Victor y Sophia seguían dando pequeños pasos hacia atrás.
Victor se puso delante de Sophia.
Estaban en la cocina.
La manija de la puerta se abría lentamente.
Victor sintió un silencio que lo inquietaba.
El arma estaba del otro lado, ya no podía ir por ella.
Miró a su alrededor buscando algo para defenderse.
En eso miró un plato con restos de spaghetti.
Sobre él había un tenedor.
Tomó ambos, el plato y el tenedor.
La manija de la puerta seguía moviéndose rápidamente.
Sophia miró hacia atrás, como si buscará su recámara.
Tomó a Víctor del brazo y lo metió dentro.
Cerraron la puerta con cuidado y la aseguraron, entonces la puerta de la entrada dejó de hacer ruido.
Y rechinó mientras se abría lentamente.
Ese alguien había entrado a su casa.
Sophia guío a Víctor al closet.
Ambos entraron tratando de no hacer ruido.
Ella desembolsó su teléfono, y llamó a emergencias.
Una operadora no tardó en contestar.
Ella le susurraba que alguien había entrado a su casa, y que estaban escondidos dentro del clóset.
La operadora me dijo que una patrulla estaría en camino en poco tiempo.
Pero ese tiempo era suficiente para que la persona que estuviera dentro los encontrara.
Fuera de la recámara se oían los pasos.
Eran idénticos a los que Victor había oído en el choque.
Debía ser el mismo hombre.
El corazón de Víctor latía rápidamente.
Trataba de no hacer ruido en cada suspiro.
Luego sintió cómo las manos posadas sobre el suelo sudaban.
Las pisadas eran lentas.
Y poco a poco se acercaban más.
Hasta que se detuvieron.
Luego se alejaron de nuevo.
Posiblemente había ido a la otra habitación.
Sophia tomó de la mano a Víctor.
Él sintió cómo sus manos sudadas se juntaban con la de ella.
Ambos tenían miedo.
Entonces las pisadas volvieron a acercarse.
La persona fuera intentó abrir.
Pero la puerta tenía seguro.
Entonces el sonido de la manija intentando abrirse volvió.
Seguramente tenía ganzúas.
No faltaba mucho para que la puerta se abriera.
La manija seguía moviéndose desesperadamente.
El sonido se detuvo, y la puerta se abrió lentamente.
Sophia puso su mano en su boca para no hacer ruido.
Victor contuvo la respiración.
Apretó el tenedor que tenía en su mano derecha con fuerza.
Esperando a que el hombre abriera el clóset.
Las pisadas del hombre rodeaban la cama.
Victor se preparaba para lanzarse en cuanto se acercara a ellos.
Se acercó a la ranura del closet con cuidado, y miró a través de ella.
Vió su rostro.
Un hombre mayor.
Con una mirada fría.
Era un hombre alto.
Vestido con un traje elegante.
Y un arma con un silenciador.
El mismo que llevaba aquel hombre que lo había atacado.
¿Pero quién era él?
Era la pregunta que Victor se hacía.
El hombre buscaba debajo de la cama.
Su caminata era lenta.
No tenía prisa alguna.
Entonces miró hacia el clóset.
Victor se echó para atrás inmediatamente.
Entonces el hombre se acercó lentamente.
De pronto el corazón comenzó a latir mucho más rápido.
Miró a Sophia.
Notó su mirada aterrada.
Ella giraba su cabeza de un lado a otro.
Cómo si se diera cuenta de lo que Victor estaba a punto de hacer.
El hombre cada vez estaba más cerca.
Estiró la mano para abrir el clóset.
El silencio era inquietante.
Las manos sudorosas sosteniendo el tenedor y el plato hacían que se resbalaran.
Sus manos temblaban igual.
Su corazón latía como un tambor.
Entonces a lo lejos se escuchó la sirena de la policía.
Habían llegado justo a tiempo.
El hombre se detuvo al instante y miró hacia la entrada de la recámara.
Él sabía que pronto sería atrapado.
Tenía que irse.
Pero no sin antes abrir el clóset.
Entonces miró al closet nuevamente.
Sostuvo la manija con fuerza, y mientras lo abría lentamente sostenía su arma apuntando hacia enfrente, hacia Victor.
Entonces la puerta se abrió con lentitud.
La sirena se escuchaba cada vez más cerca.
Victor suspiró.
Y empujó la puerta con fuerza desde su hombro.
El hombre dió un paso atrás.
Victor lanzó rápidamente el plato hacia él.
Este se rompió en pedazos al impactar con su cabeza.
El hombre hizo un gemido.
Pero al mismo tiempo apretó el gatillo.
Victor trató de esquivar la bala.
Pero entonces el silenció se volvió a adueñar de la habitación.
Victor tomó a Sophia de la mano y la guió hacia afuera.
Sophia corrió con Víctor detrás de ella, antes de que el hombre se recuperará del inesperado golpe.
Entonces Sophia se detuvo antes de llegar a la entrada.
—¡Victor estás sangrando! —gritó con terror.
Él miró su brazo derecho.
La sangre goteaba a través de él.
Sentía un ardor en el hombro.
La bala lo había rozado.
Pero no había tiempo para revisarse.
Victor la volvió a tomar de la mano y salieron.
Las patrullas no tardaron en llegar.
Entonces los policías bajaron de sus autos con rapidez.
—¡Hay alguien dentro! ¡Tiene un arma! —decía Victor mientras presionaba su hombro.
Los oficiales entraron con armas en mano.
Sigilosa y lentamente.
Tardaron unos minutos dentro mientras Victor seguía presionando la herida.
Luego los oficiales de policía volvieron afuera.
—No hay nadie dentro —afirmaron.
Victor no sabía que acababa de pasar.
Estaba completamente en shock.
Miró a Sophia.
Notó su mirada aterrada.
Luego miró hacia el auto del hombre.
El Cadillac negro.
Tal vez ese hombre era el sicario que tanto tardaron en encontrar.
Nadia Brooks