El Auditor True End

Capítulo 5.5: El hombre más aburrido de Osaka - Parte 2

EL AUDITOR

Capítulo 5.5 — Parte 2
El hombre más aburrido de Osaka

Especial

A las ocho horas con nueve minutos regresamos al Siren’s Call.

Kenji había abierto solo la mitad de las cortinas. Había cuatro clientes. Dos desayunaban. Uno dormía con la frente apoyada sobre una mesa. El cuarto hablaba por teléfono cerca de la entrada.

María ocupó el reservado con la laptop, dos discos externos y los audífonos puestos.

—Dos horas —dijo—. Nadie mira la pantalla.

—Necesito auditar el proceso.

—Auditas el resultado.

—El resultado no permite separar qué decisiones fueron accidentales.

—Ese es literalmente el problema que intentas demostrar.

Ruri se sentó junto a ella.

—Yo sí puedo mirar.

—Tú eres control humano. Tu trabajo es impedir que él se acerque.

—No acordé esa función —dije.

—La acepto —dijo Ruri.

Kenji dejó una taza de café frente a mí.

—Cortesía de la casa.

—No pedí café.

—Lo sé. Por eso es cortesía y no venta.

—Ya consumí la dosis programada.

—Entonces míralo enfriarse. Puede ser lo más emocionante de tu mañana.

Me senté en la mesa exterior al reservado.

Desde allí podía ver a María sin ver la pantalla. La velocidad de sus manos no coincidía con el estado general de su cuerpo. Su postura parecía cansada. Los atajos eran exactos. Clasificó clips, sincronizó audio, marcó frases y descartó la mayor parte del material antes de completar la primera revisión.

Cuarenta y siete minutos de grabación.

Cuarenta y dos segundos sobrevivieron al primer corte.

Añadió otras tomas.

Volvió a eliminar.

El video final no necesitaría mostrar mi rutina.

Necesitaba mostrar una interpretación de ella.

A las nueve horas con treinta y seis minutos, Ruri se cubrió la boca para evitar reír. María detuvo la reproducción y corrigió un corte.

A las nueve horas con cuarenta y ocho minutos, Kenji entró al reservado. Salió doce segundos después.

—¿Qué vio? —pregunté.

—Nada.

—Su expresión contradice la respuesta.

—Vi el motivo por el que algunas personas no deberían recibir música dramática.

A las diez horas con dos minutos, María exportó.

Duración: ochenta y siete segundos.

Tamaño: ciento cuarenta y seis megabytes.

Formato: vertical.

—¿Por qué vertical? —pregunté.

—Porque quiero reproducciones, no respeto.

Giró la laptop hacia nosotros.

—Primera y única aprobación técnica. Puedes señalar información privada. No puedes pedir cambios porque parezcas un psicópata.

—No parezco un psicópata.

Ruri se acomodó en el asiento.

—Todavía no viste el video.

María presionó reproducir.

La pantalla quedó negra.

Un pitido breve.

La balanza de cocina apareció en primer plano.

180 g.

Un solo grano de arroz cayó dentro del recipiente.

La cifra se estabilizó.

Corte.

Mis ojos reflejados en una pantalla azul.

Una voz surgió fuera de cuadro.

Mi voz.

—Nada significativo deja de ser nada cuando se repite todos los días.

La frase pertenecía al café.

El video no lo mostraba.

Un pulso grave comenzó debajo del sonido del teclado.

Planos rápidos.

Tres lápices alineados.

Una lista de candidatos.

El cursor suspendido sobre DESCARTAR.

Texto blanco sobre negro.

SESENTA CANDIDATOS.

Corte a mi mano presionando el mouse.

—La esperanza no corrige la afinación.

DESCARTADO.

El pulso se duplicó.

Plano lateral de mi rostro dentro de la franja de luz que María había fabricado con la cortina.

Texto.

ÉL NO BUSCA SUEÑOS.

Corte a la descripción de una candidata. No podía leerse el nombre. Solo las palabras “desde los seis años”.



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En el texto hay: misterio, thriller, manager

Editado: 23.08.2026

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