El Auditor

Capítulo 36: Honorarios y Fantasmas

Lunes, 8:49 PM – Camerino 3, Studios North

El silencio en el camerino pesaba más que los aplausos.

Ruri estaba sentada frente al espejo, temblando. La adrenalina se había ido, dejándola vacía, como una cáscara de huevo después de que el polluelo ha salido.

María estaba de pie detrás de ella, limpiándole el maquillaje negro que se había corrido por el cuello con toallitas húmedas. Sus movimientos eran eficientes, casi quirúrgicos. Limpiar, tirar, limpiar, tirar.

Norman estaba de pie junto a la puerta, cerrando su maletín. No había sonrisas. No había "felicidades".

Ruri levantó la vista, buscando aprobación en el reflejo del espejo.

—¿Lo hice bien?

Norman no la miró. Siguió ajustando los broches del maletín.

—Ganaste. El margen fue de 4.8%. Estadísticamente es un empate técnico, pero legalmente es una victoria. Q-ART no lo esperaba.

Ruri soltó el aire que había estado conteniendo.

—Entonces... ¿soy libre?

Norman se detuvo. Levantó la vista y la miró a través del espejo. Sus ojos grises eran fríos.

—Al contrario. Ganar te ha hecho más cara. Tu cláusula de rescisión acaba de subir de valor. Antes eras un problema para Q-ART, ahora eres un activo valioso que genera controversia. Escapar será más difícil.

Ruri sintió un nudo en el estómago.

Norman miró su reloj.

Stynks vs Sasha empieza en 4 minutos. Necesito auditar al próximo rival. No cometan estupideces. Quédense aquí hasta que la prensa se vaya.

Se dio la vuelta y salió del camerino.

La puerta, vieja y mal ajustada, no cerró del todo. El pestillo rebotó contra el marco, dejando una rendija abierta de tres centímetros.

ESCENA: EL ESPIONAJE

Ruri se levantó para cerrar la puerta. Quería privacidad. Quería llorar sin que el pasillo la escuchara. Pero se detuvo al escuchar una voz.

—Disculpe... señor. —Era una voz de chica, tímida y temblorosa.

María, que estaba guardando las toallitas sucias en una bolsa de basura, se congeló. Le hizo una seña a Ruri para que guardara silencio.

Ambas se acercaron a la puerta. Miraron por la rendija.

El pasillo estaba en penumbra, iluminado solo por las luces azules de emergencia y el resplandor de una máquina expendedora al fondo. Norman estaba allí, de espaldas a ellas. Frente a él, una chica pequeña.

Llevaba una sudadera gris tres tallas más grande y una gorra de béisbol calada hasta los ojos. Se veía minúscula frente a la postura rígida de Norman.

—¿Usted es el de la carpeta? —preguntó Yuki—. Vi "Siren C" cuando pasó. Usted no es de aquí.

Norman no se movió. Ajustó el maletín bajo su brazo.

—No sé de qué hablas.

Yuki dio un paso adelante, desesperada.

—Lo vi. Usted sacó a S_Hollow. Usted arregló esto. Por favor... necesito ayuda.

—¿Quién eres?

Yuki se levantó un poco la visera de la gorra. Ruri y María no pudieron ver su cara desde el ángulo, pero vieron cómo los hombros de Norman se tensaban imperceptiblemente.

Soy la que acaba de perder 102 millones de yenes.

Hubo un silencio pesado.

—Tengo la cláusula 7.3 —continuó Yuki—. Dicen que es legal. Dicen que tengo que pagar o ser su esclava por tres años. Usted sabe de contratos. Lo vi en sus ojos cuando miró a los ejecutivos.

Norman suspiró. Fue un sonido cansado.

—La cláusula 7.3 es estándar en contratos de riesgo. Para pelearla, necesitas una auditoría forense de los libros de Q-ART para probar mala fe o proyección inflada.

—Entonces... ¿me ayuda?

Norman la miró con esa mirada analítica que Ruri conocía bien. La mirada que calculaba costo y beneficio.

—¿Tienes activos? ¿Propiedades? ¿Ahorros?

Yuki bajó la cabeza.

—Tengo deudas.

Norman ajustó su abrigo. Su voz salió plana, sin crueldad, pero sin piedad.

Mis honorarios base son un millón de yenes por apertura de caso. No trabajo a crédito y no hago caridad. Lo siento.

—Pero... si no me ayuda, me van a destruir.

—Entonces no tienes un caso. Tienes una tragedia. Y yo no audito tragedias gratis.

Se dio la vuelta. Rodeó a la chica y siguió caminando hacia el final del pasillo, hacia la puerta que llevaba al estadio.

Yuki se quedó sola. Se recargó contra la máquina expendedora y se deslizó hasta el suelo, escondiendo la cara entre las rodillas.

En el camerino, Ruri se giró hacia María con los ojos muy abiertos.

—Tenemos que hacer algo.

María negó con la cabeza, cerrando los ojos con fuerza.

—Ni se te ocurra.

ESCENA: EL DUELO PERDIDO

Norman empujó la puerta pesada que conectaba el backstage con el área pública.

El ruido lo golpeó como una pared física.

Guitarras eléctricas distorsionadas. Gritos de tres mil personas. El olor a azufre de la pirotecnia.

Miró hacia el escenario.

Stynks ya estaba a mitad de su primera canción. Había fuego en el escenario. Bailarinas con trajes de cuero. Un espectáculo de rock corporativo diseñado al milímetro.

Norman se detuvo en el pasillo de entrada.

Se había perdido la introducción. Se había perdido la entrada de los concursantes. Era la primera vez en todo el torneo que priorizaba un problema de pasillo sobre el análisis del show.

"Un millón de yenes", pensó.

Era una mentira. Él había tomado casos por menos. Había tomado el caso de Ruri por una fracción de eso porque veía potencial. Pero esa chica... esa chica olía a derrota. Y la derrota es contagiosa.

Sacó su tablet. Se obligó a mirar al escenario. A analizar los BPM de Stynks. A calcular la inversión en pirotecnia.

Desconectó su mente de la chica de la gorra. Su trabajo era Ruri. El mundo no podía ser salvado entero.

ESCENA: EL CHOQUE DE REALIDAD

Cinco minutos después.

Ruri y María salieron del camerino. Llevaban sus mochilas. Ruri tenía puestos unos lentes oscuros grandes y una mascarilla médica negra para ocultar su identidad. Tenían que irse antes de que la prensa bloqueara las salidas.



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En el texto hay: misterio, thriller, manager

Editado: 20.03.2026

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