———— ARCO II ————
EL SOLSTICIO DE INVIERNO
Félix se encontraba con el grupo en el campo de entrenamiento. Es la primera vez que se rencontraban tras la invasión de T-2.
—Me alegra tenerlos aquí, sanos y completos —Confesó Félix con las manos en la cintura, sonriendo—. Realmente se recuperaron rápido. Pasaron solo dos semanas en cama y tres desde el ataque.
El grupo bajó la mirada, como si estuvieran avergonzados.
—Si no hubiera sido por usted… no estaríamos aquí —Musitó Heather, con decepción.
Félix notó la expresión de todo el equipo.
—A ver… —Suspiró—. No lo sientan como una derrota. Hirieron de gravedad a un Arquidemonio que acabó con toda una generación de Centinelas. Eso no es poca cosa.
—Pero si no fuera por usted, estaríamos muertos —Agregó Tyrone—. Entiendo su postura, pero no podemos depender tanto de usted. ¿Y si le pasa algo?
—Entonces estarán ustedes para defender a la humanidad. Y sé que lo harán —Félix transmite seguridad en cada palabra—. Es verdad, aún les falta mucho, pero eso no es motivo para sentirse mal. Todo lo que no tienen es una meta. Por ejemplo, Heather, ¿puedes hacer escudos sin cruzar los brazos?
—No, pero espero lograrlo algún día
—Tyrone, ¿Puedes usar las habilidades de un Arquidemonio a voluntad?
—No, ojalá.
—Nicolás, ¿Lograste crear diamante?
—Aún no, pero me tengo fe — Expresó Nicolás, más animado.
—Eso me gusta. ¿Y tú, Yui? ¿Lograste volar sin límites?
—No, maestro… pero me encantaría lograrlo.
El grupo sonrió, la meta clara en sus ojos.
—¿Ven? Aún les falta, y eso está bien. Yo creo que pueden llegar a ser tan fuertes como para derrotar a un Arquidemonio por sí solos. Pero juntos… juntos serán imparables.
El equipo asintió, con nuevos ánimos.
—No dejen de entrenar, no se confíen… y, sobre todo, sean un equipo.
—¡Gracias, Félix! — Agradecieron todos a la vez.
Félix dio un aplauso.
—Bien, suficiente charla. Hoy toca entrenamiento puramente físico. Hay que quitarles el óxido de esas dos semanas en cama.
—¡Sí, señor! —Clamó el equipo con entusiasmo.
El equipo comenzó su entrenamiento con normalidad y al finalizar, el equipo se retiró a sus habitaciones y se despidieron de Félix.
Durante el camino de vuelta.
—Uy, no… me olvidé de llamar a mis padres —Recordó Heather, suspirando.
—¿Tus padres? —Interrogó Tyrone.
—Sí, me llamaron para ver si estaba bien. Querían verme y les dije que nos reuniríamos en la ciudad.
—Heather —Cuestionó Yui con tono crítico—. No pueden saber nada de la base.
—No les di la ubicación. Además, son mis padres, no son malas personas.
—Igual fue contra las reglas —Argumentó Yui, algo enojada. Luego suspiró—. Pero eres la única que tiene padres aquí… No sabemos lo que se siente. Solo cuídate y no les digas nada.
—Lo sé. No voy a comprometer a la agencia.
—Sé que no lo harás —Aseguró Yui mientras el equipo se separa de Heather.
Cuando estaba sola, Heather tomó su celular y marca a su madre.
—Hola, mami, ¿Ya están en Viena?
—Hola, hija, sí, ya estamos aquí, esperando a que nos digas dónde nos reuniremos.
—Ahí te mando la ubicación de un restaurante, es muy bonito, al menos por lo que me dijeron los guardias.
—Me gusta. ¿Esta noche te parece bien?
Heather se sorprendió y pensó unos segundos.
—¿Heather? ¿Sigues ahí? —Su madre sonó preocupada.
—Sí, sí, solo me sorprendió que fuera para dentro de un par de horas.
—Si no puedes, está bien, hija, pero tenemos que volver con tu padre mañana por la mañana por razones laborales. Si no es hoy, no te veremos en meses.
—Ok, ok, nos vemos esta noche.
—Muy bien, hija, nos vemos.
—Nos vemos, te amo. —Heather cuelga la llamada.
Heather miró al techo y exhaló con pesadez. “Tengo que pedir permiso todavía… espero que no se enojen”, pensó.
Heather se acercó a la oficina de la Capitana, quien la miró con una desconfianza palpable.
—Capitana, ¿Me daría permiso para salir esta noche? Mis padres están en Viena.
Charlotte Miller se quedó en silencio por un largo momento, con la mandíbula tensa. Sabía del riesgo de la vigilancia.
—Te daré dos horas. Estarás monitoreada. Si tocas el teléfono, te traigo de vuelta. No hables de la agencia. No reveles nada. ¿Entendido?
—Sí, Capitana. Gracias.
Heather salió de la oficina con una sonrisa en dirección a su habitación.