Noha era de esos alumnos que agotaban a cualquiera. No se portaba mal de vez en cuando... se portaba mal todos los días.
Nada de lo que explicaba la seño lograba captar su atención. Las maestras suplentes desfilaban por ese cuarto grado como figuritas repetidas de un álbum. Duraban poco. Muy poco.
Y Noha no actuaba solo. Tenía un verdadero equipo de seguidores que convertía cada mañana en una aventura de supervivencia docente.
Como las caras cambiaban constantemente, desde la conducción de la escuela —que yo integraba— citábamos a sus padres casi una vez por semana.
Los temas eran siempre los mismos:
—Que haga la tarea.
—Que venga bañado.
—Que deje de molestar y tocar a los compañeros.
—Que no traiga objetos indebidos.
Promesas entraban... cambios nunca.
Pero un viernes superó todos los récords.
Corría desaforado por los larguísimos pasillos de la escuela, gritaba, no obedecía a nadie y parecía completamente fuera de control.
Cuando por fin logramos calmarlo, entre llantos confesó el motivo.
—Es que me quieren hacer adelgazar... ¡y no me dieron de cenar!
Era un nene gordito. Ya les habíamos explicado varias veces a sus padres que una dieta no podía improvisarse y que debían consultar con un nutricionista.
Como todavía faltaba toda la tarde de clases y el chico estaba realmente alterado, decidimos llamar a su papá para que lo retirara y conversar seriamente sobre lo que estaba pasando.
Media hora después llegó.
Todos los docentes nos dimos vuelta para recibirlo.
Y ahí apareció la respuesta a meses de reuniones, pedidos, consejos y recomendaciones.
No hizo falta que dijera una sola palabra.
Entró con una remera que tenía una enorme foto de Maradona y, debajo, una frase inolvidable:
"Que la siga chupando."
Nos miramos entre todos.
En ese instante entendimos exactamente la importancia que ese papá les daba a nuestras reuniones, a nuestros pedidos... y, probablemente, también entendimos un poco mejor por qué Noha era como era.
Fue la respuesta más contundente que recibimos de un padre.
Y lo más increíble... fue que la dio sin abrir la boca.