—Ese chico es un peligro —susurró Taehyung para sí mismo, pero por primera vez, no se refería a un peligro de armas, sino a algo que le estaba agitando el corazón.
Mientras tanto, en la mansión, Hoseok se puso manos a la obra.
—¡Muy bien, Nana! —dijo Hobi con entusiasmo—. Vamos a quitar estas cortinas negras que parecen de película de terror. Necesitamos luz, ¡mucha luz!
Hoseok pasó toda la mañana moviéndose como un torbellino. No solo cambió las cortinas por unas de lino claro que dejaban pasar el sol, sino que trajo plantas verdes gigantes y cojines de colores elegantes (nada de circo, como prometió). La nana lo miraba con adoración; Hoseok incluso la puso a bailar mientras limpiaban, algo que ella no hacía desde que los Kim eran niños.
Al mediodía, Hoseok decidió que el jardín también necesitaba amor. Salió a podar unas rosas y a colocar unas sillas cómodas bajo un árbol.
—Tae necesita un lugar donde pueda leer sin sentir que el mundo se va a acabar —le dijo Hoseok a la nana mientras preparaba una limonada fresca.
Pero lo más interesante ocurrió cuando, al mover un mueble pesado en la estancia principal para que entrara la luz, Hoseok encontró una pequeña trampilla oculta bajo la alfombra que ni la propia nana conocía.
Hoseok apartó la pesada alfombra persa y se quedó helado. No era una trampilla con tesoros, era un dispositivo electrónico parpadeando en la oscuridad. Con la agilidad de un Park, Hoseok desconectó el cable principal.
—Nana, esto no es decoración... es una cámara oculta —susurró Hobi, perdiendo su sonrisa por primera vez.
En ese preciso momento, el motor de la camioneta blindada rugió en la entrada. Taehyung entró a zancadas, con el ceño fruncido. Había olvidado unos documentos cruciales para la reunión con su padre.
—¿Qué haces en el suelo, Hoseok? Te dije que nada de circos... —Taehyung se detuvo en seco al ver el dispositivo en manos de Hobi.
—Tae, encontré esto bajo la alfombra de la estancia —dijo Hoseok, extendiendo la cámara. Su voz era seria, profesional—. Está conectada a una red externa. Alguien te ha estado vigilando dentro de tu propia casa.
Taehyung sintió una furia fría recorrerle la espalda. Él era el cazador, no la presa. Agarró la cámara y sus ojos se volvieron dagas.
—Yo no puse esto. Mi seguridad revisa la casa cada semana... o eso creía.
Sin perder tiempo, Taehyung llamó a su equipo técnico mientras Hoseok se sentaba a su lado frente a una laptop de alta seguridad. Rastrearon la dirección IP y el número de serie del equipo. Tras unos minutos de tecleo intenso, una dirección en un barrio lujoso de Seúl apareció en la pantalla.
—El contrato de compra está a nombre de una cuenta fantasma —dijo Taehyung, apretando la mandíbula—, pero el rostro que aparece en las cámaras de seguridad de la tienda es conocido. Es Sana.
Hoseok arqueó una ceja, sintiendo un pinchazo extraño en el pecho.
—¿Sana? ¿Quién es ella? ¿Una enemiga de los kims?
Taehyung suspiró, cerrando la laptop con fuerza.
—Es mi ex novia. Terminamos hace meses porque intentó filtrar información de los Kim a la competencia. Pensé que se había ido del país.
Hoseok se cruzó de brazos y desvió la mirada, intentando ocultar un puchero de molestia.
—Ah, una ex pareja... —soltó con un tono un poco más agudo de lo normal—. Vaya, parece que dejas impresiones muy fuertes, Tae. Tan fuerte que no puede dejar de mirarte ni cuando duermes. Qué detalle tan... romántico.
Taehyung se quedó mirando a Hoseok. Notó el cambio en su voz y cómo evitaba su mirada. ¿Hoseok estaba celoso? La idea le resultó extrañamente satisfactoria.
—No es romántico, es una sentencia de muerte —respondió Taehyung, acercándose un paso a él—. Nadie espía en mi casa. Y menos cuando tú estás aquí.
Hoseok se puso de pie, recuperando su orgullo.
—Bueno, si ella quiere jugar a los espías, se encontró con el Park equivocado. Vamos a buscarla, ¿o vas a dejar que tu "ex" siga viendo cómo desayunamos?