El Beso

Capítulo nueve

Nadie puede saberlo

Ethan

Odio estos eventos, por muchas razones. La primera es cuán insoportable es mi madre en los últimos días antes de la fecha. Despide a contratistas, a sus agentes, corrige todo de último minuto… No sé cómo todos pueden seguir trabajando con ella.

Siempre es lo mismo. Me cambio a un bonito traje elegante, sonrío a las cámaras de las revistas y poso junto a mis padres. La mayoría de las veces desaparezco en mitad del evento y me encierro en mi habitación para poner música a todo volumen y olvidar a los invitados. Esta vez no sería la excepción, o eso pensaba hasta encontrarme con ella.

La chica del salón de clases. Esa crespa y risueña que tiré al suelo sin querer. Conocía su nombre por Kristen Andersson, al parecer es la novia de Maxwell, no estoy seguro. Los veo juntos detrás del instituto, en ese apartado en construcción. Algunas veces se juntaba con las chicas del equipo de animadoras, Eva sobre todo.

Sus ojos miel quedaron grabados en mi cabeza, repitiéndolos una y otra vez, cada tono de amarillo mezclado con café. La suavidad de su cabello chocolate y su piel rosada fría. Desde las escaleras, la vi llegar con su gran vestido azul y un lindo peinado dejando notar su cabello crespo indomable. Era gracioso, me divertía verlo.

No era muy habitual que la familia de los Maclean asistiera a estos eventos, son una familia bastante extraña. Aunque a Ryan podría calificarlo como un tipo algo agradable. Ryan estuvo recorriendo mi casa casi todo el tiempo.

Después de que Jane se fuera, subí a mi habitación en busca de esa distracción que siempre utilizo. Di un salto al encontrarme con Ryan acostado en mi cama mirando uno de mis libros.

—Ay, me asustaste —dije agarrando mi pecho.

—¿Huyendo de alguien?  —preguntó levantando una ceja, mirándome por sobre el libro.

—No. Estoy huyendo de esta fiesta.

—Ya somos dos, mi amigo. —Asentí sin decir nada más y fui hasta mi estéreo portátil para poner música—. ¿Qué escucharemos?

—The Killers, al menos así no escucharemos nada más.

—¿The Killers? ¿Qué es eso? —Abrí los ojos como platos.

—Vamos, Ryan, al menos una vez tuviste que escucharlos.

—No me suenan.

—¿Has escuchado Oasis? —Negó con la cabeza—. Es ese grupo que canta “Wonderwall”. —Volvió a negar—. ¿“Don't go away”? ¿“Don't look back in anger”? ¿“Champagne supernova”?

—Puede que sí, pero no lo recuerdo. —Asentí con una sonrisa molesta. ¿Vive en una cueva o qué?

Puse la música sin decir nada más. Me senté en mi silla de escritorio y comencé a observar mi habitación buscando otra cosa que hacer.

—¿Te quedarás ahí, Dalaras?

—Sí, hasta que se me ocurra algo. —Miré al techo recostando mi espalda sobre el respaldo.

—Uh… Sí que sí… —balbuceó Ryan. Tomé un libro y comencé a leer ignorando sus molestos sonidos.

Con el paso del tiempo se hicieron cada vez más repetitivos y molestos, hasta que llegó el punto en que me harté.

—Ryan… ¿Qué ves ahí?

—Perfiles…

—¿Perfiles?

—Sí, chicas de la escuela o TikTokers… Aunque están mucho mejores las TikTokers. —Asentí rodando los ojos y volví a mi libro.

No paró de hacer sus molestos balbuceos, así que me rendí y salí por la ventana llevándome la música conmigo. Intentaba ignorar el vértigo que me producía estar en el techo. Miré unos segundos hacia el piso conteniendo la respiración y el equilibrio, sentía que me iba a dar un infarto.

No sé por qué tengo un lado masoquista. Me arriesgo y voy hacia el peligro para enfrentar mis miedos, aunque me den un ataque cardíaco cada cinco segundos. Kamikaze es en lo que me convertiré algún día.

—¿Qué haces? —dijo Ryan sentándose a mi lado, haciendo que me sobre exaltara con el ligero movimiento de las tejas—. Tranquilo, bro, ¿le tienes miedo a las alturas?

—Sí, me da vértigo. Pero intento que se me pase esa sensación poniéndome en altura.

—Algún día te empujaré por el tejado hasta una cama elástica y se pasará todo. —Lo miré anonadado. Ryan soltó una carcajada y sacó un cigarrillo y fuego de su bolsillo—. ¿Quieres?

—No, gracias.

—Qué suave, Dalaras —dijo entre risas sosteniendo con los labios la punta de su cigarro para encenderlo—. ¿No haces nada más que ser el niño bueno de mamá?

—Solo soy tranquilo, llámalo como quieras.

—Es que, Dalaras, no me malentiendas. No hay ningún problema en que lo seas, pero es extraño jamás verte con una novia o un chisme detrás de ti. ¿Eres gay o…?

—NO. ¿Por qué todos creen que soy gay por no ser un prostituto como ustedes?

—Ey, se pasa bien al menos

—Sí, pero no tiene nada que ver con el otro tema.

—Entonces, dime ¿por qué nunca has tenido novia?




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