El asesino del whisky

Capítulo 12. Ian Mercer

Ian y Grant se habían puesto en marcha hacia la dirección de Jean Rich.

Eran las cinco veintidós y ya no tenían mucho tiempo para ese día.

Aunque ya habían investigado sobre él.

No habían podido encontrar nada.

Era un ciudadano sin ningún cargo.

No tenían mucha información de él.

Solo sabían que estuvo en bancarrota dos años antes y que se había vuelto millonario.

Ganó una vez la lotería y abrió bastantes tipos de negocios.

Llegaron a su mansión.

Puertas altas y doradas como el oro.

Jardines grandes cortados a la perfección.

Una fuente que destacaba en todo el jardín.

—Vaya que tenía dinero —dijo Ian.

De pronto un guardia de seguridad salió.

—Buenas tardes oficial. Detective Marcus Grant de homicidios de Norhaven.

—En qué puedo servirle.

—Venimos a interrogar a la familia de Jean Rich. Supongo que se enteró.

—Sí. Fué una lástima.

Grant sacó la orden.

El guardia la revisó con detenimiento.

—Bien. Pueden pasar.

Siguieron avanzando por el gran jardín y estacionaron la patrulla fuera de la puerta.

Una señora salió a atenderlos.

—Buenas tardes. Pueden pasar. Soy la sirvienta de la familia Rich. Un placer.

Ambos entraron.

La casa era amplia.

Con unos acabados demasiado finos y costosos.

La familia bajó.

Era su esposa y sus dos hijos.

Primero interrogaron a la hija.

—Soy Marcus Grant de homicidios de Norhaven

De pronto fué interrumpido por Ian.

—Y yo soy Ian Mercer. Policía de delitos graves de Norhaven.

Marcus lo miró.

—Quiero que entrevistes a su madre, Mercer.

—Está bien —dijo Ian molesto.

—Bien. Por favor indícanos tu nombre, edad, ocupación… —decía Grant mientras Ian se iba.

—Soy Mia Rich, tengo cuarenta y uno. Soy maestra en una escuela de bachillerato.

—Bien. ¿Quién era tu padre?

—Era un buen hombre. Nos sacó de la quiebra.

—¿Cómo lo hizo?

—Nunca nos lo dijo. Solo llegó un día feliz de haber ganado la lotería. Y nos comentó que había abierto varios negocios.

Todo ese interrogatorio lo estaba escuchando Ian mientras caminaba lentamente hacia la madre.

—Buenas tardes señora. Soy Ian Mercer. Por favor indíqueme su ocupación, edad, nombre y relación con la víctima.

—Me llamo Josie Rich. Tengo sesenta y dos años. Dirijo varios negocios de mi esposo.

—¿Su esposo era Jean Rich entonces?

—Sí. Él nos prometió que tendríamos todo. No duramos mucho siendo felices. Cuando nos enteramos que se había ido sabía que todo había cambiado.

—Usted tiene alguna idea del por qué sobre el altercado del restaurante.

—No lo sé.

De pronto la esposa comenzó a llorar.

—No tengo más información de él. Quisiera que el interrogatorio terminara por favor. No puedo estar estable mientras pienso en él —decía la esposa mientras las lágrimas recorrían su rostro.

Ian aún así insistió.

—Dígame algo. Escuche… necesito información. Tengo que subir de puesto. Usted puede ayudarme. ¿Si?

—¡Con una mierda! ¡Ya le dije que no tengo nada!

Ian se hizo para atrás.

Notó el enojo de la esposa.

—¡Mercer! ¡¿Qué crees que haces?!

—La estoy interrogando.

—Mentira. No puedes hacer eso. Ya te dijo que no tiene nada más.

—Claro que tiene más.

—Mírala. Está rota. ¿De verdad crees que tiene más?

Ian la miró.

Sabía que había echado a perder ese interrogatorio.

—Muy bien. Quiero que entrevistes al hermano. Si no lo haces bien. No volverás a venir conmigo.

Ian se molestó.

Él quería ese puesto.

Demostrar que tiene el carácter para ser detective de homicidios.

—Bien… quiero que nos indiques nombre, edad.

De pronto fué interrumpido por el hermano.

—No tienes que decirlo. Sé cómo funciona esto.

Soy Jacob Rich. Tengo treinta y ocho años. No trabajo.

—¿Entonces vivías del dinero que ganaba tu padre?

—Sí. Y sobre mi padre. Tampoco sabía mucho de él. Era muy misterioso…

Ian notó que el chico quería terminar rápido con las preguntas.

—¿Algún indicio?

—No. Nada.

Ian no sabía qué más preguntar.

Así que se levantó y se fue a hablar con Grant.

—Bien. ¿Qué tal?

—Fué una mierda de interrogatorio.

—No es cierto.

—Claro que sí. Él sabe más. ¿Lo notaste?

Aunque Ian no había sentido nada, más que el hermano quería terminar rápido la entrevista, dijo que si lo había notado.

—Debemos retenerlo. Debemos interrogarlo más a fondo. Tal vez consigamos algo.

—¿No puedes hacerlo ahora?

—No. O tal vez sí.

Grant caminó hacia el hermano de nuevo. El cual seguía sentado.

—¿Sabías que tú padre estaba metido en bastantes cosas ilegales?

—No lo está —dijo el chico sin dudar.

—¿No está metido en cosas ilegales o no lo sabes?

—Lo siento. Quise decir que no lo sabía…

—Contestaste muy rápido.

—Quiero hablar con mi abogado.

—¿Por qué? ¿Qué escondes?

—Nada.

Ian notó que el hermano comenzó a sudar.

Se dió cuenta que el detective Grant tenía razón.

Él sabía más.

Por alguna razón Grant lo había logrado intimidar lo bastante.

Él era un hombre musculoso y con una mirada que realmente te asustaba.

Así estaba el hermano.

Asustado.

—¿Qué es lo que sabes? ¿Jacob Rich?

—Ya le dije señor. No sé absolutamente nada.

—Bien. En ese caso nos llevaremos a todos a interrogarlos más a fondo a la estación.

—¡No!

—¿Por qué no?

—Ellas no tienen nada que ver.

—¿Tú sí?

—Claro que no. Yo tampoco.

—Verás, Jacob Rich. Soy detective. Estuve en el ejército. ¿Crees que no sé cuando alguien me miente?

—No estoy mintiendo.

—Claro que lo haces. Sé en qué mierda estás metido. Te investigué. Sé lo que eres. Y si no me dices. El juez hará que lo digas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.