Nadia Brooks
Nadia podía ayudar a Victor con su problema.
Pero nunca imaginó que su hermano tuviera un trastorno así.
Quizá solo no quiere recordarlo.
Estaba dispuesta a ayudarlo.
Se sentó a tomar un café cerca de su universidad.
El sol apenas estaba saliendo y hacía frío.
Hasta que llegó Thaxon.
—¡Hola Nadia! Qué coincidencia encontrarte por aquí.
—Sí…
—¿Tienes clase?
—Como en media hora. ¿Tú?
—Dentro de una hora. Le pregunté a tu hermanos sobre el caso que investigaban y no me quiso responder. Me dijo que lo viera en la televisión.
—¿Y ya pasaron algo por ahí?
—Aún no. Pero voy a esperar.
—Pareces ser paciente.
—Trato de serlo. Esa blusa azul te queda muy bien por cierto.
—Gracias Ethan. Me la regaló mi novio.
—Oh, no me malinterpretes, no estaba coqueteando contigo. Solo digo que se te ve bien. Tu novio tiene buen gusto en la ropa.
—No te preocupes. Yo nunca dije que coqueteabas conmigo.
Ethan sonrió.
—Creo que me confundí.
—Creo que sí.
De pronto llegó Brandon.
Miró detenidamente a Thaxon.
Como si lo retara.
—Ethan Thaxon —se presentó mientras estiraba la mano.
Brandon no le devolvió el saludo.
Se acercó a Nadia y la besó.
—Amor. ¿Quieres ir a cenar? Ya reservé en un lugar muy lujoso —decía Brandon mientras miraba de reojo a Thaxon.
Después de un día pesado en la universidad, Nadia se sentía agotada.
Iba directo a su casa.
Cuando llegó empezó a buscar qué vestir para la cena con su novio.
No tenía ganas de ir.
Había hecho un examen muy difícil.
Apenas podía pensar.
Le marcó a Brandon cancelando la cena.
De verdad se sentía cansada.
Y en el examen no le había ido muy bien que se pudiera decir.
Ella se puso a ver televisión.
De pronto alguien tocó su puerta.
Era Brandon.
Entró marcando territorio empujando la puerta en cuanto Nadia le abrió.
—¿Qué mierda sucede contigo?
—Oye, te expliqué por qué no puedo ir. Creo que me fué mal, y si no paso ese examen voy a tener que repetir la clase.
—Me importa un carajo, eres mi novia. Si te digo que vamos a cenar, vamos a cenar y punto.
—Oye dijiste que ya no ibas a ser así.
—¿Así cómo?
—Un maldito controlador.
—Cómo no quieres que sea así si te acuestas con ese maldito.
—¿Ethan?
—Seguro gritas ese nombre cada que puedes. ¿Verdad?
—Oye Brandon. ¿Qué pasa contigo?
—Lo que pasa es que me eres infiel.
—Respira, amor. Creo que estás malentendiendo todo. Él hace un proyecto y mi hermano es su fuente de información.
—Ahora resulta que también es amigo de tu hermano. Qué conveniente. ¿Qué tiene él que no tenga yo?
—Tal vez no es un celoso, rencoroso y mentiroso.
—¿Qué dijiste maldita zorra?
Nadia sintió un golpe en el pecho.
Oír a Brandon llamarle así era un sentimiento inexplicable para ella.
Pero antes de continuar su juego decidió respirar.
Pensó dos veces qué decirle.
Quería cortar la discusión
—Lo siento Brandon. Oye yo te amo, no quiero que tengamos este tipo de peleas. Ethan no es nada mío. ¿Bien?
—No voy a caer en tu jueguito.
—Compórtate como un adulto ¡Por dios!
—¿Quieres que me complete como un adulto? Bien lo haré. Quiero que bloquees a ese maldito de tus redes sociales. Y que no le vuelvas a hablar.
—¿Eso es ser un adulto para tí?
—Sí. ¿O acaso lo amas y por eso no lo quieres dejar?
—¡Claro que no! No somos adolescentes para hacer ese tipo de cosas.
Brandon la miró con enojo.
—Bien, haz lo que quieras. Pero nunca vas a encontrar a alguien que se preocupe por tí como yo lo hice.
Brandon salió azotando la puerta.
Nadia solo pudo romper el llanto.
Ella no quería eso.
Brandon ya no era el chico interesante y preocupado por ella que había conocido.
Tal vez era hora de cortar las cosas con él.
Ya tenía demasiados problemas.
No quería cargar con otro.
Ya no se sentía agusto con él.
En cambio con Thaxon todo fluía.
Pero no.
Nadia no podía pensar en él.
Solo era su amigo.
Y tiene a su novio.
No puede interesarse por alguien más.
Por lo menos no mientras tiene un novio.
Victor Chase
Estuvo toda la noche pensando en lo que Nadia le había dicho.
De solo pensar que podría tener algo así como Amnesia Disociativa lo asustaba.
Era como si alguien más viviera dentro de él.
¿Podría ser así?
No podía dejar de pensar en aquello que Nadia le había dicho.
Esta vez fueron citados al trabajo poco después del medio día.
Al parecer los forenses habían estado bastante ocupados con los cuerpos del asesino del whisky.
Tenía que aprovechar el tiempo que tenía para investigarse a él mismo.
Le marcó a Mason para salir a tomar un café.
Tal vez podría sacarle información sobre él.
Mientras iba de camino escuchó la radio.
Era algo que siempre solía hacer.
Cuando se reprodujo una música que le pareció bastante familiar.
Hablaba sobre declararse y entregarse por completo al amor.
Pero no sabía por qué.
Tal vez se la dedicó a Amy en algún momento.
Era difícil descubrir quién era en realidad.
Aunque tenía el instinto de detective.
Resolverse a él mismo no era precisamente algo fácil.
—¿Qué opinas de todos los cuerpos, Victor? Es aterrador pensar que hay alguien por ahí matando gente.
—Lo es. Creo que es demasiado.
—Vaya caso…
—Oye Mason. ¿Tu recuerdas cómo era mi relación con Amy?
—¿No te acuerdas?
—No es eso. Quiero aclarar mi mente. Saber tu punto de vista. Sé sincero.
—Bien. Seré sincero. La verdad es que no te veía feliz. Al principio sí. Después ya no.