Victor no podía creer.
Nadie podía creerlo.
La sala de reuniones estaba en completo silencio.
—Como pueden ver. Las edades van descendiendo… Esto de acuerdo al tiempo en que fueron asesinadas las víctimas —dijo la detective Jones.
Victor notó que el asesino del whisky tenía más de un patrón…
Los cuerpos con whisky derramado.
El cuchillo clavado en el corazón.
Las víctimas son dejadas en lugares abandonados.
Víctimas hombres.
Cada vez más jóvenes.
Y luego el militar y el perro llamado Alba.
¿Qué tanto quería decir?
Mientras más datos y patrones tenían de él.
Más difícil era atraparlo.
O por lo menos descubrirlo.
¿Acaso tenía más patrones?
Victor pensó en tomar la ventaja contra Ian en el caso.
Tal vez preguntándole a su hermana algo sobre la psicología del asesino o algo parecido.
Pero al mismo tiempo Victor seguía peleando internamente por saber sobre su pasado.
Una vez que todos salieron de la sala de reuniones, Victor salió a tomar algo.
Salió a refrescarse un poco.
Cuando recordó algo.
No todos los cuerpos tenían un cuchillo clavado en su corazón.
La primera escena del crimen de homicidios a la que Victor fué…
El cuerpo que habían encontrado.
No tenía el cuchillo.
El asesino lo había retirado.
¿Por qué?
Victor fué a buscar a Mason y a Grant.
Cuando les preguntó sobre eso.
Mason buscó en la base de datos.
William Brown, de treinta y cuatro años, había sido la víctima encontrada ese día.
Entonces les platicó inmediatamente sobre la ausencia del cuchillo sobre ese cuerpo.
Pero ellos no tuvieron reacción alguna.
No parecían sorprendidos.
Como si ya se hubieran dado cuenta.
—Gracias por la información, Chase. Pero Mercer ya nos había comentado eso hace un par de horas.
—¿Ian? —preguntó Victor derrotado.
—Lo siento Victor. Él lo dedujo antes que tú. Ya lo tenemos anotado.
Victor se retiró sin decir otra palabra.
No podía creer que Ian le había vencido en algo tan importante.
Pero de todas maneras.
Era algo inquietante.
Saber que ese cuerpo no tenía un cuchillo clavado como el resto…
De todos era el único que no lo tenía.
¿Acaso el asesino lo consideraba de alguna forma especial?
Victor no podía pensar.
Apretó los puños.
Imaginó cómo lanzaba la computadora a través de la ventana, y gritaba enfurecido.
No podía ser inferior a Ian.
Ian no podía ganarle.
No se dejaría vencer tan fácilmente.
Debía dar información más importante.
¿Pero cómo?
Si a la par que investigaba el caso, debía averiguar qué había pasado con él y su ex novia.
Volvió a salir.
A tomar otro respiro.
Lo pensó dos veces.
En qué debía concentrarse más.
Eligió.
Regresó inmediatamente a su escritorio.
Decidido a encontrar a su ex novia Amy.
Por más que quisiera seguir en el caso, el simple hecho de tener la angustia de no saber nada de su pasado lo distraía.
Y si quería realmente ascender a homicidios debía tener la mente fresca.
Así que buscó a Amy.
En cada red social.
No tardó mucho en encontrarla.
Victor sintió su corazón latir en la garganta.
De inmediato recordó algunos momentos con ella.
Recuerda haberla conocido en una aplicación para citas que Liam le había recomendado.
De pronto Victor se le vino algo a la cabeza.
Liam, el mejor amigo de Nadia le había ayudado a encontrarla.
Por más estúpido que pareciera esa aplicación de citas le había funcionado.
Victor entró a su perfil.
Pero para su mala suerte era privado.
Tenía que mandar una solicitud.
Y él no sabía que cosas malas habían pasado realmente entre ellos.
No podía solo mandarle una solicitud de amistad y mandarle mensaje como si nada.
Liam debía saber algo.
Entonces bucsó su número.
No dudó en marcarle.
Quedaron de verse cerca de la avenida siete.
En un restaurante de mariscos.
—¿No tienes clase?
—Acababa de salir. Me marcaste justo a tiempo.
—¿Recuerdas cuando me recomendaste la aplicación de citas?
—Claro que sí. Estabas desesperado por encontrar a alguien.
—Lo recuerdo como si fuera ayer.
—¿Qué hay con eso?
—Es que conocí a una chica.
—¡Qué interesante! Cuéntame más.
—Lo que pasa es que siento que no puedo entrar a otra relación. Porque no cerré por completo la anterior.
—¿La extrañas?
—Claro que no. Solo no quiero que se repita lo de la última vez.
—Claro. Lo del otro.
—¿El otro?
—Con el que Amy te engaño. ¿No recuerdas? Me contaste.
—¡Claro! Ya lo recuerdo…
—Recuerdo que era tu cumpleaños. Nos habías invitado a mí, a Mason y a otros amigos a beber. Pero llegaste tarde.
—Si… tuve un inconveniente.
—Créeme que lo notamos. Te pusiste tan borracho… Sí que te sentías mal por eso.
—Es que te pregunto porque creo que nunca llené esa laguna mental de qué había pasado ese día. ¿Sabes…?
—Claro. El alcohol.
Victor asintió.
—Nos contaste a mi y a Mason que la viste acostándose con alguien más. Me habías comprado unas flores aunque era tú cumpleaños. ¿Recuerdas que te dije que no era buena idea?
—Creo que sí. Las compré de todos modos.
—Así es. Ella debía regalarte algo por lo menos. Digo, ni siquiera se acordó. Arruinó tu cumpleaños.
—Sí que estaba enojado…
Mientras Liam me contaba, Victor lograba recordar esos momentos.
De forma tan vaga…
Eran demasiado borrosos.
Pero sabía que había pasado.
—En fin. Nunca arreglaste las cosas con ella por lo que veo. Creo que solo la terminaste y ya. ¿No?
—Sí… Es por eso que quiero hablar con ella. Para terminar de cerrar las cosas. Pero su cuenta es privada.
-- Creo que yo la sigo todavía.