CAPÍTULO 3
"No todo legado se hereda con sangre; algunos se confían en silencio."
La noche había caído sobre Vashgorath con un peso distinto. No era oscuridad… era presentimiento.
Kael subía los escalones de la torre real cuando escuchó la voz que conocía desde siempre.
—No hace falta que te anuncies.
Kael se detuvo y, como marcaba la costumbre, se arrodilló.
—Mi rey.
—Levántate, Kael —dijo el Rey Mono, apoyado en su bastón sagrado—. Aquí no necesito un guardia. Necesito a un hombre.
Kael obedeció. Frente a él, el rey contemplaba el reino desde el balcón. Su figura imponía incluso sin transformarse. Aquel bastón… no era solo un arma. Era historia viva.
—Te he visto entrenar —dijo el rey—. Más fuerte cada día… y aún sin poder animal.
Kael bajó la mirada.
—Es mi mayor falla.
El rey soltó una breve risa.
—No. Es tu mayor prueba.
Se giró hacia él.
—Muchos confían demasiado en lo que pueden convertirse. Tú confías en lo que eres.
Kael apretó los dientes.
—Si tuviera poder… podría proteger mejor al reino. A su hija.
El rey lo observó en silencio. Luego apoyó ambas manos sobre el bastón.
—El poder sin juicio destruye. El juicio sin poder… espera su momento.
El viento golpeó fuerte el balcón.
—Zhaelor se mueve —continuó el rey—. Su veneno no solo mata cuerpos. Corrompe voluntades. Hace dudar a los fuertes y obedecer a los débiles.
Kael alzó la vista.
—Déjeme ir por él.
—No —respondió el rey sin dudar—. Aún no.
Kael frunció el ceño.
—¿Entonces cuándo?
El Rey Mono dio un paso al frente.
—Cuando estés dispuesto a perderlo todo.
Hubo silencio.
—Kael… —dijo más bajo—. Si algún día este reino cae, no será por falta de fuerza… sino por exceso de confianza.
Kael sintió un nudo en el pecho.
—Usted no caerá —dijo con firmeza.
El rey sonrió. Una sonrisa cansada.
—Todos caemos, muchacho. La pregunta es… ¿qué dejamos en pie cuando lo hacemos?
Kael no supo responder.
El Rey Mono apoyó una mano sobre su hombro. El gesto fue breve, pero profundo.
—He visto cómo miras a mi hija —dijo—. No con deseo. Con responsabilidad.
Kael abrió la boca para hablar, pero el rey lo detuvo.
—No te lo digo como advertencia —continuó—. Te lo digo como confianza.
Kael sintió el peso de esas palabras más que cualquier espada.
—Si un día no regreso… —empezó el rey.
—No diga eso —interrumpió Kael.
El rey negó con la cabeza.
—Prométeme algo.
Kael respiró hondo.
—Lo que sea.
—Prométeme que, pase lo que pase… Vashgorath no se arrodillará ante el miedo.
Kael se hincó nuevamente, pero esta vez no por protocolo.
—Lo juro por mi vida.
El Rey Mono miró el horizonte. Muy lejos, algo se movía entre sombras.
—Entonces estamos listos —murmuró—. Aunque aún no lo sepamos.
Desde las profundidades, Zhaelor sonrió.
El veneno ya había comenzado su viaje.