El baile del caos

Capítulo VIII - La evolución como humanos

—Félix, la Capitana, te necesita en Investigación —Dijo Evelyn por el comunicador.
—Voy en camino.
Félix caminó con paso firme hacia el sector. Entró a un laboratorio enorme, donde lo esperaban la Capitana y un grupo de científicos.
—Buenos días a todos —Saludó Félix, levantando una mano.
—Buenos días, Félix —Respondió la Capitana con su tono característico, aunque más animada—. Tenemos un avance que quiero que veas.
—¿Qué es? —Preguntó Félix, intrigado.
—No quise decírtelo antes. No quería cargarte con más responsabilidades.
Félix la miró con incertidumbre.
—En la batalla contra el Arquidemonio, hace un año, lograste cortarle un brazo… y lo recuperamos.
Félix se quedó paralizado.
—No… no puede ser. En todos estos años, los demonios se convertían en cenizas. Nunca recuperamos ni una gota de sangre.
—Exacto —Respondió la Capitana—. Asumimos que los Arquidemonios tienen una fisiología distinta.
La Dra. Ingrid Bauer, jefa del proyecto, tomó la palabra con una energía nerviosa
—Durante años, asumimos que evitaban el día porque la luz solar los dañaba. Pero, la UV ni la Gamma les hacían daño. Por otra parte, si una combinación de longitudes de onda que ninguna fuente artificial pudo replicar… hasta este mes.
Mostró un video. El brazo del Arquidemonio, inmóvil ante la luz artificial, comenzó a carbonizarse lentamente cuando lo expusieron a luz solar real.
Félix observó en silencio.
—Me sorprende que no intentara destruir el brazo cuando se lo corté.
—Tal vez no tuvo tiempo. Nunca pensó que serías tan hábil.
—Entiendo todo esto. Pero los demonios nunca atacan de día, no son idiotas. Los portales no se mantienen abiertos hasta el amanecer.
—Tiene razón —Intervino la científica—. Por eso trabajamos en una solución. Creamos esto.
Presionó un botón. Desde una cápsula blindada emergió una perla blanca de brillo intenso.
—La llamamos Partícula Solar —Dijo la científica, visiblemente emocionada—. Si la excitamos correctamente y concentramos el haz como un disparo…
Mostró un video. Un rayo atravesó el tejido del brazo demoníaco como si fuera manteca caliente.
Félix quedó atónito.
—Lo lograron… encontraron un punto débil. Felicidades a todos.
—Pero eso no es todo —Añadió la Capitana.
—Exacto. No nos servía el cristal suelto. Así que lo integramos en esto.
Presionó otro botón. De un gabinete oculto emergió una pistola de diseño extraño, robusto y metálico.
—La llamamos Solarum I —Anunció la Dra. Varga con orgullo contenido—. Levántala, por favor.
Félix la tomó. Sintió el peso. —Es pesada para ser una pistola. Como si tuviera un motor de auto adentro.
—Lo sabemos. Pero queremos que la pruebes personalmente.
En una esquina, colocaron varios fragmentos del brazo del Arquidemonio, uno detrás del otro.
—Presiona estos dos botones. Cuando escuches el zumbido, estará lista para disparar.
Félix obedeció. Sintió cómo la pistola se carga con un zumbido grave y desconocido. Apretó el gatillo. Un rayo blanco y concentrado salió disparado, atravesando todos los tejidos demoníacos sin dejar una sola marca en las paredes de contención.
Silencio. Luego, Félix sonrió.
—Esto… esto es maravilloso. Me imagino que se están guardando los inconvenientes para el final.
—Lamentablemente, sí —Dijo la científica con tono desanimado—. La pistola soporta solo un disparo. El tiempo de recarga es muy largo, y consume una batería extremadamente costosa y difícil de fabricar. Además… si el Arquidemonio lleva armadura, el rayo pierde efectividad.
Félix la miró con una expresión serena, pero decidida.
—No se preocupen. Han hecho un trabajo fantástico. Nos han dado la primera ventaja táctica real en décadas. Con tiempo, lograrán mejorarla. ¿Y quién sabe… por qué no combinar este haz con una de mis espadas?
Los científicos intercambian miradas, sus ojos brillando con nueva inspiración.
—¡Gracias por la idea, Félix! —Respondió la Dra. Varga, su tono lleno de emoción.
—¿Es todo?
—Por ahora, sí —Dijo la Capitana.
—Entonces me retiro.
—No. Aún no. Quiero que me acompañes al campo de entrenamiento.
—¿Para qué?
—Te lo contaré en el camino.
Ambos se despidieron del equipo y salieron caminando por los pasillos. Félix observó su mano, aun con el eco del disparo, vibrando en su palma. Por primera vez en mucho tiempo, sintió que tal vez… tenían una oportunidad.

En la cabaña, Félix dibujó en sus notas la Solarum I. Trazó líneas cuidadosas sobre la forma del arma, los circuitos de energía, y sobre todo, esa perla brillante que los científicos llamaron Partícula Solar.
Debajo del esquema, empezó a escribir en su diario:
"Sé que es solo un prototipo, pero fue la primera gran luz de esperanza que tuvimos después de un año de tinieblas. Sentí que, por primera vez, podríamos inclinar la balanza a nuestro favor.
Pero cuando salimos con el Capitana rumbo al campo de entrenamiento… jamás imaginé lo que iba a decirme. ¿Cómo lo haría? ¿Con qué cara me soltaría eso?"




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