El bastón del rey mono

La hija del reino

CAPÍTULO 2

"A veces, lo que más nos sostiene no es la fuerza… sino aquello que juramos proteger."

El amanecer bañaba las torres de Vashgorath con una luz dorada, suave, casi engañosa. Era uno de esos días que parecían prometer paz, aunque el reino entero respiraba inquietud.

Kael caminaba por los corredores interiores del palacio con paso firme. Los guardias se enderezaban al verlo pasar. No era rey, pero su presencia imponía respeto. No por miedo… sino por confianza.

—Guardia Kael —saludaban algunos.

Él asentía en silencio.

Al cruzar el jardín central, la vio.

Entrenaba sola.

La hija del Rey Mono sostenía una espada de hoja curva. Sus movimientos no eran perfectos, pero sí decididos. Cada golpe llevaba rabia contenida, orgullo… y algo más profundo que Kael conocía bien: miedo a perder.

Kael se detuvo a observarla sin interrumpir.

Ella giró, lanzó un corte mal calculado y la espada se desvió. Antes de que pudiera caer, Kael avanzó y atrapó el arma con una mano firme.

—Tu centro está muy abierto —dijo con calma—. Si fuera una batalla real, ya estarías en el suelo.

Ella retiró la espada con un gesto seco.

—No necesito que me cuides —respondió—. Ya tengo suficientes sombras siguiéndome.

Kael la miró con seriedad, pero sin dureza.

—No te cuido porque seas la hija del rey —dijo—. Te cuido porque eres parte del reino.

Ella bajó la mirada por un segundo… solo uno.

—Todos hablan de guerra —murmuró—. Susurran mi nombre como si fuera un peso más que cargar.

Kael guardó silencio. A veces, el deber no exigía respuestas, sino presencia.

—Tu padre no te ve como un peso —dijo al fin—. Te ve como futuro.

Ella levantó la vista, sorprendida.

—¿Y tú? —preguntó—. ¿Qué ves cuando me miras?

Kael dudó.

—Veo a alguien que no eligió este destino… pero que no huirá de él.

Por primera vez, ella sonrió. No una sonrisa plena, sino una frágil, honesta.

—Dicen que Zhaelor envenena incluso antes de atacar —dijo—. Que su veneno entra en la mente.

Kael apretó el puño.

—Mientras yo esté aquí, no tocará este reino.

—Eso no depende solo de ti —respondió ella—. Ni siquiera del bastón.

El viento movió las hojas del jardín. Ambos miraron hacia la torre principal, donde el Rey Mono observaba el reino desde lo alto.

—Mi padre confía demasiado en su fuerza —susurró ella—. Y tú confías demasiado en tu deber.

Kael la miró.

—¿Y tú en qué confías?

Ella respiró hondo.

—En que cuando todo caiga… alguien se mantenga de pie.

Sus miradas se cruzaron. No fue un momento romántico. Fue algo más peligroso: complicidad.

Muy lejos del palacio, bajo tierra húmeda y raíces venenosas, Zhaelor abrió lentamente los ojos. Había sentido algo.

No el bastón.
No el rey.

Sino el nacimiento de un lazo.

—Interesante… —susurró—. Proteger también es una debilidad.

La guerra aún no comenzaba.
Pero ya había elegido sus blancos.




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