El baile del caos

Capítulo XXII - Finalizando la crisis y mirando al futuro

Félix entró a la habitación de Tyrone.

—Al final, lograste transformarte en el Arquidemonio. Bien hecho, Tyrone. Gracias a eso, tuve tiempo para llegar.

—Gracias, Félix… aunque no sé si voy a poder hacerlo de nuevo tan pronto. Supere mis límites, literal —Confesó Tyrone, con cierta preocupación.

—Con el tiempo vas a acostumbrarte al poder. Quizás incluso puedas usar sus habilidades sin transformarte.

—Ojalá… —Exhaló con pesadez Tyrone—. Gracias por todo. Si no fuera porque me guiaste estos meses… no lo habría logrado.

—Todavía queda mucho camino. Pero vas bien. Estoy orgulloso.

—Gracias…

Félix se dirigió a la puerta.

—¿Ya viste a las chicas?

—Sí. Están mejor que vos. Más fuertes.

—Ja, ja, ja… puede ser. Hasta pronto, Félix.

—Nos vemos, Tyrone.

Félix, después de salir de la habitación de Tyrone, pasó por la de Yui, quien estaba profundamente dormida, y decidió no molestarla. Al caminar, fue por la oficina de la jefa de enfermería. Emma estaba sola, firmando papeles. Félix entró.

—Mmm… definitivamente te ves sexy cuando estás concentrada —Ironizó con una sonrisa.

—Félix, acá no —Replicó Emma, dejando el bolígrafo—. Estás más animado. ¿Viniste solo a coquetear?

—¿No puedo visitar a mi hermosa novia?

Emma lo miró fijo, sin ceder.

—Está bien, está bien. Vine a preguntar cómo van las heridas del grupo.

—Bien. Se nota que no son humanos comunes. Avanzan rápido.

—¿Tiempo estimado?

—Dos semanas. Con descanso, estarán al cien.

—Buen número.

Antes de que puedan seguir hablando, entró Evelyn.

—Félix, ven al centro de mando. Es urgente.

—Vamos ahora.

Al llegar al centro de mando.

—¿Alguna novedad sobre la hermana de Nicolás? —Indagó Evelyn.

—Solo el nombre: Lazthiel. Y un recuerdo de su infancia sin importancia. Nada más.

—Eso nos deja con más preguntas… ¿Por qué está en el infierno? ¿Por qué no la recuerda? ¿Será que ellos son…? —Evelyn lo miró, esperando que entienda.

Félix niega con la cabeza.

—No lo creo. No es posible… al menos por lo que sé.

—Puede que tengas razón. No encontré nada en la base de datos.

—¿Algo más?

—Sí. A los siete demonios de la transmisión les asignamos códigos: P-1 a P-7, según la cantidad de picos en sus cascos.

—Once Arquidemonios… más el rey. Un problema enorme. ¿Por qué el rey no nos invadió aún?—Félix se cruzó de brazos

—Creo que no puede cruzar por un portal normal. Por eso necesita la Puerta de Lilith. Pero si mi teoría es cierta… podría ser tan fuerte como vos. O incluso más.

Silencio.

—No te preocupes, Evelyn. Yo podré con él. Yo soy más fuerte.

—Si vos lo decís… yo te creo. —Evelyn se vio insegura.

Ambos sonríen, pero en sus ojos había preocupación.

—Una cosa más —Recordó Evelyn—. Ve al laboratorio. Hay algo nuevo. Pero no quisieron decirme qué, quizás a ti sí.

—Qué raro, voy para allá ahora mismo.

—Ok, nos vemos más tarde.

—Hasta pronto.

Félix caminó hacia el laboratorio, pero dos guardias lo detienen antes de entrar.

—No puede entrar, señor —Declaró uno de ellos.

Félix frunció el ceño.

—Esto no es usual. ¿Por qué no puedo entrar?

—No poseemos información, señor. Solo se nos ordenó no dejar pasar a nadie. Incluso a usted.

Félix exhaló, cruzando los brazos.

—Esto es nuevo.

El guardia mantuvo su postura firme.

—Le sugiero que hable con la Capitana.

Félix cerró los ojos un instante, pensando. Luego, asintió.

—Está bien. Voy a hablar con ella.

Al llegar al despacho de la Capitana, ella se encontraba trabajando.

—Buenos días, Capitana.

Sin levantar la mirada, respondió con tono sereno.

—Buenos días, Félix. ¿Pudiste sacarle información a Nicolás?

—Poco. Solo el nombre de la hermana.

—Ok. ¿Por qué vienes aquí?

Félix se apoyó en la pared.

—¿Por qué no puedo entrar al laboratorio?

La Capitana detuvo lo que estaba haciendo. Suspiró y finalmente lo miró.

—No te concierne.

Félix endureció la expresión.

—Capitana, hemos compartido información desde que me uní al equipo. ¿Por qué desconfiar de mí ahora?

Ella mantuvo su mirada firme.

—Porque te opondrás a la nueva tecnología que estamos desarrollando.

Félix no respondió de inmediato. Frunció los labios.

La Capitana dejó la computadora, exhaló hondo y habló con un tono más personal.

—Félix, sigo confiando en ti. Pero prefiero mantenerte al margen para asegurarme de que no se filtre nada. No sé de qué son capaces estos nuevos demonios, quizás… puedan leerte la mente o cualquier cosa que revele algo que sea crucial

Félix la observó, sin terminar de aceptar sus palabras.

—Lo hago por la humanidad. Quédate solo con eso.

El silencio se prolongó un momento. Félix, finalmente, asintió con lentitud.

—Está bien. Me mantendré al margen.

La Capitana le dedicó una leve sonrisa.

—Gracias, Félix. Bien estén recuperados tu equipo, los quiero entrenando.

—Ok, Capitana, hasta pronto— Se despidió retirándose de la oficina.

Félix se estiró y retoma la escritura en la cabaña.

"Definitivamente, no son chicos normales. Al cabo de una semana salieron de enfermería, y a la segunda ya estaban al cien por ciento. Yo nunca me herí en el campo de batalla, así que los ‘tiempos de recuperación’ nunca fueron algo real para mí.

Pero un día le pregunté a Emma cuánto tardaría una persona normal en recuperarse de esas heridas, y me dijo:

Félix, una persona normal, no volvería a caminar ni podría moverse. Incluso los anteriores Centinelas tardarían meses en recuperarse. No sé si es porque son jóvenes, pero son muy fuertes.

Las heridas físicas pueden sanar rápido. Las psicológicas… no siempre. Yui. Ella es fuerte, pero lo que experimentó la dejó en una cuerda floja. Lo que vendría en los meses siguientes… Me hubiera gustado haber podido ayudarla más"




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