El baile del caos

Capítulo XV - El Fénix de oro

Emma y Félix se preparaban para ir a dormir. Entre un bostezo y la suavidad de las sábanas, Emma rompió el silencio.

—Me acabo de acordar —Recordó, medio adormilada, apoyando su cabeza en el pecho de Félix—. Mañana se cumplen dos meses desde que el equipo completó su primera misión.

—Cierto… ni lo había pensado. El tiempo pasó volando —Admitió Félix, mientras la abrazó y apaga la luz.

—¿Y pensaste en algún regalo para los chicos?

—¿Un regalo?

—Sí. Evelyn me contó que dos meses después de tu primera misión, la Capitana te dio el pin que llevas siempre. A veces lo pones en tu armadura, ¿no?

—Tienes razón… con todo lo que pasó, se me pasó por completo. Ya pensaré en algo.

Ambos se acomodaron. Emma lo abrazó con ternura.

—Estoy segura de que les va a encantar. Eres el mejor maestro —Musitó con una sonrisa.

—Gracias, amor — Finalizó Félix, cerrando los ojos. La noche transcurrió en paz.

A la mañana siguiente, Félix llegó temprano a la armería y herrería.

—Buenos días, ¿cómo están?

—¡Buenos días, Félix! — Saludaron con alegría.

—¿Venís por un arma nueva? — Indagó el jefe de armería.

—No está vez. ¿Te acuerdas del pin que me dio la Capitana hace ya un tiempo?

—¿Lo perdiste? —El jefe se sorprendió.

—No, no, tranquilo. Quiero que me hagas cuatro más. Son para los chicos.

—¡Ah! Ya veo. Ven, muéstrame cuál quieres.

Félix revisó los modelos y señaló uno.

—Este, por favor. El Fénix dorado.

—Buena elección. El Fénix dorado siempre ha sido el símbolo de los que vuelven. Es un buen regalo para la nueva sangre. Te los tenemos enseguida.

—Perfecto. Voy a dar una vuelta y vuelvo.

Caminó por los pasillos de la agencia, preparó dos vasos de café y llegó al centro de mando. Ahí estaba Evelyn trabajando frente a su pantalla.

—Buen día, señorita —Saludó, dejándole uno.

—Hola, Félix. ¡Gracias! No había tenido tiempo ni de desayunar.

—¿Mucho trabajo? —Se apoyó en una mesa mientras le dio un sorbo al vaso.

—Sí, estoy revisando archivos antiguos, por si encontramos algo útil… pero, ¿Qué te trae por acá?

—Estoy haciendo tiempo. Encargué unos pines para los chicos, como el que me dio la Capitana.

—¡Qué lindo gesto! Ah, y ya que preguntas… hemos empezado a catalogar a los Arquidemonios con códigos. Al que enfrentaste en Francia lo nombramos T-3. El que causó la masacre fue T-2. El supuesto hermano, T-1… aún es un misterio. Pero creemos que sí existe.

—T-1… Espero que nunca aparezca.

—Yo también.

Félix terminó su café y se despidió.

—Gracias, Evelyn. Nos vemos.

—Nos vemos, Félix. Pásate más seguido, me gusta que me traigan el café —Ironizó Evelyn, con tono burlesco.

Félix se rio suavemente y se retiró.

El día pasó y, tras una sesión de entrenamiento exigente, Félix llamó a los chicos antes de que se retiren.

—Chicos, esperen. Quiero hablar con ustedes un momento.

—¿Qué pasa? —Preguntó Heather.

—Hace tiempo, cuando terminé mi primera misión, la Capitana me entregó esto —Tocando el pin en su pecho—. Hoy se cumplen dos meses desde que ustedes tuvieron la suya… así que es mi turno.

Sacó una pequeña bolsa y reveló cuatro pines dorados con la forma de un Fénix en vuelo.

—No sabía qué forma elegir… pero el Fénix me pareció perfecto. Representa renacer de las cenizas. Y eso es lo que ustedes son: una nueva esperanza para este mundo.

Los chicos los recibieron con asombro y emoción.

—Gracias, Félix —Expresaron al unísono, con sonrisas sinceras.

—Estos pines pueden integrarse a su armadura. Pero lo importante no es el objeto… sino lo que significa. Desde hoy, dejan de ser novatos. Son Centinelas, de verdad.

Se cruzaron miradas de orgullo y respeto. Heather se limpió una lágrima. Nicolás sonrió de oreja a oreja. Yui asintió con solemnidad. Tyrone apretó el pin con fuerza.

Félix carraspeó para cortar la emoción.

—Bueno, antes de que esto se ponga muy sentimental… ¡Fuera de acá!

Rieron y se fueron en grupo. Félix los observó mientras se alejaba.

—Ojalá estén listos… No podría soportar perder a nadie más —Meditó

Félix retomó su escritura en la cabaña

“Estaba feliz ese día. Realmente me sentía que estaba haciendo un buen trabajo, que quizás podría pasar la antorcha.

Pero nada es tranquilidad en este mundo. Siempre hay algo que sucederá.

Y jamás esperaba que esa misma noche, bajo ese mismo cielo de paz, se desatara el ataque del T-2.”




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