El Auditor

Capítulo 15 (Preludio): Más que un Dios, menos que un humano

Tokio. Piso 45. Oficinas Centrales de SG&M Entertainment.
Estado del Activo: Crítico.

La gente cree que los auditores nacen sin corazón. Se equivocan. El corazón es un músculo que se atrofia voluntariamente cuando descubres que usarlo es un error financiero.

Hace tres años, yo todavía creía que podía arreglar a las personas.
Mi asignación era la joya de la corona, la idol del momento: Noelle Ellem.

Noelle era la definición estadística de una anomalía: Talento vocal 4/10, Disciplina 2/10, pero Carisma 10/10. La cámara la amaba. Los ejecutivos la adoraban porque los números subían. Y yo... yo cometí el error de intentar ser su arquitecto.

Faltaban dos horas para el concierto final de la gira en el Tokyo Dome City Hall. Las entradas estaban agotadas. Veinte mil personas esperaban afuera.

Noelle estaba sentada frente al espejo, jugando con su teléfono, con los pies sobre la mesa de maquillaje. Ni siquiera me miró cuando entré.

—No voy a salir, Norman —dijo, con la misma indiferencia con la que pediría un café.

Revisé mi reloj. 18:00 horas.

—El aforo está completo, Noelle. La penalización por cancelación es del 200% de tu bono. ¿Estás enferma? ¿Llamo al médico?

Ella soltó una risita y se giró. Sus ojos brillaban, no de fiebre, sino de avaricia.

—Me siento genial. Pero he estado pensando... mi contrato es una basura. Quiero el porcentaje de merchandising que tiene el grupo Starlight. Si la agencia no me lo da ahora, no canto. —Hizo una pausa dramática y tosió falsamente—. Me duele la garganta. ¿Ves? Estoy muy enferma.

La miré.
En ese momento, vi todos los meses que pasé cuidándola. Las veces que evité que la despidieran. El esfuerzo humano que invertí en limpiar sus desastres.
Ella no me veía a mí. Veía a un sirviente. Veía a un "arreglador" que siempre le daría lo que quería por miedo a perder dinero.

—Noelle —dije, y mi voz sonó extraña. Vacía—. Si cancelas hoy por un chantaje, destruirás tu reputación con los promotores. Estoy tratando de protegerte.

—Tú no me proteges, tú trabajas para mí —escupió ella con desdén—. Eres un aburrido, Norman. Siempre con tus reglas y tus miedos. Si no puedes conseguirme ese contrato, entonces no me sirves. Quizás debería pedirle a la agencia alguien que sí tenga agallas.

Hubo un silencio.
Y entonces, lo sentí.

El "Click".

El sonido de un interruptor apagándose dentro de mi pecho.

La preocupación desapareció. La ansiedad por su carrera se esfumó. El deseo de "ser Dios" y salvarla murió instantáneamente.
Lo que quedó fue un frío maravilloso. Eficiencia pura. Me volví menos que humano. Me volví una herramienta.

Saqué una carpeta de mi maletín. No era el nuevo contrato millonario que ella quería. Era un formulario estándar que llevaba conmigo por protocolo: "Solicitud de Reasignación de Gestión por Disconformidad del Talento".

—Tienes razón, Noelle —dije. Mi pulso era estable. 60 latidos por minuto—. No soy el adecuado para ti. Te mereces a alguien que cumpla tus expectativas.

Puse el papel sobre la mesa y le tendí mi pluma estilográfica.

—Si firmas aquí, certificas que mi gestión no se alinea con tus objetivos y solicitas mi remoción inmediata como tu Auditor a cargo. Quedarás libre de mi supervisión al instante. Podrás negociar tu contrato tú misma con la directiva.

Los ojos de Noelle se iluminaron. Creyó que había ganado. Creyó que era un farol o una victoria sobre mi autoridad.

—Al fin entiendes tu lugar —dijo, y firmó con un garabato arrogante.

Tomé el papel. Lo guardé.
Miré la hora: 18:15 PM.

—Gracias por tus servicios, Noelle. Ha sido... educativo.

Me di la vuelta y salí del camerino. No miré atrás.

Caminé hasta el ascensor, bajé al lobby, entregué mi credencial en recepción y notifiqué al sistema central del cambio de estatus.

A las 18:58 PM, mi teléfono sonó.
Era el Director Ejecutivo.

—¡Thayne! ¿Qué demonios pasa? —gritó la voz al otro lado—. ¡El equipo de producción dice que Noelle se niega a salir! ¡Dice que tú la autorizaste a renegociar! ¡Tienes que volver ahí y obligarla a cantar! ¡Es una orden!

Miré la pantalla del teléfono. Miré las luces de Tokio brillando en la noche.

—Lo siento, señor director —respondí con una calma absoluta—. Según el documento firmado a las 18:15 PM por la señorita Ellem, y procesado en el sistema hace 43 minutos, yo ya no soy su auditor asignado. No tengo potestad sobre el activo. Cualquier intervención mía sería una violación de los protocolos corporativos.

—¡¿Qué?! ¡Thayne, si no subes a ese camerino te despido!

—No es necesario. Mi renuncia está adjunta en el mismo correo. Buena suerte con la negociación, señor. Dicen que el talento es difícil de gestionar.

Colgué.
Apagué el teléfono.

Esa noche, Noelle no cantó. El escándalo le costó a la empresa millones. Su carrera nunca se recuperó del todo; sin alguien que limpiara su desorden, se ahogó en su propia arrogancia en menos de un año.

Pero yo no supe de eso hasta mucho después.
Esa noche, caminé a casa. No sentí culpa. No sentí tristeza.
Cuando algo muere ya no es algo de admirar... pero por lo menos sé que esa noche dormí feliz.

Aprendí la lección.
Me prometí no volver a involucrarme emocionalmente con un activo. Me prometí que mi próxima agencia se basaría solo en métricas, eficiencia y frialdad.

Tres años después, estoy en Osaka.
Tengo quince millones de yenes ahorrados y una idea estúpida.
Y estoy sentado en un bar llamado Siren's Call, a punto de conocer a una chica que va a poner a prueba esa promesa.

Ella cree que el talento es suficiente.
Yo sé que el talento es solo una variable más en la hoja de cálculo.

¿Quién tiene la razón?



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En el texto hay: misterio, thriller, manager

Editado: 04.02.2026

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