Lugar: Callejón trasero del Siren's Call, Osaka.
Fecha: Tres semanas antes del anuncio de CYT.
Hora: 23:47 PM.
Estado del sistema: Colapsado.
Parte 1: Error 404 - Esperanza No Encontrada
La puerta trasera del Siren's Call se cerró con un golpe metálico que resonó en el callejón vacío. Ruri se apoyó contra la pared de ladrillos fríos, sus piernas temblando tanto que apenas podían sostenerla.
No lloró de inmediato. Primero vino la náusea.
Luego, el temblor en las manos.
Después, las lágrimas.
No eran lágrimas silenciosas y dignas. Eran sollozos entrecortados, feos, el tipo de llanto que hace que tu garganta arda y tu nariz gotee. El tipo de llanto que haces cuando nadie te está mirando.
«Mediocre.»
La palabra rebotaba en su cabeza como un eco distorsionado. Norman Thayne no había gritado. No había sido cruel. Había sido peor que eso.
Había sido preciso.
Ruri se dejó caer al suelo, abrazando sus rodillas. El vestido brillante que había elegido con tanto cuidado (¥8,000 yenes que no tenía) ahora parecía un disfraz patético. Había practicado durante meses. Había convencido a sus amigas de ser sus bailarinas. Había invertido todo su coraje en esa noche.
Y un hombre con una laptop y una expresión de piedra había demolido todo en cinco minutos.
«La realidad de lo que vi hoy... fue mediocre.»
Sacó su teléfono con manos temblorosas. Abrió el chat grupal "Can Do It! 💪✨".
Ruri: Lo siento chicas. No funcionó.
Los puntos suspensivos aparecieron casi de inmediato.
Yuki: ¿Qué dijo?
Ruri cerró los ojos. No podía escribirlo.
Ruri: Que no era suficiente.
Mina: Ese tipo es un imbécil. No sabe lo que dice.
Yuki: Ruri, tu voz es hermosa. Lo sabes.
Pero Ruri no lo sabía. Nunca lo había sabido realmente.
Lo único que sabía era que había tenido una oportunidad. Una sola. Y la había desperdiciado por no poder mirar a la gente a los ojos cuando cantaba. Por dejar que sus amigas bailaran fuera de ritmo. Por no tener el dinero para luces decentes.
Por ser mediocre.
Bloqueó el teléfono y lo dejó caer a su lado.
El callejón olía a basura y a cerveza rancia. Un gato callejero pasó cerca, mirándola con indiferencia antes de desaparecer en las sombras.
«Ni siquiera los gatos me respetan», pensó, y soltó una risa histérica que se convirtió en otro sollozo.
—Oye.
Ruri levantó la vista, sobresaltada.
Una chica estaba parada en la entrada del callejón. Sudadera gris oversize con la capucha puesta, mochila pesada colgando de un hombro, y una lata de cerveza en la mano. Incluso en la penumbra, Ruri podía ver que sus ojos estaban rojos, vidriosos.
—¿Estás bien? —preguntó la chica, arrastrando ligeramente las palabras.
—Sí —mintió Ruri, limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano—. Solo... necesito un momento.
La chica de la sudadera gris se tambaleó un poco, luego se sentó en el suelo frente a Ruri sin pedir permiso. Dejó la mochila a un lado con un golpe pesado.
—Mentirosa —dijo, dándole un sorbo a su cerveza—. Nadie llora así por "necesitar un momento". Eso es llanto de "me destruyeron el alma".
Ruri parpadeó. La franqueza brutal la había desarmado.
—¿Tú... estabas adentro?
—Ajá. Trabajo para AIRAM J+D. Bueno, "trabajo" es generoso. Soy su editora. Grabé su set de mierda con mis cámaras de mierda para que se vean menos de mierda en internet, ayer. —Soltó una risita amarga—. Vi tu show hoy de casualidad.
Ruri sintió que las lágrimas volvían.
—Entonces sabes que fue un desastre.
—Fue un desastre —confirmó la chica sin piedad—. Pero no por las razones que crees.
Ruri levantó la cabeza.
—¿Qué?
La chica dejó la cerveza en el suelo y se inclinó hacia adelante. Incluso borracha, sus ojos tenían un brillo de concentración.
—Tu voz es buena. No, espera. Es muy buena. Pero todo lo demás... —hizo un gesto vago con la mano— ...todo lo demás estaba peleando contra ti. Las bailarinas iban demasiado rápido. El micrófono de pedestal te clavaba en el piso. La iluminación plana te hacía invisible. Y tú... tú cantabas como si estuvieras pidiendo perdón por existir.
Ruri abrió la boca, pero no salió ningún sonido.
—Ese tipo de traje —continuó la chica— el señor "Soy muy importante con mi laptop". Él te dijo todo eso, ¿verdad?
—Sí.
—¿Y te dejó un billete de diez mil yenes y una tarjeta?
—...Sí.
La chica soltó una carcajada corta y seca.
—Norman Thayne. Ese maldito robot. —Sacudió la cabeza—. Mira, no voy a mentirte. Él tiene razón en lo técnico. Pero está equivocado en lo importante.
—¿Qué cosa?
La chica señaló con el dedo hacia el pecho de Ruri.
—Ahí dentro hay algo real. Lo escuché. En la segunda mitad de tu canción, cuando tus bailarinas finalmente se callaron y te dejaron respirar... hubo cinco segundos donde fuiste tú sola con la melodía. Y esos cinco segundos valieron más que todo el show de esos idiotas de adentro.
Ruri sintió algo extraño en el pecho. No era esperanza todavía. Era más pequeño que eso. Era... curiosidad.
—¿Quién eres tú?
—María. —Extendió la mano, tambaleándose un poco—. Editora profesional, bebedora aficionada, y al parecer, reclutadora de talento desperdiciado.
Ruri estrechó su mano.
—Ruri.
—Ya lo sé. Lo decías en tu intro. —María sacó su laptop de la mochila con cuidado de borracha experimentada—. Oye, Ruri. ¿Quieres ver algo?
—¿Qué cosa?
María abrió la laptop. La pantalla iluminó sus rostros en el callejón oscuro.
—Quiero mostrarte por qué eres buena. Y por qué todavía no lo sabes.
Parte 2: Debugging (Depuración de Errores)