Taehyung tomó aire, sintiendo que este era el momento que definiría el resto de su vida. Se arrodilló frente a la silla de Hoseok, sin importarle que estuvieran en una habitación de hospital o que su imagen de hombre temido quedara en el suelo.
—Hoseok, mírame —le pidió con la voz temblorosa—. Perdóname. Perdóname por no confiar, por las palabras hirientes en aquella sala, por haberte dejado ir cuando más me necesitabas. He vivido tres años en un infierno por mi propia estupidez. No te pido que lo olvides hoy, pero sí que me dejes demostrarte que mi lealtad es tuya para siempre.
Hoseok lo miró a los ojos y vio una sinceridad tan pura que sus últimas defensas se desmoronaron. El rencor se evaporó, dejando solo ese amor que siempre estuvo ahí, guardado bajo llave.
—Te perdono, Tae —susurró Hobi con una sonrisa suave que iluminó la habitación—. Pero no vuelvas a dudar de nosotros.
Taehyung iba a responder, con el corazón explotando de alivio, pero antes de que pudiera decir una sola palabra, Hoseok se inclinó y le dio un beso rápido y cálido en la mejilla, exactamente igual al primer beso que le dio en la mansión hace años.
—Ese es por los viejos tiempos —rio Hobi, haciendo que Taehyung se quedara mudo y con una sonrisa de bobo en la cara.
En ese instante, un pequeño quejido vino de la cama. El pequeño Sun empezó a abrir sus ojos, parpadeando confundido hasta que vio a sus dos padres juntos, por primera vez, sin tensiones.
—¿Mami? ¿Tae? —preguntó el niño con voz ronca pero estable.
—Aquí estamos, campeón —dijeron ambos al unísono, rodeando al pequeño con sus manos.
Hoseok miró a Taehyung y luego a su hijo. La familia Kim-Park finalmente estaba unida, y esta vez, ni las pruebas de los padres ni los secretos podrían separarlos.
Un mes después, las cosas habían vuelto a su cauce, pero Hoseok quería darle una sorpresa a Taehyung. Después de dejar a Sun con la Nana en la casa principal, Hobi manejó hasta la mansión de Tae. Al entrar, se quedó helado: la casa estaba exactamente como él la había dejado. Las cortinas claras, los cuadros, las plantas (que milagrosamente seguían vivas); Taehyung no había movido ni un solo cojín, manteniendo el lugar como un santuario en honor a Hoseok.
Hoseok caminó hacia el salón y encontró al temido asesino de Asia sentado en el sofá, solo, comiendo pizza de caja directamente del cartón.
—¿Pizza otra vez, Taehyung? —preguntó Hoseok con una ceja alzada y una sonrisa burlona.
Taehyung casi se atraganta del susto. Se puso de pie rápido, luciendo un poco avergonzado.
—¡Hobi! No te esperaba... Pues, verás, desde que la Nana se fue contigo, no he contratado a nadie más. Ninguna sirvienta me dura y... bueno, ya sabes que soy un desastre en la cocina. Si no es pizza, es ramen instantáneo.
Hoseok negó con la cabeza, riendo, y se quitó el saco. —Muévete, Kim. No voy a dejar que el padre de mi hijo muera de desnutrición.
En media hora, Hoseok había preparado un plato saludable y delicioso con lo poco que había en la nevera. Comieron entre risas y anécdotas del pequeño Sun, disfrutando de la paz que tanto les costó recuperar. Al terminar, Hoseok se estiró y miró a su alrededor.
—Oye, Tae, mi celular se está quedando sin batería. ¿Tienes un cargador por aquí? —preguntó Hobi con una mirada cargada de una picardía que Taehyung no supo leer.
—Sí, creo que dejé uno en el despacho de arriba. Espera, voy a buscarlo —dijo Tae, dándose la vuelta para subir las escaleras.
Taehyung caminó hacia el despacho, pero no se dio cuenta de que Hoseok lo seguía como una sombra, con pasos felinos y silenciosos. Justo cuando Taehyung entró al cuarto y se puso de espaldas para buscar en los cajones, sintió un empujón firme pero juguetón en sus hombros.
—¡Hey! —exclamó Tae, cayendo de espaldas sobre el amplio sofá de cuero del despacho.
Antes de que pudiera reaccionar, Hoseok se sentó a horcajadas en su regazo, atrapando las manos de Taehyung sobre su cabeza. El ambiente se volvió eléctrico en un segundo. Hoseok bajó la cabeza, rozando la nariz de Tae con la suya, mientras su mirada bajaba a sus labios.
—Olvídate del cargador —susurró Hobi con voz ronca, empezando a dejar besos lentos y calientes en el cuello de Taehyung—. Te extrañé demasiado este mes, Tae. Y este sofá... esta casa... todo ha estado muy silencioso por mucho tiempo.
Taehyung sintió que la sangre le hervía. Rodeó la cintura de Hoseok con fuerza, pegándolo más a él, dándose cuenta de que el "contrato" que empezaron hace años finalmente se estaba firmando con el amor más puro.