El asesino del whisky

Capítulo 27. El Cadillac

Victor estaba en la estación una vez más.

Ian lo miraba de forma burlona.

Cómo si quisiera provocarlo.

Victor trató de evitarlo.

Fue a su oficina y puso la foto del auto sobre el escritorio.

El detective Grant entró de pronto.

—No falta mucho para el juicio de tu amigo, Chase. ¿Irás?

—No lo creo detective. Estoy algo ocupado.

De repente Grant miró con detenimiento la foto del auto.

—¿Y ese auto? —preguntó el detective.

—Es sobre el caso que estamos resolviendo.

Grant tomó la fotografía.

La miro detenidamente.

—¿A quién le pertenece?

—Al asesino de nuestra víctima.

Grant la seguía mirando.

Victor estaba un tanto confundido.

—¿Usted reconoce al auto o algo?

—No lo creo. Tal vez le ví un parecido a uno que ví en una escena del crimen hace no mucho.

—¿Qué escena del crimen?

—Del asesino del whisky. Pero no importa. No creo que sea ese auto.

Grant dejó la fotografía en el escritorio y se marchó.

Victor la tomó.

Eso podría ser una pista.

De inmediato bajó a la bodega.

Y pidió permiso para revisar las evidencias del asesino del whisky.

La oficial no le permitió el paso.

Esto desconcertó a Victor.

Pero no lo iba a dejar así.

Pensó en algo.

Luego recordó que tenía que comer.

Esperó a que fuera la hora de comida de la oficial para entrar.

Fue rápidamente a las cajas del asesino del whisky.

Tenía menos de media hora para encontrar algo.

Revisó caja por caja.

No sabía qué buscaba.

Pero de todas formas siguió.

Esperaba encontrar alguna cosa.

Después de más de veinte minutos, había terminado de revisar todo.

Sin éxito.

Salió rápidamente antes de ser visto.

Devolvió las llaves al cubículo de la oficial.

Y volvió a su oficina.

Tenía que pensar qué hacer.

Pensaba en que tal vez lo del reconocimiento del auto de parte del detective Grant haya sido meramente coincidencia.

Pero no descarta nada.

Sabía que había algo allí.

De repente entró Mason.

—Victor. Los habitantes del suburbio están por llegar. Hay que entrevistarlos a todos.

Victor asintió con la cabeza.

Pero aún debía resolver esa duda que tenía.

El detective Grant salió de la oficina.

Escuchó que iba a tener junta con el juez.

Aprovechó ese momento para entrar a su oficina a escondidas.

Para su buena suerte, la computadora seguía desbloqueada.

Buscó en los archivos alguna carpeta sobre el asesino del whisky.

Rápidamente encontró muchas.

Pero si se ponía a revisar una por una no iba a terminar nunca.

Regresó a su oficina a buscar alguna USB.

Cuando Ian lo interrumpió.

—¿Qué haces, Chase? Te veo un poco atareado.

Victor sintió un escalofrío que recorrió su espalda.

Tragó saliva.

Pensó rápidamente en alguna excusa.

—Estoy por cambiar de teléfono, quiero aprovechar que todavía no llegan los testigos para pasar algunas fotos.

Ian lo miró como si dudara.

—Espero que eso sea para largarte ya de aquí.

—Yo también.

Ian no dijo nada más, y se volvió.

Victor soltó aire.

Si Ian lo atrapaba todo se terminaba.

Antes de salir busco a Ian con la mirada para evitar que lo espiara.

Una vez que vió que iba hacia al ascensor, regresó a la oficina de Grant.

Conecto la USB, y comenzó a copiar todos los datos del asesino del whisky.

Una vez que terminó salió rápidamente.

Sin darse cuenta que por error había dejado abierta una ventana confirmando la copia de todos esos datos.

Victor no se había dado cuenta de eso.

Después de no mucho tiempo, los testigos llegaron.

Y Victor ayudó a Mason y a Ian a entrevistarlos.

Después de un largo día, no obtuvieron absolutamente nada.

Nadie había visto nada.

Nadie había oído nada.

Pensaban que sería imposible atrapar al sicario.

Ahora no había dejado más pistas como la vez del restaurante.

Que había dejado los teléfonos y la camioneta.

Está vez solo había dejado un rastro descuidado y videos de él conduciendo.

Como si se burlara de la policía.

Los oficiales que estaban por toda la ciudad buscando el auto tampoco obtuvieron nada.

Había sido un mal día.

No habían obtenido ni una sola pista.

A excepción de Victor.

Si encontraba algo, iba a poder quedarse con el puesto.

Después podía preocuparse por Ian.

Eran poco más de las cinco de la tarde cuando salió de la estación.

Inmediatamente fué a un internet.

Rentó una computadora.

Conectó la memoria.

Y comenzó a buscar todo.

Estuvo dos horas buscando pistas.

De pronto se detuvo en la carpeta de una escena del crimen.

Al entrar se quedó inmóvil.

Era una casa abandonada como el resto.

Pero con un detalle.

Había un auto.

Un Cadillac.

Era el mismo.

Sacó la fotografía del caso del sicario para comparar las placas.

Y se topó con algo que lo dejó frío.

Las placas eran exactamente las mismas.

Victor tragó saliva.

Sintió como otro escalofrío lo recorrió.

¿Qué podía significar todo eso?

Fue entonces cuando decidió tomar ese caso personal.

Buscó la ubicación de esa escena del crimen.

En cuanto la tuvo la anotó en su teléfono.

Y salió rápidamente.

Tomó un taxi y pidió ir hasta allá.

Una vez ahí, bajó lentamente del auto.

Buscó la casa abandonada con la mirada.

Ahí estaba.

Acordonada con la cinta amarilla.

Victor sentía como la curiosidad lo invadía.

Entró a la casa.

Pero no encontró nada.

Estaba completamente vacía.

Buscó en el patio trasero.

Pero también estaba vacío.

Solo habían marcas de llantas sobre el pasto amarillo.

Victor pensó en alguna teoría.




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