El Auditor True End

Capítulo 2: Déficit de atención

EL AUDITOR

Capítulo 2
Déficit de atención

El Dashboard tardó menos de un segundo en descontar los gastos del Siren’s Call.

Capital disponible: ¥14.978.000.

Llamadas recibidas: 0.

El domingo comenzó con dos cifras.

No necesitaba comprobar ninguna de las dos. La primera coincidía con el efectivo retirado. La segunda coincidía con el silencio del teléfono.

Aun así, mantuve ambos campos visibles.

La pantalla ocupaba el extremo derecho de la mesa. A su izquierda había un plato, una balanza digital y cuatro gramos de arroz que no formarían parte del desayuno.

El display había marcado ciento cincuenta y cuatro.

Retiré cuatro.

Después registré los gastos de la noche anterior.

Intermediación y acceso: ¥10.000.

Tiempo de evaluación: ¥10.000.

Facilitación: ¥2.000.

Total: ¥22.000.

Asigné los dos primeros movimientos al expediente de Ruri. El tercero quedó clasificado como costo de acceso.

No escribí «apuesta».

Las apuestas dependían del azar. Aquello había producido información verificable.

Abrí el campo de retorno.

Seguía vacío.

El teléfono permanecía a la derecha del teclado, con la pantalla hacia arriba.

No formaba parte del procedimiento habitual.

Lo giré boca abajo.

Comí mientras revisaba el calendario de actuaciones de Osaka.

La búsqueda no se detenía porque una candidata tuviera una voz excepcional. Tampoco porque hubiese mirado mi tarjeta durante seis segundos antes de guardarla.

El mercado no recompensaba la espera.

El lunes, el nombre de Stynks apareció en tres fuentes distintas.

La primera era un foro local con menos de cien usuarios activos. La segunda, una reseña breve en un blog de música independiente. La tercera, el calendario de actividades de un parque municipal al norte de Osaka.

Los datos básicos no justificaban atención.

Doscientos tres seguidores.

Cuatro canciones publicadas.

Una media de ciento veintisiete reproducciones por pista.

Una actuación gratuita anunciada para el jueves.

Los comentarios sí presentaban una anomalía.

«Demasiado agresivos para ser pop».

«No suenan como en sus fotografías».

«La cantante es buena, pero todo lo demás compite con ella».

«La última canción funciona. No sé por qué».

Abrí un expediente.

Proyecto: Stynks.

Clasificación declarada: Pop/Rock.

Identidad percibida: inconsistente.

Atención inicial: baja.

Importé las cuatro canciones.

La mezcla de las demos era deficiente. La guitarra ocupaba frecuencias que pertenecían a la voz. El bajo desaparecía en dos pistas y saturaba la tercera. La batería estaba comprimida hasta perder cualquier diferencia entre golpe y golpe.

Producción corregible.

La ausencia de criterio no siempre lo era.

Revisé las fotografías.

Cuatro integrantes. Dos mujeres al frente. Dos hombres detrás. Cuero negro, tipografías angulosas, luces rojas y poses diseñadas para sugerir una agresividad que las canciones no sostenían.

La imagen prometía confrontación.

La música pedía dirección.

El martes agregué el concierto al calendario.

El miércoles, el teléfono continuó sin registrar llamadas.

No abrí el expediente de Ruri.

El Dashboard lo hizo automáticamente al iniciar el sistema.

Lo cerré.

El jueves llegué al parque a las diecinueve cuarenta.

La actuación comenzaba a las veinte.

El lugar había sido anunciado como «anfiteatro exterior». Era una tarima de madera de cuatro metros por tres, levantada sobre bloques metálicos en medio de un terreno de césped irregular. Dos focos portátiles apuntaban hacia el frente. Un tercero iluminaba un árbol.

No parecía una decisión artística.

A un costado, un técnico desenredaba cables con la urgencia de alguien que había empezado demasiado tarde. Cada vez que conectaba uno, los amplificadores respondían con un zumbido grave. La batería ya estaba montada. Los platillos reflejaban las luces municipales.



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En el texto hay: misterio, thriller, manager

Editado: 24.07.2026

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