EL AUDITOR
Capítulo 7.5 - OTHER SIDE
Cinco es mejor que cero
Parte 2
◆
RURI
A las nueve cincuenta y tres, Ruri ya estaba sentada junto a la ventana de la cafetería del toldo verde.
A las diez en punto había pedido agua. A las diez y siete, café. A las diez y veintinueve revisó el mensaje por cuarta vez.
Cafetería a dos cuadras del Siren’s Call. Toldo verde. Diez de la mañana.
A las diez y treinta y uno, María entró con el cabello recogido de cualquier manera, una mochila abierta, un vaso de café comprado en otro local y la expresión de alguien que acababa de descubrir que la mañana existía.
Vio a Ruri, miró el reloj de la pared y se detuvo.
—Mierda.
Ruri cruzó los brazos.
—Media hora.
—Treinta y un minutos.
—Eso no mejora nada.
—No. Solo demuestra que sé leer un reloj.
María dejó la mochila en el suelo y se sentó.
—Perdón. Me quedé dormida.
Ruri no respondió.
—Puse dos alarmas.
—Funcionaron muy bien.
—Las apagué con una eficiencia impresionante.
Ruri intentó seguir enojada. Duró poco.
María levantó una mano.
—No me perdones todavía. Primero muéstrame el desastre por el que sacrificaste mi sueño.
—No es un desastre.
—Entonces esta reunión será mucho más corta.
Ruri giró el portátil.
María reprodujo el video de Can Do It! completo. No habló. Volvió al inicio y lo vio otra vez.
—¿Qué? —preguntó Ruri.
—Estoy verificando algo.
Pausó en el segundo veintiséis.
—¿Quién puso esa tela delante de la lámpara?
—Una de ellas.
—Buena decisión. ¿Quién limpió el audio?
—Yo.
—Regular decisión.
—Gracias.
—Para haber usado un programa gratuito, está aceptable.
Terminó la segunda reproducción y cerró el video.
—Es extremadamente amateur.
Ruri sintió que algo se le hundía en el estómago.
María levantó un dedo.
—Y es muchísimo mejor que el Siren’s Call.
—Eso no suena mejor.
—Porque estás escuchando solo el adjetivo que te duele.
María señaló la pantalla.
—Aquí ya hay decisiones. Quitaron el pedestal. Dejaron de atravesarte como si fueran protectores de pantalla. La canción tiene espacio. Una de tus compañeras entendió dónde debía desaparecer visualmente y la otra aprendió a sostener una luz sin convertirte en una aparición paranormal.
—Pero sigue siendo amateur.
—Sí.
—¿Se puede arreglar?
—El archivo, sí. La candidatura, no.
María abrió la página de CYT y le mostró la condición que Ruri no había leído: una vez publicada y visible en el ranking, la pieza quedaba bloqueada.
—Pueden retirarla. No sustituirla.
—Genial.
—Es televisión. Si pudieras corregir cada error después de ver cómo responde el público, perderían su juguete favorito.
—¿Cuál?
—Tus errores.
Ruri cerró el portátil un poco más fuerte de lo necesario.
—Lo vi cincuenta veces.
—Eso ya lo sé.
—Y cada vez se veía mejor. Pero en la última entendí que, si yo no estuviera ahí, no creo que quisiera verlo otra vez.
María dejó el café sobre la mesa.
—Eso sí es una razón para llamarme.
Ruri respiró.
—Quiero contratarte.
—Todavía no sabes cuánto cobro.
—Por eso estoy preguntando.
María la observó.
—Antes de hablar de dinero, dime qué crees que hago.
—Editas.
—Mal comienzo.
—Grabas.
—También.
—Haces que J y D parezcan mejores.
María sonrió.
—Eso estuvo más cerca.
Ruri recordó lo que había dicho la noche anterior.
—Dijiste que trabajabas con AIRAM. ¿Puedo ver algo tuyo?
María abrió una carpeta local.