El aura en la mansión de los Kim no era de paz, sino de un respeto absoluto nacido del miedo. Eran la familia más temida de toda Asia. El padre y la madre Kim dirigían el imperio con puño de hierro, seguidos por sus tres herederos: Namjoon, el estratega casado con el elegante Jin; Jungkook, el ejecutor estrella comprometido con el dulce pero letal Jimin; y finalmente Taehyung.
Taehyung era diferente. Mientras sus hermanos mantenían una fachada de negocios, él era la sombra. El más serio, el más implacable... el verdadero asesino de la familia.
Esa noche, durante una cena privada entre los Kim y los Park (la potencia que dominaba Estados Unidos y España), Jimin rompió el silencio con una sonrisa astuta.
—Por cierto, mañana llega mi hermano del medio, Hoseok —anunció Jimin, mientras Jungkook le tomaba la mano—. Se quedará unos meses por negocios.
Al día siguiente, la expectativa en la mansión Kim era máxima. Los Park eran conocidos por ser amables pero letales; sin embargo, cuando las puertas se abrieron, lo que apareció no encajaba con el perfil de un mafioso.
Hoseok entró con una sonrisa radiante que parecía iluminar hasta los rincones más oscuros de la propiedad. Vestía impecable, pero su energía era vibrante, casi cálida. Si no supieran que venía de la familia más peligrosa de Occidente, nadie creería que tenía las manos manchadas de sangre.
—¡Buenas noches a todos! —exclamó Hoseok con una alegría que descolocó incluso a los guardias.
En el gran comedor, los padres de los Kim presidían la mesa. Namjoon y Jin asintieron con respeto, y Jungkook le dio una bienvenida formal.
—Bienvenido a nuestra casa, Hoseok —dijo el patriarca Kim—. Los Park siempre son recibidos con los más altos honores.
Hoseok hizo una reverencia perfecta, pero su mirada se detuvo en el final de la mesa. Allí estaba Taehyung, observándolo con ojos gélidos, analizando cada movimiento de ese "soleado" intruso que no parecía un mafioso, pero que despertaba en él una curiosidad peligrosa.
—Es un placer conocer por fin a los legendarios Kim —dijo Hoseok, manteniendo su sonrisa fija en Taehyung—. Espero que mi estancia aquí sea... muy productiva.
Taehyung no sonrió. Solo apretó su copa de vino, sintiendo que, por primera vez, alguien era capaz de sostenerle la mirada sin temblar.