El baile del caos

Capítulo XIII - La primera misión

Tras dos días de entrenamiento intensivo, el grupo se reunió en el campo a la tarde. El sol se ocultó, y Félix los esperaba de pie, cruzado de brazos, con su mirada serena y exigente.

—Buenas tardes. Espero que hayan descansado —Dijo, con tono atento—. Durante estos días les permití entrenar por separado para pulir habilidades individuales. Pero a partir de hoy, vamos a enfocarnos en lo que realmente importa allá afuera: el trabajo en equipo. El plan para hoy es el siguiente…

Una estridente alarma cortó sus palabras. Un mensaje resonó por los altavoces, seco y urgente:

—Centinelas al centro de mando de inmediato.

El grupo quedó paralizado. La tensión se volvió palpable.

—Carajo… —Pensó Félix, apretando los puños—. No están listos. Una batalla real podría matarlos…

—¿Qué hacemos? —Cuestionó Yui, viendo a su maestro inmovilizado.

—Vamos, hay que apurarse —Instruyó Félix, mostrando nerviosismo.

Corrieron al centro de mando. La Capitana ya los esperaba, con el rostro endurecido.

—Hemos detectado señales de una posible doble invasión. Una en Rumania y otra en Ucrania. Ambas son de Nivel 4. Félix, tú puedes con cualquiera de ellas. El resto… es su bautismo de fuego. —La Capitana no suspiró, pero sus manos firmes se apretaron en un puño. Su voz era apenas un hilo.

El silencio se apodera de la sala. La Capitana continuó:

—Sé lo que estás pensando, Félix. Yo también creo que no están listos… Pero tú no puedes estar en dos lugares a la vez. —Se dirigió a los jóvenes—. Y si surge una amenaza de nivel 5, se retiran de inmediato. No perderé más soldados.

Félix aceptó, a regañadientes. Miró a los chicos con mezcla de inquietud y esperanza. Sabía que ya era hora.

—Vayan a armería ya, tienen que salir —Ordenó la Capitana.

—Recibido —Dijeron todos, saliendo corriendo de la sala de control.

Al llegar a la armería, el ambiente se mezcló entre nervios y emoción. Se pusieron sus armaduras a medida.

—No puedo creerlo… nuestra primera misión —Titubeó Heather, con una sonrisa temblorosa.

—Esta armadura… se siente como parte de mí —Comentó Nicolás, fascinado.

—Por fin voy a hacer pagar a esos malditos monstruos —Gruñó Tyrone.

—Baja un cambio —Le cortó Yui, con tono seco—. Esto no se trata de venganza, se trata de sobrevivir juntos.

Félix los observó. Dio un paso al frente, con una sinceridad inusual.

—Escuchen… confío en ustedes, pero el campo de batalla no perdona. No subestimen al enemigo. Protejan al de al lado. Quiero que todos regresen con vida.

—Lo prometemos —Respondieron todos al unísono, con la fuerza de una decisión tomada.

Félix despegó hacia Ucrania a toda velocidad. El resto del equipo abordó un avión rumbo a Rumania. El silencio dominaba el vuelo.

—Admito que estoy un poco nerviosa… —Confesó Heather.

—Lo entiendo —Tranquilizó Yui, con calma—. Pero no dejes que te paralice. Si actuamos como un equipo, saldremos ilesos. Y eso también va para ti, Tyrone.

Él apenas asintió, con la mirada perdida, consumido por su odio.

—Sí, sí… ya entendí —Refunfuñó, evasivo. Yui decidió no decir nada más.

—¿Listos para saltar? —Anunció el piloto.

La compuerta se abrió. Heather y Nicolás saltaron con paracaídas. Yui y Tyrone lo hicieron sin ellos.

—Somos un equipo, Tyrone —Le recordó Yui, tomándole el brazo.

—Ya te escuché —Gruño, soltándose.

Tyrone desciende con sus alas demoníacas. Yui frena su caída planeando suavemente. Ya en tierra, coinciden con el momento exacto en que Félix llegó a Ucrania. De los portales emergieron dos criaturas horrendas. Ambos demonios miden unos ocho metros, grotescamente obesos, con múltiples brazos, caras y orificios supurando pus.

—¿Está en el inventario? —Interrogó Nicolás, inquieto.

—No… este no. Es nuevo —Aseguró Tyrone, sorprendido.

Félix, en Ucrania, atravesó al suyo con facilidad.

—Terminé aquí. Voy con los chicos —Informó por el comunicador.

—Negativo, Centinela. Solo interviene si es Nivel 5.

—¿Por qué?

—Es necesario ver cómo se desenvuelven los muchachos. Necesito saber si la humanidad tiene futuro con o sin ti.

Félix aceptó a regañadientes. Maldijo en silencio la lógica militar.

Mientras, el equipo en Rumania se preparaba, Yui analizaba el comportamiento del demonio. Pero Tyrone no pudo contenerse.

—¡Tyrone, espera! —Gritó Yui, alarmada.

—¡Demasiado tarde! —Bramó Tyrone mientras se aventaba

El demonio liberó una nube tóxica desde su cuerpo. Tyrone logró transformarse para resistir.

—¡Mierda, te dije que esperes! —Le recriminó Yui—. ¡Nicolás, dispersa esa toxina!

Nicolás comenzó a usar viento, pero el demonio tomó una roca gigante y la envió directo a él. Heather corrió y se interpuso con su escudo.

—Gracias… —Jadeó Nicolás, agitado.

—¡Hazlo ahora! —Le exigió Heather.

Nicolás creó una corriente que disuelve la toxina. Tyrone intentó atacar de nuevo, pero el demonio lo golpeó brutalmente, arrojándolo al suelo. Una segunda roca voló hacia él.

Heather corrió de nuevo, interponiéndose. La piedra impactó en su escudo y la arrastró varios metros.

—¡Heather! —Clamaron todos.

Tyrone corrió hacia ella, alterado.

—¿Estás bien?

—Sí… dolió, pero puedo seguir —Articuló con una mueca de dolor.

Tyrone vio la mirada de decepción en Yui.

—Carajo… fui un idiota —Admitió

Yui tomó la iniciativa.

—Escuchen. Plan rápido: Tyrone, distráelo desde el aire. Heather, escúdanos. Nicolás, dispersa cualquier toxina y prepárate para lanzarnos al aire. Cuando estemos encima, Heather, tú y yo atravesaremos a la criatura desde el cielo.

Todos asintieron. Tyrone volaba para atraer la atención. Heather corrió al frente, bloqueando piedras. Al llegar, Nicolás creó una corriente que alzó a las chicas por los aires. Desde abajo, disparó rayos para distraer al demonio.




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