El Aullido Prohibido

CAPÍTULO 12: LA RESPUESTA IMPOSIBLE

"El universo no se salva con poder. Se salva cuando alguien encuentra una razón para seguir viviendo a pesar del dolor."

Nadie habló.

Porque la pregunta de la Vida no tenía respuesta fácil.

¿Cómo justificar el sufrimiento?

¿Cómo defender un universo lleno de pérdidas?

¿Cómo convencer a alguien que había soportado una eternidad de abandono?

Incluso el Equilibrio guardó silencio.

Incluso la Muerte.

Incluso Nihrael.

Durante unos instantes, el destino de toda la existencia quedó suspendido en una sola pregunta.

¿Por qué vale la pena vivir?

La Vida observó a todos.

Esperando.

Desafiando.

Juzgando.

Y nadie respondió.

Hasta que él avanzó.

Un paso.

Luego otro.

La Muerte intentó detenerlo.

—No.

Él negó con la cabeza.

—Déjame intentarlo.

La Vida lo observó.

Curiosa.

—Habla, fragmento.

Él respiró profundamente.

Y por primera vez no habló como un inmortal.

No habló como una pieza perdida.

No habló como alguien enamorado de la Muerte.

Habló como un hombre.

—No creo que el sufrimiento tenga sentido.

La Vida frunció el ceño.

Aquella no era la respuesta que esperaba.

—No creo que exista una razón que justifique cada pérdida.

Cada muerte.

Cada despedida.

Nihrael sonrió.

Pensando que ya había ganado.

Pero él continuó.

—Creo que algunas cosas simplemente duelen.

Y seguirán doliendo siempre.

La Muerte lo observó en silencio.

—Perdí personas.

Perdí años.

Perdí oportunidades.

Perdí una vida normal.

Y aun así...

levantó la mirada.

—Si pudiera volver atrás, no borraría esos momentos.

La Vida permaneció inmóvil.

—¿Por qué?

Él sonrió.

Tristemente.

Humanamente.

—Porque también tuve momentos felices.

Recordé abrazos.

Recordé risas.

Recordé amaneceres.

Recordé promesas.

Y luego la miró a ella.

A la Muerte.

—Y porque la conocí.

La eternidad pareció detenerse.

—El dolor existe porque algo importó.

Si nadie amara...

nadie sufriría.

Pero tampoco existiría nada que valiera la pena recordar.

La sonrisa de Nihrael desapareció.

Por primera vez.

La Vida no respondió.

Solo escuchó.

Y él siguió hablando.

—No creo que la existencia sea perfecta.

Creo que es imperfecta.

Caótica.

Injusta.

A veces cruel.

Pero precisamente por eso cada momento importa.

Porque termina.

Porque puede perderse.

Porque no es eterno.

Las grietas del cielo comenzaron a vibrar.

Su luz cambió.

Como si el universo mismo estuviera escuchando.

—No vivimos porque el sufrimiento tenga sentido.

Vivimos porque encontramos personas que hacen que soportarlo valga la pena.

El silencio fue absoluto.

La Vida cerró lentamente los ojos.

Miles de millones de recuerdos parecieron cruzar por su mente.

Civilizaciones.

Niños.

Familias.

Amistades.

Amores.

Pequeñas historias que habían nacido gracias a ella.

Y entonces...

una lágrima cayó.

Esta vez no fue dorada.

Fue humana.




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