Después de que Victor fuera dado de alta. Pasó a casa de su madre, Caroline Brooks.
Y le enseñó al cachorro.
Caroline estaba encantada.
Acepto cuidarlo en lo que Victor resolvía el caso de la chica suicida.
—¿Y ya tiene nombre? —preguntó su madre.
—Aún no lo decido. Después encontraré el nombre perfecto.
Una vez que dejó al cachorro, Victor fué directo a la estación.
Para su buena suerte, no había tenido nada más grave después del accidente, a excepción de la probable queja de parte de Ian.
Si Ian lo acusaba, todo se complicaría.
Debía pensar en algún plan para evitarlo.
En cuanto llegó un oficial se acercó a él.
—Esto es tuyo, Chase —dijo mientras le entregaba una caja de cartón pequeña.
Victor había pedido algo por una tienda en línea, algo normal.
Luego vió que todos estaban por entrar a la sala de reuniones.
Él entró.
Mason lo detuvo antes de entrar.
—¿Qué carajos te pasó, Victor? —preguntó Mason.
—Tuvimos un accidente Ian y yo, por eso los moretones y heridas.
—Vaya cosa… Espero que se recuperen pronto, sí que se ven mal. Bien, entra, hay un asesino que atrapar.
Ambos entraron.
Mason se paró frente a todos.
El proyector se encendió.
—Ayer fuimos a la casa de Violet Salinger para investigar su muerte. Pero nada concordaba. Al parecer alguien llevó su cuerpo hasta su casa.
El video del carro llegando y el hombre bajando a la chica se reprodujo.
Luego Mason enseñó una foto del vehículo.
—Éste es el vehículo. Les mandaremos la foto por vía telefónica. Debemos buscar el auto.
Luego Carson se levantó.
—Encontramos un cabello en la escena del crimen. Pensamos que podría ser de la chica o de algún familiar. Pero nos topamos con la sorpresa de que este ADN lo teníamos ya registrado. Concuerda con la mancha de sangre encontrada en aquel bote de basura, en el caso del asesinato de Jean Rich, en el restaurante.
—¿El sicario?... —preguntó Victor.
—Así parece. Y como Violet era sospechosa de vender y comprar sustancias ilegales, tenemos la teoría de que algún comprador enojado o un jefe, la sentenció —declaró Mason
La sala estaba en silencio absoluto.
—¿Qué hay de la autopsia? —preguntó Mason.
—Confirmamos que fue asesinada. No hay suicido alguno. Por alguna extraña razón el asesino fue muy descuidado —dijo Carson.
Mason ordenó a los oficiales buscar el auto por todos los lados posible.
Les dió a cada uno la placa del auto.
Debido a que era antiguo no tenía rastreo GPS, lo que dificultaba un poco la búsqueda.
Pero podrían correr con la suerte de encontrarlo.
Había dicho que ya tenían en camino los vídeos de las cámaras cercanas al lugar.
Ordenó a Ian y a Victor ayudarle a ver los vídeos y buscar una ruta sobre la trayectoria del auto.
Él creía que tal vez así conseguirían alguna pista.
Casa quien analizaría un grupo de videos de seguridad.
También esperaban encontrar un rostro acercado al sospechoso.
Pero en ninguna se alcanzaba a apreciar del todo.
El Cadillac se movía de una forma un tanto extraña.
Victor notó que iba de un lado a otro y pasaba por casa cámara por lo menos tres veces.
Ésto lo desconcertó.
Después de un día pesado y cansado tratando de formular la ruta del auto, notaron que únicamente dió tres vueltas pasando por las mismas caras una y otra vez. Para después desaparecer.
Cómo si fuera un fantasma queriendo provocarlos.
Cómo si supiera que lo buscarían y cómo lo buscarían.
Tal vez él sicario no había sido descuidado.
Tal vez había dejado toda la evidencia a la vista a propósito.
Cómo si quisiera que lo atraparan.
Todo se volvió más confuso.
Mason se ponía la mano en la frente.
Estaba agotado.
Era un caso tan extraño.
Después de una noche larga sin éxito mando a todos a sus casas.
Victor no tenía auto, así que fué hacia una esquina para pedir un taxi.
Ian fué tras él.
—¿Ahora qué quieres?
—Renuncia al caso, Chase.
—¿Qué dices?
—Puedo hacer que te despidan, ya tengo la acusación lista y un buen abogado. La familia Mercer tiene bastante dinero.
—Oye, no es por nada, pero esto tiene que terminarse.
—¡Ésto se termina cuando yo lo diga! No me vas a arrebatar el puesto.
—Después se liberará otro. No hay motivo para pelear.
—Me quitaste a Sophia. Los escuché hablando en el hospital, antes de salir.
—Ese no es tu problema.
—Claro que lo es. Ella era mía.
—Apenas la conocías, Mercer.
—Ése apenas fué suficiente para saber que era ella, la indicada.
—De todas formas ella no es un objeto, ella puede decir lo que quiera.
—Igual que tú. Mira, harás esto. Vas a renunciar al caso, y a Sophia.
—¡¿Te estás volviendo loco?!
—Estoy más cuerdo que nunca. Si no lo haces, presentaré el caso, y haré que te despidan, y a tu hermana igual, te recuerdo que sigo teniendo los papeles que muestran su fraude.
—¿Y luego qué?
—No lo sé, es tu vida, no la mía, tú decidirás qué hacer.
Victor sintió cómo un enojo lo inundaba.
Apretó los puños al oír todo eso.
Pero sabía que Ian también lo estaba provocando.
Si caía, estaría condenado.
Ian le dió unas palmadas en el hombro.
Y se acercó a él.
—Todo va a salir bien, Chase. Siempre y cuando hagas lo que yo te diga, ¿Oíste? —le susurró Ian en el oído de Victor.
Victor apretaba los puños con más fuerza, mientras sentía cómo tenía ganas de solo golpearlo sin piedad.
Ian se volvió y se alejó poco a poco.
—Por cierto, también puedo acabar con la cadena de talleres de tu padre —dijo Ian mientras caminaba.
Luego volvió la cabeza.
—Y el cachorro que encontraron. También lo quiero, es tierno.
Victor no se podía contener más.
Sólo pudo ver cómo se alejaba.