El pasillo del hospital olía a muerte y desinfectante. Taehyung llegó derrapando, con el rostro desencajado, justo cuando las puertas del quirófano se abrían de golpe. Un grupo de médicos corría empujando una camilla donde Hoseok yacía pálido, casi translúcido, conectado a múltiples bolsas de sangre.
—¡El paciente entró en shock hipovolémico! —gritó un cirujano—. ¡Preparen el desfibrilador, lo estamos perdiendo!
Taehyung intentó abalanzarse hacia la camilla, pero Alessandro y los guardias lo detuvieron a la fuerza.
—¡Hoseok! ¡Hobi, mírame, por favor! —gritaba Taehyung, su voz quebrándose en un alarido de agonía—. ¡No te vayas, no me dejes así!
En ese momento, los monitores empezaron a emitir un pitido constante y agudo: el corazón de Hoseok se había detenido. El tiempo pareció congelarse. Los médicos empezaron las maniobras de reanimación, presionando el pecho de Hobi con fuerza mientras la familia Kim observaba tras el cristal, destrozada. Jimin cayó al suelo sollozando, y hasta el implacable patriarca Kim bajó la cabeza, incapaz de ver la escena.
—¡Carga a 200! ¡Despejen! —ordenó el doctor. El cuerpo de Hoseok se arqueó violentamente, pero la línea en el monitor seguía plana.
Taehyung se pegó al cristal, golpeándolo con los puños.
—¡Hoseok, si me dejas, me voy contigo! —susurró, su mirada volviéndose oscura y perdida—. ¡Pelea, maldita sea, pelea por nuestro hijo!
De repente, una enfermera salió corriendo con una incubadora pequeña hacia la unidad de cuidados intensivos. En medio del caos, un llanto débil y agudo rompió el silencio del pasillo. El bebé había nacido, pero el precio parecía ser la vida de su madre.
Los médicos sudaban, intercambiando miradas de derrota. Habían pasado tres minutos sin pulso. El cirujano principal suspiró y miró el reloj para declarar la hora de muerte, pero justo cuando iba a hablar, la mano de Hoseok se cerró débilmente sobre la sábana y un rastro de vida apareció en el monitor. Un latido... luego otro.
—¡Tenemos pulso! ¡Rápido, a la UCI! —gritaron los médicos, desapareciendo por el pasillo.
Taehyung quedó apoyado contra la pared, deslizándose hasta el suelo, temblando incontrolablemente. Hoseok estaba en coma, debatiéndose entre la vida y la muerte, y su hijo estaba en una incubadora luchando por respirar. El "Asesino de los Kim" nunca se había sentido tan impotente ante la verdadera oscuridad.
El pasillo de la zona privada de los Kim era un desierto de ansiedad. Por horas, nadie se atrevió a hablar. Taehyung estaba sentado en el suelo, con la cabeza entre las rodillas, mientras sus padres, sus hermanos y Jin se mantenían en un silencio sepulcral, rezando por un milagro que no merecían.
Finalmente, el cirujano jefe salió, quitándose el cubrebocas con un suspiro de asombro.
—Es un milagro —dijo el doctor, mirando a los Kim—. No le dábamos señales de vida ni a él ni al bebé por varios minutos, pero el joven Hoseok es increíblemente fuerte. Ha resistido. Ambos están estables y ya lo hemos trasladado a su habitación privada.
Taehyung sintió que el alma le regresaba al cuerpo. Sin esperar un segundo más, toda la familia corrió hacia la habitación. Taehyung fue el primero en abrir la puerta, con el corazón saltándole en el pecho, pero la escena que encontró lo detuvo en seco.
Hoseok estaba despierto, pálido pero con una luz hermosa en el rostro, sosteniendo a su bebé en brazos. A su lado, Sana (la ex de Tae) lo ayudaba a acomodar la manta del pequeño con una sonrisa sincera, mientras Alessandro y su novia vigilaban la puerta como escudos humanos. Eran una imagen de paz y felicidad, una familia que Hoseok había construido lejos de los Kim.
—¡Hobi! —exclamó Taehyung con lágrimas en los ojos, intentando acercarse—. Mi amor, gracias a Dios... déjame ver al bebé...
Pero en cuanto Hoseok escuchó su voz, su expresión se volvió de piedra. No hubo alegría, solo una frialdad que congeló a todos los presentes.
—Dije que no quería volver a ver a ningún Kim en mi vida —dijo Hoseok con una voz débil pero cortante—. Ni siquiera en mi lecho de muerte los llamé para que vinieran a pedir perdón. Alessandro los llamó porque es un sentimental, pero yo no.
—Hoseok, por favor... —suplicó la Sra. Kim desde la puerta—. Casi los perdemos... déjanos ser parte de esto.
Hoseok apretó al bebé contra su pecho, protegiéndolo de sus miradas.
—Váyanse. Ahora mismo. No quiero que mi hijo crezca rodeado de gente que duda de la lealtad y que rompe corazones por "pruebas" estúpidas. Sana, Alessandro... por favor, sáquenlos de aquí. No quiero que su presencia contamine este momento.
Sana se puso de pie, mirando a Taehyung con lástima pero con firmeza.
—Ya escuchaste, Taehyung. No lo alteres, esta muy debil en este momento Por favor, retírense.
Taehyung se quedó paralizado, viendo a su hijo por primera vez a través de las lágrimas, dándose cuenta de que, aunque Hoseok había sobrevivido, el muro que los separaba era ahora más alto que nunca.