El baile del caos

Capítulo IX - La nueva generación

Félix caminó junto a la Capitana por los pasillos del Cuartel General, aun repasando mentalmente el disparo que hizo con la Solarum I. Pero toda la euforia tecnológica se desvaneció cuando escuchó la bomba que acababa de soltar:
—¿¡QUÉEEEE!? —Gritó Félix, deteniéndose en seco como si hubiera visto un fantasma—. ¿Cómo que nuevos Centinelas? ¡Pero si no deben haber pasado ni los protocolos completos! ¿Y por qué no me lo dijiste antes?
—Porque sabía que te ibas a poner así —Respondió la Capitana, con los brazos cruzados y una cara de piedra inmutable.
—¡Soy el último Centinela! Bueno… ahora uno de los últimos, al parecer. Creo que merecía saberlo.
—Félix… no quería escucharte, quejarte. Te quejas demasiado. Es molesto. Punto final.
Félix se quedó con la boca abierta, a punto de protestar… pero una voz se le cruzaba en la cabeza: “Te quejas demasiado, es molesto”, le había dicho Emma más de una vez. Suspiró, y el aire de su protesta se desinfló.
—Está bien. Vamos a conocer a esos nuevos reclutas.
Siguieron caminando. Estaban cerca del campo de entrenamiento cuando la Capitana se detuvo.
—Félix, no solo quiero que seas su compañero. Quiero que los guíes, que les enseñes todo lo que sabes. Es la única forma de que estén listos.
Félix frunció el ceño, apretando la mandíbula. Murmuró entre dientes:
—Está bien…
Llegaron al campo. Estaba desierto… al menos en apariencia.
—¡Centinelas, preséntense! —Gritó la Capitana.
Cuatro jóvenes dieron un paso al frente. Visten trajes de entrenamiento, todos con una postura firme. La primera era una chica de aspecto asiático, baja, de cabello negro atado en una coleta. El segundo, un chico afroamericano, musculoso y de cabello afro corto. La tercera, de piel blanca, rulos pelirrojos recogidos y ojos verdes brillantes. El último, de tez caucásica, tiene algo inusual: un ojo azul y el otro violeta, con cabello castaño corto. Félix se detuvo un segundo en esos ojos… pero enseguida decidió ignorarlo.
—Soldados, quiero que conozcan a Félix —Dijo la Capitana con tono firme—. Es el último Centinela activo de la generación anterior.
Los cuatro quedaron boquiabiertos, mirándolo con una mezcla de respeto, asombro y nerviosismo. Como si estuvieran frente a una leyenda viva.
—Me retiro. Quiero que los conozcas bien. Desde ahora, están bajo tu responsabilidad absoluta y a tus órdenes.
—¿Ya te vas? —Preguntó Félix, incómodo.
—Sí. Tengo asuntos que resolver.
—¿Y qué se supone que haga con ellos?
—Eso lo decidís vos. Piensa en lo mejor para ellos… y para el futuro de la humanidad. Toda la presión está en vos.
Félix suspiró mientras la vio alejarse. Ahora, solo, se dio vuelta hacia los reclutas.
—Bien… como ya les dijo la Capitana, soy Félix, su tutor. Me gustaría que se presenten: nombre, edad, de dónde son —bajó un poco el tono, más serio—… y lo más importante: por qué quieren ser Centinelas.
Los cuatro se miraron entre sí, algo sorprendidos.
—Eso último es fundamental —Continuó Félix—. Va a influir mucho en si los mando a la banca o no durante una invasión. Y sabré si mienten. Así que… sin rodeos. Empecemos con usted, señorita.
La joven asiática dio un paso al frente y saludó con firmeza.
—Señor, es un honor conocerle. Me llamo Yui Takahashi, tengo 19 años, soy de Tokio, Japón. Quiero luchar contra los demonios porque… quiero que mi hermanito tenga un mundo donde vivir sin miedo. Mis padres murieron en una invasión. Él quedó en coma. Quiero que, si despierta, encuentre un lugar mejor.
Félix asintió, sin disimular cierto respeto.
—Gracias por compartir eso, Yui. Ahora tú, muchacho.
—Señor, es un honor —Expresó el joven afroamericano, firme—. Me llamo Tyrone Jefferson, tengo 20 años, soy de Philadelphia. Quiero luchar por venganza. Quiero que los demonios sufran.
—Fue en la doble invasión a Philadelphia, ¿verdad?
Tyrone bajó la mirada.
—Sí. Si no fuera por usted, toda la ciudad habría caído… pero mi familia y mis amigos no tuvieron la misma suerte.
Félix lo miró con seriedad, pero con algo de empatía.
—La venganza es una chispa momentánea, Tyrone. Pero proteger a quienes amas… eso arde más fuerte y más tiempo. Ya vas a encontrar a alguien por quien pelear.
—Tú sigues, muchacha —Mirando a la pelirroja.
Ella sonrió entusiasmada.
—¡Estoy muy emocionada de conocerlo, señor! Soy su fan más grande y… —Hizo una pausa al notar las miradas incómodas de sus compañeros—. Perdón, me dejé llevar. Me llamo Heather Sinclair, tengo 20 años, soy de Edimburgo, Escocia. Tuve la suerte de no perder a nadie, pero eso no quita el miedo de vivir esperando la próxima invasión. Si algún día tengo hijos… quiero que crezcan en un mundo feliz. Sano.
—Interesante motivación, Heather —dijo Félix, con tono ligeramente sarcástico, pero sin burla.
