El Auditor True End

Capítulo 8.5: (Canon) Matando al dragón de dos cabezas - Parte 2

EL AUDITOR

Capítulo 8.5
Matando al dragón de dos cabezas
Parte 2

Domingo 11. Un día antes del live.

Hay días en que una historia cambia porque alguien toma una decisión enorme.

Ese domingo cambió porque Minase pagó por dos horas de un auditorio con ochenta y seis butacas, una consola que había sobrevivido al menos a tres administraciones y un aire acondicionado que sonaba como si estuviera considerando la jubilación.

Romanticismo en su forma más pura.

Yo, mientras tanto, había empezado el día a las 07:12 preguntándome si era legal asesinar una armonía antes de que la armonía me asesinara a mí.

No lo era.

Consulté mentalmente.

A las 08:03 AIRAM J+D ya estaba en la sala B-4 de Studios North.

J tenía una botella de isotónica, dos cafés y una certeza absoluta de que dormir era una concesión burguesa.

D tenía una bufanda alrededor del cuello, una taza de té y la mirada de alguien que había empezado a reconsiderar todas las decisiones que lo llevaron a conocer a J.

Yo tenía un cronómetro.

Era suficiente.

—Desde el cuarenta y seis —dije.

J levantó un dedo.

—Antes de empezar, tuve una idea.

—No.

—Ni siquiera la escuchaste.

—Eso mejora mis probabilidades de conservar la mañana.

D tosió para esconder una risa.

—Tú respira —le dije—. Y deja de sonreír cuando él se equivoca. Se escucha.

—¿Se escucha una sonrisa?

—La tuya sí.

J señaló la consola.

—Mi idea era mover el segundo coro cuatro compases.

—Tu idea acaba de morir.

—María.

—Tuvo una vida breve pero intensa. Desde el cuarenta y seis.

Empezaron.

Dos compases después J entró antes.

Detuve la pista.

—Eso fue intención —dijo.

—Eso fue temprano.

—La intención era entrar temprano.

Miré a D.

—No lo ayudes.

D ya estaba doblado sobre sí mismo intentando no reír.

Durante las siguientes tres horas conseguimos transformar una catástrofe potencial en una catástrofe estadísticamente menos probable.

A esas alturas consideré el trabajo bien hecho.

No sabía que en otro punto de Osaka dos personas estaban a punto de hacer exactamente lo contrario: enseñarse mutuamente cosas que las volverían más peligrosas al día siguiente.

Eso fue mucho más interesante.

Qué falta de respeto hacia mi sufrimiento.

A las 13:08 Minase escribió por Line.

MINASE: Acuérdate de las 17.

Elías respondió un minuto después.

ELÍAS: Sí.

MINASE: Eso no responde si vas a llegar.

ELÍAS: Sí.

MINASE: ...

ELÍAS: Voy a llegar.

MINASE: Gracias.

Treinta segundos después:

MINASE: Era tan difícil escribir eso desde el principio?

ELÍAS: No.

Ella dejó el teléfono boca abajo.

Así empezaron a desarrollar una dinámica que, con el tiempo, se volvería extraordinariamente eficiente: Minase utilizaba doce palabras para formular una pregunta y Elías contestaba con la cantidad mínima de caracteres necesaria para impedir que ella fuera personalmente a buscarlo.

A veces no lo conseguía.

Pero todavía no hemos llegado a esa parte.

El auditorio quedaba a diecisiete minutos de Studios North si el metro cooperaba y a una cantidad indefinida de tiempo si Osaka decidía recordar que también tenía tráfico humano.

No pertenecía a Q-ART.

Eso era importante para Minase.

Había pagado la sala con su propio dinero.

No se lo había pedido Cyndy.

No se lo había pedido el director musical.

Nadie de producción había añadido «corregir a Miki» a una hoja de cálculo y asignado presupuesto.

Q-ART había comprado para Stynks mejores condiciones.

Minase estaba intentando comprar dos horas para aprender a utilizarlas.

Llegó a las 16:31.

Veintinueve minutos antes.

Naturalmente.



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En el texto hay: misterio, thriller, manager

Editado: 23.08.2026

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