Eran las cinco con veintidós minutos de la tarde cuando el equipo de Victor y Mason se sentaron junto a Carson para oír el audio.
Carson lo inició.
Solo se oían dos personas dando órdenes.
—¡A la pared rápido! —decía uno de ellos.
Luego parecía acercarse a pedir los teléfonos y las billeteras.
Sonaban apresurados.
El teléfono caminó con uno de ellos.
Al fondo se oía la voz del primero.
—¡¿Dónde mierda está el dinero de la caja fuerte?!
El mesero sonaba bastante asustado.
No pasó mucho tiempo cuando se oían los fajos de billetes caer sobre una bolsa.
El teléfono constantemente chocaba con los demás dentro de una bolsa.
Lo que dificultaba oír alguna cosa clave.
Entre esos dos asaltantes hablaban para meter las pertenencias y los fajos de billetes.
Nunca se escuchó la voz del tercer asaltante.
Ellos seguían metiendo cosas en bolsas.
Cuando de pronto se escuchó el disparo del arma.
—¡Mierda! —exclamó uno de ellos de golpe.
Luego se escuchaba de nuevo el movimiento de los teléfonos chocando entre sí.
La puerta de la camioneta se cerró.
Arrancó con fuerza.
El motor de la camioneta sonaba.
Al lado se oían a los dos asaltantes celebrando y contando los fajos de billetes.
El que manejaba seguía sin decir nada.
Cuando dió la vuelta y frenó.
—¿Ya llegamos? —preguntó uno de ellos.
El tercer hombre bajó de la camioneta.
La puerta se cerró y otra se abrió de golpe.
—¿Qué mierda haces?
Luego unos golpes se escucharon.
—¡Esto no era parte del trato!
Se seguían escuchando golpes dentro de la camioneta.
Luego una navaja parecía haber atravesado a uno de ellos.
Pero apenas y puedo murmurar algo.
—¡Noooo! —gritó el otro.
Parecía aventarse al suelo junto con el tercer hombre.
Luego un fuerte golpe sonó sobre un bote de basura.
De pronto se dejaron de escuchar ruidos.
No pasaron muchos segundos cuando se escuchó cómo uno de ellos aventaba un cuerpo encima del otro.
Luego la puerta se cerró.
No hubo sonido durante un par de minutos.
Cuando de repente lo que parecía ser un taladro se encendió.
Sonaba cómo cortaba algo.
Las cabezas de los cuerpos.
Ese sonido tan desagradable duró poco menos de diez minutos.
Se escuchaba con precisión.
El sonido del corte no fué errático.
Fué con calma.
Fué limpio.
Calculado.
Cuando el sonido del taladro cesó, un trapo fué pasado sobre cada cristal con cuidado.
La puerta se volvió a abrir.
El hombre, tomaba cosas mientras abría el bote de basura.
Sus zapatos sonaban costosos.
Tomó la bolsa con los teléfonos.
Y la arrojó dentro del bote.
Luego se escuchó cómo colocaba dos cosas con cuidado sobre todo.
Y luego la tapa del bote fué cerrada.
A lo lejos se escuchó la camioneta arrancando.
Poco a poco el sonido se fué alejando.
Dejó de haber sonido alguno por cinco minutos.
Carson adelantó la grabación.
Ya no había nada más.
Todos estaban en silencio.
Victor no estaba muy seguro de qué decir.
Pasó saliva.
Todo esto revelaba que esas dos víctimas eran los otros dos asaltantes.
—El tercer asaltante podía ser un profesional como dijo Victor —dijo Mason.
—Así suena —confirmó Carson.
—Todo lo hizo de una forma tan calmada. Y sin decir una sola palabra…
Todos seguían en silencio.
—Los fajos de billetes no estaban en el bote de basura —comentó Carson.
—Probablemente están en la camioneta —dijo Victor.
—¿Y cómo la vamos a encontrar? —preguntó Mason.
—En las cámaras de afuera del restaurante no se alcanza a ver el modelo del auto ni la marca. ¿Verdad?
—Únicamente el color —afirmó Carson.
—Hay que usar el sonido del motor para encontrar el modelo. Necesitamos
—Mi padre es mecánico.
—Bien. Búscalo. Mientras tanto investigaré más a fondo el historial de estos dos asaltantes. Si la camioneta fue rentada podríamos tener el modelo.
—Estaré en contacto, Mason.
Victor subió al auto.
Y arrancó.
Mason Reed
Mason fué a su oficina.
Entró a su computadora e ingresó los nombres de las víctimas.
Enzo Esquivel era el primero.
Solo tenía cargos por posesión y robo armado.
Había salido de prisión por buena conducta.
Investigó su historial crediticio.
La última vez que había hecho una transacción fué en una tienda de conveniencia, y ya tenía más de una semana.
Luego ingresó el nombre de Derek Owen.
De pronto alguien tocó en su oficina.
—¡Detective Jones! Que gusto verte por aquí.
—Hola Mason. Venía a decirte que en una semana estoy libre.
—¿Qué harás para festejar tu retiro?
—No soy muy buena para las fiestas.
—Deberías hacer una.
—Ya estoy grande para eso. ¿En qué trabajas?
—En un caso. Al parecer un maldito sicario.
—Parece que tienes mucho trabajo.
—Algo.
—Escuché lo del asesino del whisky.
—Vaya caso.
—Ya tiene que no aparece.
—Una semana. Esperemos que siga así.
—Esperemos. Por cierto. No creo que encuentres algo allí. Por lo general si rentan un auto lo hacen en efectivo.
—Vale la pena revisar.
—Bien. Que tengas suerte en tu caso. Te veo luego, Mason.
Después de que ambos se despidieron Mason siguió investigando a Derek Owen.
Cuando vió algo.
Unas horas antes del altercado en el restaurante había hecho una compra con su tarjeta en un supermercado.
Si podía ir allá, podría encontrar algún lugar donde renten autos. O conseguir las cámaras, y llegar a ver con más detalle la camioneta.
De todas formas tenía que esperar a que Victor regresara para poder avanzar.
Victor Chase