Finalmente, miró al chico de los ojos dispares.
—Y tú, adelante.
—Señor, soy Nicolás Mendoza. Tengo 19 años. Soy de Tucumán, Argentina. Quiero pelear contra los demonios para salvar a mi familia.
—Fue muy simple, pero… está bien, no es necesario que sigas si te afecta—Dijo Félix, empático
Nicolás sonrió, pero era una sonrisa forzada. —No, no es eso. Simplemente… me puse nervioso. Se me secó la garganta, ja, ja, ja —Balbuceó Nicolás, restándole importancia con un tono demasiado burlón.
—Está bien, lo dejaré pasar.
Hizo una pausa. Luego, dio unos pasos al centro del campo.
—Bien… ya nos conocemos un poco. Como estoy a cargo de ustedes, quiero ver qué tan capaces son.
Félix se sacó la campera, dejando solo un traje de entrenamiento. Los cuatro reclutas lo miraron, esperando alguna instrucción.
—¡Enfrentándome! —Exclamó Félix con una sonrisa desafiante.
Los chicos se quedaron congelados. Félix se cruzaba de brazos, relajado.
—Vamos… si quieren ser Centinelas, empiecen por intentar tocarme.
—¿Todos a la vez? —Preguntó Heather.
—Sí, pero sin poderes, si es que los tienen.
Todos los reclutas se reunieron.
—Tenemos que organizar un plan, no será sencillo —Advirtió Yui, frunciendo el ceño.
—¡No lo creo! —Gritó Tyrone, ya lanzándose hacia Félix con un puñetazo frontal cargado de fuerza.
Félix la esquivó sin esfuerzo, moviéndose antes de que Tyrone
—No lo aclaré: puedo defenderme también.
Agarró el puño de Tyrone en pleno vuelo, lo torció con un gesto casi casual, y lo golpeó directo al abdomen. Tyrone salió volando varios metros y cayó de espaldas.
Los demás se paralizan.
—Mierda… es muy rápido —Se sorprendió Nicolás, tragando saliva.
—Por eso dije lo del plan. ¡Félix es una leyenda! —Resopló Yui, mirando con molestia hacia Tyrone—. Tengo una idea. Flanquéenlo. Yo me lanzo por el medio. Soy más petisa, no me verá si lo distraen.
—Ok —Respondieron Heather y Nicolás.
Nicolás se movió a la derecha, Heather a la izquierda. Yui bajó el cuerpo, corrió agachada hacia el frente.
Félix sonrió. Con un movimiento, hizo que Heather y Nicolás choquen entre sí. Luego saltó por encima de Yui antes de que llegara a golpearlo y le dio una patada giratoria que la lanzó hasta donde estaba Tyrone.
Sin perder el ritmo, tomó del traje a los otros dos y los arroja con precisión junto a sus compañeros.
Todos terminaron sentados y adoloridos.
—Pega muy fuerte —Reconoció Yui, sobándose la espalda.
—Y creo que está siendo suave con nosotros… —Gruñó Nicolás.
Yui se dio vuelta hacia Tyrone.
—¿Puedes trabajar en equipo o qué te pasa?
—¿Y vos quién sos para darme órdenes? —Respondió él, molesto.
—¡Basta, chicos! No es necesario que peleen —Intervino Heather, levantando las manos.
—¡No te metas! —Gritaron Yui y Tyrone al unísono.
En ese momento, Félix apareció detrás de ellos. Su rostro cambió: ya no había sonrisa, solo una frialdad helada en su mirada. Su mera presencia intimidó a los reclutas
—Fue patético— Exclamo molesto
Miró directo a Tyrone.
—Impulsivo, temperamental, no piensas antes de atacar. Las invasiones no se detienen en solitario.
Luego a Yui.
—Tienes la mente de un estratega, pero impones tu voluntad. Un líder no arrastra; inspira. Si no, solo estás dando órdenes a cadáveres. Convence, no grites.
Heather intentó no desviar la mirada, pero Félix se la clavó como un puñal.
—Cuando viniste hacia mí, sentí tu miedo, tu desconfianza. ¿Miedo a perder lo que aún tienes? No dudes, Heather. Los demonios no tendrán piedad, y el miedo te mata.
Finalmente, se dirigió a Nicolás.
—Y tú… te escondes detrás de los chistes. En el combate, dudaste. No sé de qué huyes, pero si no dejas de hacerlo, lo que te alcance será mucho peor que un golpe mío.
Los chicos bajaron la mirada, tragándose la frustración.
Félix suspiró. Su tono bajó, pero no perdió firmeza.
—Sé que recién se conocen, pero no falta mucho para una nueva invasión. Tienen que actuar como equipo. Si uno mejora, todos mejoran. Les aseguro que eso es lo que marca la diferencia entre morir o sobrevivir.
Se dio vuelta.
—Terminamos por hoy. Mañana habrá otro entrenamiento. Vayan a enfermería si lo necesitan. Descansen.
—¡Sí, señor! —Respondieron todos al unísono.
Félix frunció el ceño.
—Muy formal. Solo llámenme por mi nombre.
—Hasta mañana, señ… Félix —Corrigió Heather con una sonrisa tímida.
—Hasta mañana, chicos — Sonando mucho más tranquilo
Félix se retiró caminando hacia el otro extremo del campo.
Los jóvenes se miraron entre ellos. Heather ayudó a Yui a ponerse de pie. Nicolás le dio una palmada a Tyrone en el hombro. Este lo miró de reojo, pero no lo apartó.
Algo empezaba a formarse. No era una unión aún, pero era el primer paso.




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