El aula: un reality show sin cámaras

Episodio 36: La directora: el comodín del mazo

Cuando yo era alumna, en los años setenta y principios de los ochenta, la directora era una figura casi mitológica.

Todos sabíamos que existía.

Algunos hasta la habíamos visto.

Pero siempre estaba en la Dirección.

Sentada detrás de un escritorio enorme, rodeada de biblioratos, sellos y papeles.

Salir de esa oficina era un acontecimiento extraordinario.

Si aparecía por el patio durante un recreo, el silencio era instantáneo.

Parecía que hasta las palomas dejaban de volar.

Nadie se animaba a molestarla.

Nadie le iba a pedir una curita.

Ni un rollo de papel higiénico.

Ni que abriera una puerta.

Ni que buscara una zapatilla perdida.

La directora dirigía.

Punto.

Hoy la escena cambió tanto que, si una directora logra permanecer diez minutos seguidos sentada en su oficina, probablemente sea porque la escuela está cerrada.

La directora moderna es el comodín del mazo.

Esa carta que aparece cada vez que falta cualquier otra.

No importa cuál sea el problema.

Siempre termina diciendo alguien:

—Llamen a la directora.

Y allá va.

Con un rollo de papel higiénico bajo un brazo.

Una bolsa de hielo en la otra mano.

Un manojo de llaves colgando del cuello.

El teléfono sonando.

Y la lapicera esperando, desde hace una hora, que alguien la deje firmar un papel.

Porque la realidad es que hoy la directora no solo dirige.

Cierra canillas.

Controla el comedor.

Cuenta autorizaciones.

Junta dinero para una salida.

Reemplaza a una docente unos minutos.

Busca una campera perdida.

Media en un conflicto.

Recibe a una familia.

Habla con Supervisión.

Responde el teléfono.

Y cuando, por fin, consigue sentarse...

Golpean la puerta.

—Directora... ¿puede venir un segundito?

Todos sabemos que ese "segundito" nunca dura un segundito.

Y así transcurre el día.

No porque la directora quiera estar en todo.

Sino porque, en una escuela, siempre aparece algo que necesita ser resuelto... y alguien convencido de que la única persona capaz de hacerlo es ella.

Por eso estoy convencida de que el nombre del cargo quedó viejo.

No debería llamarse "Directora".

Debería decir, simplemente:

Comodín.

Porque en una escuela, cuando falta cualquier carta... siempre hay alguien que grita:

—¡Llamen a la directora!

Y curiosamente siempre aparece aunque nadie sepa cómo hace para estar en todos lados al mismo tiempo....




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