Taehyung estaba a punto de protestar de nuevo, con esa cara de pocos amigos que ponía cuando no obtenía lo que quería, pero su madre levantó una mano, deteniéndolo en seco.
—Está bien, está bien —dijo la Sra. Kim soltando un suspiro dramático—. He hablado con la madre de Hoseok por mensaje y hemos llegado a un acuerdo. No quiero que mi hijo ande saltando por los balcones como un gato callejero a medianoche.
Taehyung y Hoseok se miraron con esperanza.
—Aceptaré que Hoseok se quede a dormir contigo de vez en cuando —sentenció la madre, señalándolos con el dedo de forma acusadora—. No todos los días, y definitivamente no en tu mansión solitaria todavía. Se quedarán aquí en la casa principal, en tu habitación, bajo mi techo. Pero solo dos o tres veces por semana. El resto de los días, cada uno en su cuarto como personas decentes que se están cortejando.
Taehyung soltó un suspiro de alivio tan grande que hasta las cortinas se movieron. No era la libertad total, pero al menos no tendría que despedirse de Hoseok en la puerta cada noche.
—Gracias, mamá —dijo Tae, recuperando un poco de su compostura elegante.
Hoseok, emocionado, corrió a darle un abrazo a su ahora "suegra".
—¡Gracias, Sra. Kim! Le prometo que me portaré bien... bueno, lo intentaré.
Jimin, que pasaba por ahí con una mascarilla facial puesta, no pudo evitar meter su cuchara:
—¡Uy, sí! "Portarse bien". Mañana van a tener que desayunar con anteojos oscuros para ocultar las ojeras. ¡Suerte con eso, suegra!
La Sra. Kim rodó los ojos mientras se alejaba hacia su habitación.
—¡Si escucho ruidos raros después de las dos de la mañana, se acaba el permiso! —gritó desde el pasillo.
Taehyung aprovechó el momento, tomó a Hoseok por la cintura y lo pegó a él, bajando la voz.
—Dos o tres veces por semana, ¿eh? Voy a tener que aprovechar cada minuto de esas noches para que no te queden ganas de dormir en tu propio cuarto, Hobi.
Hoseok le devolvió una mirada juguetona, mordiéndose el labio.
—Pues empieza a esforzarte desde hoy, porque esta cuenta como mi primera noche de permiso.
Esa primera noche no hubo fuego, sino algo mucho más profundo. Después de años de soledad y misiones peligrosas, Taehyung finalmente tenía a alguien a quien sostener. Estaban acostados en la enorme cama, con la luz de la luna filtrándose por la ventana. No hacían nada más que hablar en susurros, conociéndose de verdad más allá de los apellidos mafiosos.
Hoseok, con mucha curiosidad, empezó a delinear con sus dedos los tatuajes que Taehyung tenía en los brazos y el torso.
—Tae... ¿qué significan estos? —preguntó Hobi en un susurro, acariciando una tinta oscura en su hombro—. Nunca imaginé que el "Asesino de los Kim" tuviera tanto arte escondido bajo el traje.
Taehyung suspiró, disfrutando del contacto.
—Cada uno es una marca de mi pasado, Hobi. Algunos son por lealtad a la familia, otros son recordatorios de que sigo siendo humano a pesar de lo que hago. Pero este... —dijo señalando uno cerca de su pecho—, este es nuevo. Significa "protección". Y desde que llegaste, tiene un nuevo sentido.
Hoseok sonrió y se acurrucó más cerca de él hasta que ambos se quedaron dormidos, protegidos por el silencio.
A la mañana siguiente, al bajar a desayunar, se encontraron con una escena extraña. Los padres de Taehyung y los Park (que llamaron por video) estaban más sonrientes de lo normal. Se reían entre ellos y se pasaban notas con una complicidad sospechosa.
Taehyung entrecerró los ojos mientras tomaba su café.
—Hoseok, esto no es normal —susurró Tae—. Conozco esa sonrisa. Mis padres están planeando algo grande... que no nos han dicho.
—¡Disfruta el desayuno, hijo! —dijo la Sra. Kim con alegría—. Hoy es día de descanso para todos. No quiero a nadie trabajando.
Así que, cada pareja se fue por su lado. Jin y Namjoon salieron a una galería de arte; Jimin y Jungkook se fueron a practicar boxeo y luego a una cita llena de mimos. Fue un día de paz donde todos pudieron ser simplemente personas enamoradas.
Sin embargo, al día siguiente, el deber llamó. Hoseok, ahora como el encargado de tecnología y seguridad, tuvo que ir por unos papeles importantes. Pero no a cualquier lugar, sino al Casino de Taehyung, el centro de operaciones más lujoso y peligroso de Seúl.
Hoseok entró con paso firme, vestido impecable, ignorando las miradas de respeto y miedo de los guardias. Finalmente llegó a la oficina principal. Se sentó en la silla de cuero negro de Taehyung, girando con una sonrisa traviesa mientras miraba la ciudad desde el enorme ventanal.
—Así que esta es la oficina de mi novio... —murmuró Hobi para sí mismo, acariciando el escritorio de caoba—. Bueno, más vale que me vaya acostumbrando, porque tarde o temprano, todo esto también será mío.
Justo en ese momento, la puerta se abrió y entró Taehyung, quien se quedó parado viendo a Hoseok sentado en su trono, luciendo más poderoso que nunca.