El Aullido Prohibido

CAPÍTULO 5: LA VIDA QUE NO ERA SUYA

"Cada vez que me eliges, alguien más deja de existir."

No fue inmediato.

Fue un detalle.

Un susurro en el viento.
Un rumor en las aldeas cercanas.

Niños que morían sin causa.
Ancianos que se apagaban en pleno amanecer.
Corazones jóvenes que simplemente… se detenían.

Él comenzó a notar el patrón.

Siempre después de sobrevivir.

Siempre después de que ella lo tocara.

Siempre después de que el destino pareciera torcerse a su favor.

La confirmación llegó en un pueblo pequeño, al borde del bosque.

Había ayudado a reconstruir casas tras un incendio.
Había trabajado bajo el sol, ignorando su propia anomalía.

Y esa noche, una mujer corrió por la plaza gritando.

Su hijo.

Sano. Fuerte. Riendo una hora antes.

Muerto.

Sin herida.
Sin enfermedad.

Solo vacío.

Él sintió el frío antes de verla.

La Muerte estaba de pie junto al cuerpo del niño.

No había violencia en su gesto.
Solo inevitabilidad.

—No fue tu hora —le dijo él, acercándose.

Ella lo miró.

Y en sus ojos no había distancia.

Había culpa.

Eso fue peor.

—Dime que no es por mí —susurró.

Silencio.

El niño yacía inmóvil entre ambos.

—Cada vez que interfiero… el equilibrio se restituye —respondió ella finalmente.

No fue excusa.

Fue confesión.

El aire se volvió pesado.

Él retrocedió un paso.

—Entonces esa lanza…
—Debías morir.

La palabra quedó suspendida entre ellos.

Debías.

No querías.

Debías.




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