"El final no comienza cuando aparece el monstruo... comienza cuando descubres que no puedes proteger lo que amas."
El jardín desapareció.
Las flores se volvieron polvo.
Los árboles de cristal estallaron en miles de fragmentos luminosos.
Y la casa...
aquella pequeña casa donde existía una vida imposible...
fue la última en caer.
La Muerte la observó derrumbarse sin decir una palabra.
Pero él sintió cómo su mano temblaba.
Aquello no era solo un sueño destruido.
Era un futuro asesinado.
Nihrael descendió lentamente desde el cielo roto.
Su forma era imposible de recordar.
Cada vez que intentaban enfocarla, cambiaba.
Humano.
Bestia.
Sombra.
Luz.
Vacío.
Todo y nada al mismo tiempo.
El mundo rechazaba su existencia.
La realidad misma parecía enfermar a su alrededor.
Cuando sus pies tocaron el suelo, el jardín terminó de desaparecer.
Solo quedó oscuridad.
Y silencio.
Un silencio tan profundo que incluso los latidos dejaron de escucharse.
Nihrael sonrió.
—Así que esta es la parte de ti que vale la pena destruir.
La Muerte se colocó delante de él.
Otra vez.
Como siempre.
—No lo tocarás.
Nihrael inclinó la cabeza.
Divertido.
—Y ahí está el problema.
Extendió una mano.
Nada más.
Un gesto simple.
Pero el espacio se partió en dos.
Montañas enteras desaparecieron en la distancia.
Océanos se evaporaron.
Fragmentos del cielo dejaron de existir.
No fueron destruidos.
Fueron borrados.
Como si jamás hubieran sido creados.
Él comprendió algo aterrador.
Nihrael no era una criatura.
Era una ausencia.
Un agujero abierto en el concepto mismo de existencia.
—¿Por qué haces esto? —gritó.
La entidad lo observó.
—Porque el universo fue un error.
Aquellas palabras resonaron como un trueno.
—La creación fue una enfermedad.
El tiempo fue una enfermedad.
La vida fue una enfermedad.
El amor...
una enfermedad.
La Muerte apretó los puños.
—Mentira.
Nihrael soltó una carcajada.
—Y sin embargo, mírate.
Traicionaste tu propósito por una emoción.
Traicionaste el orden por un sentimiento.
Traicionaste la eternidad por un fragmento.
Entonces sus ojos se posaron sobre él.
Directamente.
—Y tú.
El inmortal sintió que algo atravesaba su alma.
—La parte más absurda de todas.
La compasión.
La esperanza.
El amor.
Las debilidades que fueron arrancadas de ella.
Por primera vez comprendió por qué Nihrael sonreía.
No quería destruirlos solamente.
Quería demostrar que el amor era un error.
Que todo lo humano era una falla.
Y para lograrlo...
necesitaba romperlos.
El Equilibrio apareció entonces.
Su forma se reconstruyó frente a ellos.
Más brillante.
Más poderosa.
Más desesperada.
—Basta.
Nihrael ni siquiera se giró.
—Llegas tarde.
—Aún no.
La entidad levantó ambas manos.
Miles de símbolos aparecieron en el cielo.
Runas antiguas.
Lenguajes anteriores a las estrellas.
El universo respondió.
Por primera vez desde que comenzaron las grietas...
algo luchó contra ellas.