El aula: un reality show sin cámaras 2

Un cajón de sorpresas

Quién dijo que en el cajón de una directora hay material de escritorio? Si vieran los míos, llamarían de inmediato a un comité de expertos en conductas extrañas. Olvídense de los clips y los resaltadores. Mi escritorio es una zona de contrabando: ahí conviven, en perfecta armonía, maquillaje, vaselina, un vaper sabor frutilla, navajas, destornilladores, trinchetas y un arsenal de armas de cebita digno de una película de acción de bajo presupuesto.Detrás de cada objeto hay una historia tragicómica. Pequeños rebeldes de primaria intentando desafiar el orden establecido y maestros que, autopercibiéndose agentes del servicio secreto, ejecutan requisas implacables. El protocolo escolar es claro: se incauta el botín, se cita a la familia y se devuelve la pertenencia. Pero la realidad es otra. A los padres les da tanta vergüenza venir a reclamar un cuchillo de plástico o un labial que prefieren dejarlos en el olvido.Así que ahí siguen mis tesoros, acumulando polvo por meses y años. El otro día, una maestra nueva entró desesperada a mi oficina buscando un elemento para cortar cartulina. Le señalé el escritorio y le dije: "Buscá tranquila en el primer cajón". Al abrirlo, la pobre se quedó pálida mirando el arsenal. Me miró con los ojos abiertos como platos y yo, con total naturalidad, le sugerí: "¿Para la cartulina qué preferís... la trincheta de Juanito de cuarto grado o el machete de utilería que le saqué a Lucas en el acto de San Martín?".



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En el texto hay: humor, relatos cotos, docencia

Editado: 05.07.2026

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