El Aullido Prohibido

CAPÍTULO 4: EL PESO DEL EQUILIBRIO

"Amar es romper lo que sostiene al mundo."

El universo no gritó.

Susurró.

Cuando la Muerte retiró la lanza del pecho de él, algo más, en algún lugar donde no existe el cielo ni la tierra, abrió los ojos.

No era dios.
No era demonio.
Era más antiguo que ambos.

El Equilibrio.

No tiene forma fija.
A veces es voz.
A veces es sombra detrás de la sombra.

Esa noche tomó forma frente a ella como un cielo sin estrellas.

—Has interferido.

No fue reproche.
Fue constatación.

Ella no se inclinó.
Nunca lo había hecho.

—Era prematuro.

Mentira.

La entidad lo sabía.

—Nada es prematuro. Todo ocurre cuando debe.

En el campo, lejos de esa conversación invisible, él respiraba nuevamente. Su herida cerrada ardía como un recuerdo que no quiere desaparecer.

Pero en una aldea distante…
una niña dejó de respirar.

Sin enfermedad.
Sin aviso.

Solo silencio.

El equilibrio se cobró su deuda.

Ella lo sintió.

La pérdida no fue en su mano.
Fue en su conciencia.

Cada vez que ella desviara su deber… algo más pagaría.

—No puedes elegir —dijo la entidad—. No estás diseñada para eso.

Diseñada.

Esa palabra perforó algo dentro de ella.

¿Era solo un mecanismo?

¿Un engranaje en una máquina eterna?

—Él no pertenece a este orden —respondió.

—Entonces corrígelo.

La orden era clara.

Eliminar la anomalía.

Eliminarlo a él.

Esa noche ella volvió al acantilado.

Él estaba allí otra vez, como si supiera que el mundo se estaba inclinando en su contra.

—Viniste diferente —dijo al verla.

Sí.

Había distancia.

Había algo quebrado.

—Si te dejo vivir —susurró ella— otros morirán.

Él no dudó.

—Siempre mueren.

—No así.

El viento se volvió frío.

—Entonces déjame morir —dijo él.

Por primera vez, no lo dijo como desafío.

Lo dijo como ofrenda.

Silencio.

La Muerte sintió algo imposible: miedo.

No de perderlo.

De perder lo que sentía cuando estaba cerca.

Porque si lo reclamaba, el mundo volvería a su eje.

Pero ella volvería a ser vacío.

Y si lo salvaba…

El mundo empezaría a fracturarse.

El Equilibrio observaba.

El universo aguardaba.

Y por primera vez en la historia eterna…

la Muerte estaba dudando.




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