El baile del caos

Capítulo XIV - Una manada

El equipo se reunió como era costumbre para la cena. Esta vez, el ambiente estaba cargado de tensión. Se sentaron juntos, pero el silencio pesaba como una losa. Nadie se animó a hablar… hasta que Nicolás rompió el hielo.

—Tyrone… ¿A qué sabe la sangre de demonio?

Todos lo miraron con horror.

—¡Nicolás, qué asco! ¡Estamos por comer! —Protestó Heather, frunciendo el ceño.

—No voy a responderte eso ahora, Nicolás. ¿Qué te pasa? —Tyrone se llevó la mano a la frente, exasperado.

—Nadie hablaba… necesitaba romper el hielo —Se justificó Nicolás, encogiéndose de hombros.

—Una comida en silencio no está mal —Dijo Yui, sin levantar la mirada de su plato.

—Es incómodo —Replicó Nicolás.

—Eso es cosa de los occidentales —Devolvió Yui, con su tono habitual.

—Que los japoneses no hablen no es mi culpa —Espetó Nicolás, algo molesto, cruzando los brazos.

Cuando la discusión empezaba a escalar, Heather los interrumpió. Su voz era apenas un susurro:

—Tengo miedo.

El grupo se calló al instante. Todos giraron hacia ella, sorprendidos.

—Hoy sentí… mucho miedo —Murmuró, bajando la vista. Sus ojos brillaban con lágrimas contenidas—. Sé que Félix me dijo que no lo tuviera. Pero… cuando la roca impactó mi escudo… sentí que era el final. Como si un segundo más tarde… no estuviera acá. Me cuesta hasta respirar cuando lo recuerdo.

Silencio. El tipo de silencio que corta más que cualquier grito.

—Yo también —Simpatizó Yui, y su voz disimulaba mal su temor—. Quisiera decir que con entrenamiento lo lograremos, pero no lo sé. Hoy… me sentí como una hormiga con un alfiler peleando contra un elefante. ¿Y si el demonio tomaba a Tyrone cuando lo distraíamos? ¿Si atacaba a Nicolás cuando estábamos en el aire? ¿Si no salíamos a tiempo y quedábamos dentro?

Su voz mostró su inseguridad. Bajó la cabeza. Los chicos la miraron, pero nadie sabía qué decir. La pregunta flotaban en el aire: “¿Cómo vamos a vencer a un demonio que mató a casi todos los Centinelas?”

Entonces Nicolás, que parecía el más despreocupado, tomó aire y habló. Su tono era diferente esta vez.

—El lobo, por sí solo, no es tan fuerte… pero en manada es implacable. Esa es su fuerza. Nosotros también podemos ser así. Quizá el miedo no se va, pero si estamos juntos, cargándolo a medias, tal vez el enemigo también sentó algo de miedo. Si temblamos, lo mejor es que lo hagamos unidos. Si caemos, que sea para levantarnos con más fuerza. No sé si podemos ganar, pero sí podemos sobrevivir. Y mientras estemos vivos… todavía hay esperanza para luchar un día más.

El grupo lo miró en silencio, asintiendo.

—Una manada… una familia —Declaró Yui, levantando la cabeza con más seguridad—. Quizás… vamos a poder salir de esta… si estamos juntos.

La mirada de sus compañeros cambió. La seguridad de Yui y Nicolás empezaba a contagiarse. Una chispa. Una conexión única. Una manada.

Félix retomó la escritura en sus notas

Ser valiente no significa no tener miedo. Significa que, a pesar del miedo, uno es capaz de quedarse y enfrentar la adversidad.

Son jóvenes. Es normal que sientan temor cuando el futuro es incierto. Pero vi algo aquella noche… una manada. Y aunque la noche sea helada, si están juntos, podrán mantenerse calientes

Félix suspiró y siguió la escritura:

Durante dos meses no hubo invasiones. En ese tiempo, los entrenamientos fueron intensos y fructíferos. Aprendieron a moverse como un equipo que se conoce de toda la vida.

Yui demostró tener madera de líder, y sus compañeros no dudaban en seguirla. Heather se volvió cada vez más segura, sin perder esa sonrisa esperanzadora que tanto la define. Nicolás mejoró notablemente su control de los elementos; logró generar grafito puro con facilidad, aunque el diamante aún se le escapaba. Y Tyrone… empezó a tocar la luz. No con fuerza, pero sí con constancia. Le queda un largo camino, pero comenzó a andar.

No hubo grandes eventos durante ese tiempo. La Capitana incluso les dio un día de descanso. Sé que fueron a jugar pádel: las chicas humillaron a los chicos. Esa noche se reunieron para ver películas y comer nachos con queso. A veces discutían en medio de los entrenamientos por malas decisiones, pero nada grave. Conectaron rápido, demasiado rápido, quizás…

Me alegra que haya sido así.

Me gustaría poder escribir que vivimos en paz y armonía. Pero si así fuera, no estaría escribiendo estas malditas notas.

No sé qué me depara el futuro. Aunque, pensándolo bien… en esos días, tampoco sabíamos que íbamos a llegar hasta aquí, que íbamos a llegar tan lejos.




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