Al llegar la noche, Tyrone y Nicolás se dirigían al cuarto de las chicas y tocaron la puerta.
—¿Chicas? ¿Están listas? Vamos a cenar antes de que cierre la cafetería —Expresó Nicolás.
—¡Ahí vamos! —Contestó Heather desde adentro.
Las chicas abrieron la puerta y salieron.
—Vamos, tengo hambre —Bostezó Yui, estirándose.
—Yo también —Agregó Heather con una sonrisa, mientras empezaron a caminar—. Hoy nos esforzamos mucho.
—Nos hizo llegar al límite —Comentó Tyrone, rascándose la nuca con cara de agotado.
—Aún sigo molido —Añadió Nicolás.
Llegaron a la cafetería, se sirvieron la cena y se sentaron en una mesa.
Tyrone observó su plato, ladeando la cabeza. —¿Qué es esto?
—Creo que es estofado de pollo… o algo así —Respondió Nicolás, también algo escéptico.
Prueban un bocado.
—No está mal —Admitió Yui, algo sorprendida.
—Parecía peor —Sumó Nicolás, encogiéndose de hombros.
—Sí. Mucho mejor que la porquería que me daban cuando yo estaba en reclutamiento—Aseguró Tyrone mientras comía
Heather sonrió mirando a Yui.
—Estuviste fantástica hoy. No sabía que eras tan fuerte y tan rápida.
—Tú tampoco te quedas atrás. Eres la única con una defensa real. Tus escudos van a ser clave.
—Gracias, Yui —Expresó Heather con una mirada cálida.
—Gracias a ti también. Aunque… creo que tuve suerte de tener estos poderes. —Yui bajó la mirada.
—¿Por qué lo decís? —Indagó Tyrone, curioso.
Yui se quedó mirando su plato, inmóvil, atrapada por un recuerdo.
Heather notó su expresión y le habló con voz suave.
—No pasa nada, Yui. Parece que tiene que ver con tu pasado. No estás obligada a contarlo si no te sientes lista.
Yui exhaló con pesadez
—Quizás necesite contarlo. Tal vez así… me ayude a seguir adelante —Disminuyó su tono de voz—. Hubo una invasión cuando tenía doce años. Félix fue a Europa. A mi ciudad fueron otros Centinelas, pero se confiaron… y los demonios arrasaron varias casas. Una de esas era la mía.
El grupo escuchó en silencio. La voz de Yui era firme, pero se notaba que revivía un infierno.
—El techo de mi casa se vino abajo. Mató a mis padres al instante. Vi sus cuerpos ahí.
Heather le tomó el hombro, con cuidado.
—Yui, puedes parar si lo deseas…
—No… quiero seguir —Declaró Yui, apretando los puños—. Salí de los escombros y vi a mi hermanito, inconsciente. El demonio estaba a punto de matarlo. De la nada, una katana familiar cayó cerca de mí. La tomé… y me aventé a el. Lo corté a la mitad. No sé cómo. Solo lo hice.
—¿Es la katana que usaste hoy? —Preguntó Nicolás.
—Sí. La misma. Cuando lo maté, la katana se desvaneció. Sentí que se unía a mí. Corrí con mi hermano en brazos al hospital. Pero… quedó en coma.
Heather apretó un poco más su hombro, con ternura.
—Gracias por contarnos esto — Heather con suavidad
—Hace mucho que no me siento acompañada. Gracias por estar acá… aunque… recién nos conocemos.
—Cuando necesites, yo me encariño rápidamente — Heather con mucha dulzura.
—Gracias, Heather. —Yui dio una leve sonrisa.
—Yui… dijiste que tu katana era una reliquia familiar, ¿no? —Indagó Nicolás, intrigado.
—Sí. Perteneció a un ancestro afín al Luminis. Sus últimas palabras fueron: “Aisuruhito o mamoru tame ni akuma to tatakau mono wa, kono kiseki no katana o tsukau kachi ga arudeshou.”
‘Aquel que pelee contra los demonios por amor a proteger a sus seres queridos, será digno de usar esta katana milagrosa.’
—Guau — Articuló Nicolás sorprendido —. ¿Pero nadie más en tu familia pudo usarla?
—Nunca hubo nadie con afinidad al Luminis. Al parecer, por alguna razón… yo sí.
Tyrone se cruzó de brazos, pensativo.
—¿Alguno de ustedes tiene familiares afines al Luminis?
—No que yo sepa —Contestó Heather.
Nicolás se quedó en silencio un momento.
—¿Y vos, Nicolás? —Inquirió Yui, al notar su expresión.
—No lo sé — Bajó su voz—. No recuerdo a mis padres.
—Pero el primer día dijiste que querías salvar a tu familia —Cuestionó Tyrone, frunciendo el ceño.
—Lo sé. Porque lo único que recuerdo… son las voces de un hombre y una mujer diciéndome: “Salva a tu hermana de la oscuridad.”
Todos lo miraron sorprendidos. Nicolás bajó la mirada.
—Viví toda mi vida con mi abuela materna. Pero de la familia de mi padre no sé nada. Tampoco recuerdo a mi hermana. No sé cómo se ve, no sé si sigue viva…
Tyrone le apoyó una mano en el hombro.
—No te castigues por eso, bro. Lo importante es que quieres hacer lo correcto. Eso basta para mí.
Nicolás levantó la vista. Las chicas también le sonríen con calidez.
—Gracias…
—Pero tengo una duda —Indagó Tyrone, curioso—. Tus poderes son rarísimos. ¿Puedes usar Luminis en estado puro?
Nicolás levantó la mano. Una llama blanca, pura e intensa, como fuego sin calor, apareció sobre su palma. Todos lo miraron asombrados.
El Luminis en estado puro… es casi imposible de canalizar — Se sorprendió Yui, sin quitarle los ojos—. Nunca vi algo así.
—Pero no sirve de nada. No quema, no cura… no hace nada —Expresó Nicolás, y dejó que se desvanezca.
—Quizás todavía te falta algo —Sugirió Heather.
—Quizás…
Yui miró su reloj.
—Chicos, me encanta esta charla, pero deberíamos dormir.
—Tienes razón —Dijo Tyrone mientras bostezaba
Se levantaron y dejaron sus platos. Justo cuando Heather se alejaba con Yui, Tyrone se quedó un segundo solo con ella.
—Heather… gracias por lo de hoy. Tus palabras me ayudaron —Confesó él, un poco más serio.
—Siempre que lo necesites, voy a estar —Aseveró ella, mirándolo con dulzura—. Somos colegas, pero también quiero que cuentes conmigo. Y yo voy a contar con vos para que me cubras la espalda.
—Puedes contar con eso —Garantizó Tyrone, sintiendo que el corazón le late un poco más fuerte de lo normal.