El asesino del whisky

Capítulo 13. Él regresó

Nadia Brooks

Nadia estaba en su apartamento.

Se estaba preparando para ir a la universidad.

Tenía un examen importante.

Cuando de pronto alguien tocó su puerta.

Era Brandon.

Y venía con un ramo muy grande de rosas.

Nadia no se lo esperaba.

Desde la última pelea ella creyó que incluso habían terminado.

No se habían visto.

Pero en el fondo ella todavía lo amaba.

Abrió la puerta emocionada.

—¡Brandon!

—Hola mi amor. Perdoname por lo de la otra noche. Te traje esto como disculpa.

Brandon le dió las rosas.

—No te hubieras preocupado.

—No hay problema. Te lo mereces. Y más. Prometo no ser así. Y prometo hablar contigo sobre la cena.

—Ay amor. Lo que pasa es que tengo clase.

—Te llevo.

—¿En serio?

—¡Claro!

Ambos se abrazaron y se dieron un beso.

Nadia dejó las rosas sobre su mesa.

Salió con Brandon sosteniéndose de su mano

Y ambos subieron al auto.

—Sobre la otra noche, Nadia… no quería ponerme así con tu hermano. Pero él fue muy…

—Orgulloso. Lo sé. Él es así.

—Alguna vez tuve la fama de ser infiel. Pero no era cierto. Una ex novia había inventado esa historia. Supongo que Victor se enteró.

—Gracias por ser sincero, amor. Hablaré con él.

—No creo que sea necesario. Quiero que me perdones.

—Te perdono. Te amo Brandon. Cosas como éstas pasan en una relación.

Nadia se bajó del coche después de darse un beso largo con su novio.

Pero por más que lo perdonara.

Ella no olvidaba.

Debía hablar con Victor para saber qué sabía él.

Victor Chase

Estaba con Mason en la computadora.

Debían encontrar a ese tal Will Reid.

El contratado del sospechoso Ronald Pearson.

Pero cuando ingresaron su nombre.

Nada…

Ni siquiera existía el hombre.

Por lo menos no como un ciudadano estadounidense.

Will Reid no existía…

Rápidamente fueron con Ronald, quien se había quedado tras las rejas en la estación.

Ambos entraron.

—¿Ahora qué? Ya les dije todo.

—No todo —dijo Mason mientras sacaba una captura de pantalla— Will Reid no existe.

Ronald cambió su expresión.

Frunció el ceño.

—¿Cómo que no existe?

—Nos mentiste.

—No, no. Esperen. ¡Les digo la verdad!

—A este paso creo que no saldrás de las rejas —dijo Victor.

—¡Bien! Yo mandé a matar a Jean Rich. Contraté a un sicario. Ese era Will Reid.

—Ese nombre no existe.

—Él me dijo que así se llamaba. ¡Lo juro! Le pagué cien mil. Por matar a Jean. Y al parecer cumplió su trabajo. Pero es enserio, su nombre es Will Reach. Puedo pasarles su contacto.

—¿Cómo?

—En mi casa. Apruebo la orden de cateo. Hay una pared falsa. Bueno, un pedazo. Dentro hay una bolsa, ahí tengo varias cosas. Pero entre esas cosas, hay un teléfono.

Victor y Mason escuchaban con atención.

—Es de esos teléfonos antiguos. Ahí está su número.

—Y por qué tanto escándalo. Por lo general los sicarios cumplen sus trabajos de manera silenciosa.

—No lo sé. Pero eso no me ayudó en nada. Me trajo aquí. Me sentenció.

—Supongo que todo lo que haces se regresa.

Ian y Mason se marcharon.

—Él dice la verdad —dijo Mason.

—Sí. Pero si Will no existe…

—El sicario mintió. —Mason tomó aire— conseguiré esa orden de cateo. Mientras trabaja con Ian y Grant para encontrar la camioneta. Esa camioneta es muy importante.

Victor asintió.

Buscó a Grant y a Ian.

Quienes trabajaban en averiguar más cosas sobre Ronald.

—El sicario que contrató Ronald no existe. Lo más probable es que era un sobrenombre.

—¿Lo interrogaste? Debiste avisarme, Chase —dijo Grant.

—Fuí con Mason. Conseguirá una orden de cateo para la propiedad de Ronal. Nos dijo que contactó al sicario por un teléfono antiguo que está ahí.

—Bien. Parece que se nos adelantaron. ¿Tienes algo de la camioneta?

—Sí. Mason confirmó una transacción de uno de las víctimas de éste mismo. Uno de los asaltantes en un supermercado. Pediremos las cámaras de seguridad para ver al sicario en la pantalla.

—Buen trabajo, Chase. Estás mejorando —dijo Grant mientras posaba su mano sobre el hombro de Víctor.

Ian se acercó lentamente a Victor.

—¿De qué se trata ésto?

—¿A qué te refieres? Solo hago mi trabajo.

—Interrogaste a Ronald a escondidas para sorprender a Grant.

—¿Qué mierda tienes en la cabeza, Mercer?

—Dí lo que quieras. Yo sé que lo hiciste por eso.

Victor no dijo nada más. Un par de minutos después Ian tomó las llaves de la patrulla y subieron a ella.

Condujeron al supermercado.

Algo tenían que encontrar.

No tuvieron mucho problema para conseguir las grabaciones.

Regresaron rápidamente a la estación.

Se repartieron las cámaras de seguridad entre Grant, Ian y Victor.

Cada quien colocó las grabaciones en donde el asaltante hizo el pago con su tarjeta.

Tenían que buscar caja por caja hasta encontrarlos.

Usaron las imágenes de las identificaciones de

Enzo Esquivel y Derek Owen para encontrar sus rostros en el supermercado.

No pasó mucho cuando Victor los encontró.

Fué rápidamente a llamar a Ian y Grant.

—¡Oigan! ¡Los tengo!

Ellos fueron rápidamente a la oficina de Mason.

Revisaron las grabaciones con cuidado.

—Solo hay dos. ¿Son Enzo y Derek? —preguntó Ian.

—Para nuestra mala suerte sí. Debemos buscar en las grabaciones de las plumas de estacionamiento. Parece que el sicario se quedó en la camioneta. No es tonto.

—Bien. Hay que buscarlas.

Estuvieron un par de horas revisando los coches que entraban y salían.

Aún no tenían nada.

Incluso adelantaron las grabaciones.

La camioneta no aparecía.

Era como un fantasma.




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