando se sentó en una banca y vió quien lo atendía sintió una punzada en el pecho.
—¡Sophia! —dijo Victor sorprendido.
—¡Ah! Que enorme sorpresa, detective Chase.
—Si te acuerdas de mi nombre.
—Claro que sí.
—¿Qué haces aquí? Ah perdona la informalidad… ¿qué hace aquí?
—Tranquilo, detective. Puedes llamarme Sophia. No tengo ningún problema. Y háblame por tú.
—Bien lo haré.
—Trabajo por la mañana en este café. Y por la tarde y la noche en el restaurante…
—Vaya que eres trabajadora.