El aula: un reality show sin cámaras

Episodio 41: Inventario de despedida

Hay familias convencidas de que cambiar de escuela produce milagros.

El alumno cruza la puerta de otra institución y, automáticamente, deja de interrumpir las clases, respeta las consignas, escucha a la maestra, comparte con sus compañeros, habla perfectamente y hasta resuelve operaciones de dos cifras mentalmente.

Una especie de transformación educativa instantánea.

Y, aunque parezca increíble... sucede más seguido de lo que uno imagina.

En el 2024 , en el último mes de clases, la mamá de Lío decidió cambiarlo a una escuela privada. Era la escuela a la que siempre había querido enviarlo, pero recién en noviembre apareció una vacante.

Durante todo el año, Lío había tenido muchísimas dificultades para respetar las normas. Pegaba a sus compañeros, desobedecía indicaciones y cualquier observación que hacíamos era interpretada por su mamá como una persecución contra su hijo.

Según ella, el problema nunca era Lío.

Era la escuela.

Éramos nosotros.

Varias veces insulto a padres de sus compañeros, a los maestros y por supuesto a la conducción.

Finalmente llegó el esperado cambio.

Pero antes de irse, recibimos un correo electrónico con un detalle minucioso de todas las pertenencias que pasaría a retirar.

La lista era memorable.

  • Un rollo de cocina.
  • Una caja de curitas.
  • Un libro de Los tres chanchitos.
  • Un block de hojas de colores.
  • Un marcador negro.
  • Tres dados.

Confieso que leí el mail dos veces para asegurarme de que no era una broma.

El rollo de cocina... señora, estamos en noviembre. Ese rollo había secado más mocos, témperas, agua derramada y manos pegoteadas que un servicio de limpieza profesional.

La caja de curitas ya había cumplido una misión heroica atendiendo rodillas raspadas, dedos pellizcados y pequeños dramas infantiles que requerían más contención que adhesivos.

El libro... pertenecía a la biblioteca del aula. Quién sabe en qué momento pasó a mejor vida..

El block de hojas de colores ya era parte de cientos de producciones, tarjetas, collages y manualidades. Si quedaba alguna hoja, era un verdadero milagro.

El marcador negro... negro ya no era. Había evolucionado a un elegante gris claro después de nueve meses de servicio intensivo.

Y los tres dados...

Todavía me pregunto cómo esperaba que identificáramos cuáles eran exactamente los de Lío.

¿Les hacíamos análisis de ADN?

¿Había una marca secreta?

¿Un chip?

Desde ese día aprendimos una valiosa lección de gestión escolar.

Para evitar discusiones interminables, es más barato comprar un rollo de cocina, un marcador, un block de hojas y hasta tres dados nuevos...

...que intentar convencer a algunas familias de que los útiles escolares tienen una vida útil.

Porque en la escuela hay cosas que desaparecen misteriosamente... pero el sentido común, a veces, se va mucho antes.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.