El Beso de La Parca.

-Prólogo.

_“Por una curiosidad tan oscura como inevitable, siempre quiero… no, necesito saber: ¿a quién ven en su último aliento?”_

Damien LaCroix.

24 de junio de 1916, 07:30 a.m.

​Lugar: Río Somme, región de Picardía, en el norte de Francia.

​Evento: Operación “Z”.

La tierra bajo mis botas era un cementerio anticipado. Los humanos la llamaban trinchera, defensa, protección. Yo solo veía tumbas abiertas con entusiasmo infantil. El aire estaba cargado de pólvora, miedo y esa absurda euforia que antecede a la carnicería.

Los cañones rugieron. Mil quinientas gargantas de hierro escupiendo fuego. El suelo vibraba como un corazón enfermo, y el polvo me envolvía en un sudario invisible. Avancé, imperturbable, hacia el muchacho que aún no sabía que yo existía.

—Los humanos y sus guerras… —murmuré con desprecio—. Siempre tan ansiosos por morir. Y nosotros, obligados a recoger los pedazos. Aún así, nunca lograré entender porque uno de los nuestros se involucraría en estos asuntos mundanos.

Me detuve a tan solo un metro del muchacho para poder observarlo. Él aún no había notado mi presencia, aún no se lo había permitido, siempre me tomo unos minutos para observar al Marcado que me asignan para acompañar a su próximo destino.

Es joven, debe tener unos 18 años… 20 tal vez, aunque lo dudo. Alto en comparación con sus compañeros junto a él, pero no lo suficiente para alcanzar mi estatura. Su cuerpo no es fornido, pero sin duda es fuerte y ágil—las apariencias pueden engañar—, sus ojos castaños lo observan todo y ven más de lo que los humanos a su alrededor alcanzan a distinguir. Su cabello marrón está sucio y enmarañado, el barro cubre gran parte de su ropa y rostro, pero aún así, se puede distinguir que es bien parecido. Seguro tiene muchas pretendientes, lástima que no podrá disfrutar de ese placer. Lanzó un suspiro al aire y es cuando él chico se vuelve a verme.

—¿Abuelo?—preguntó, algo desconcertado.

—Ah, entonces para ti soy tu abuelo—susurré entre dientes.

—Abuelo—insiste el muchacho mientras se acerca con pasos sigilosos, pero urgentes—¿Cómo es posible?

Es aquí donde tengo dos opciones: puedo fingir que realmente soy su abuelo —resulta que otra de nuestras habilidades es lograr imitar la personalidad del ser amado sin siquiera conocerlo— o simplemente decirle que realmente no soy él. Cuando son niños, la decisión es fácil: les sigo la corriente. Pero cuando son adultos… siempre espero a ver cómo reaccionan y luego escojo que camino seguir.

—No—dice el joven cuando ya está de pie frente a mí—tú no eres mi abuelo. Es algo imposible.

Por dentro siento alivio, este muchacho me puso fácil la tarea. Nunca estoy cómodo teniendo que fingir que soy alguien que no sé siquiera como luce. Al principio de mi existencia, solía buscar con urgencia y necesidad mi reflejo para ver a la persona que cada Marcado veía en mí, pero siempre obtenía el mismo resultado: mi propia apariencia.

Yo no podía ver lo que ellos sí, yo solo podía obtener la imagen de mí mismo e incluso la voz, para ellos era diferente, para mí seguía siendo mi propio tono. Llegó un momento en el que me di por vencido y dejé de buscar lo que nunca podría encontrar.

—Veo que eres un muchacho inteligente—le digo con una sonrisa que espero transmita el orgullo que en realidad siento—No todos logran darse cuenta de eso.

—Quizá sea listo, o quizás, solo sea el hecho de que mi abuelo falleció hace cuatro años, por lo que es imposible que él esté aquí. Así que, ¿quién eres, y porque luces como él?

Entonces él escogió a un ser que ya se esfumó. Para cada sobrenatural es diferente, algunos escogen a un ser amado que aún vive, y otros a uno que ya no existe en este plano.

—Aún así, eres listo—insisto mirando directamente a sus ojos.

—¿Ellos también pueden verte?—pregunta, señalando con la cabeza a sus compañeros.

—No, solo tu puedes verme.

—Interesante. Podría pensar que estoy loco, pero también noté que ellos no me están viendo como si necesitara una camisa de fuerza, por lo que eso me indica que ellos no son conscientes de lo que está pasando aquí—señala con seguridad mientras abanica su dedo entre nosotros dos para enfatizar sus palabras.

—¿Ves? Te lo dije, eres listo —digo con una media sonrisa —. Tienes razón, ellos no son conscientes de que tú y yo estamos hablando. Para ellos tú solo estás de pie, observando el espectáculo de fuegos artificiales.

Él mira sobre su hombro para observar como los cañones siguen disparando contra los enemigos, y creo que por un momento él se olvidó de donde estaba parado. Yo no. No podría. No sintiendo la tierra temblar y quejarse bajo mis pies. No, sabiendo que a nuestro alrededor, hay otras parcas esperando para llevar a sus correspondientes Marcados, indistintamente de si son humanos o sobrenaturales. En mi caso, al ser una parca de alto rango, mis asignaciones siempre son sobrenaturales.

—Desearía estar en cualquier sitio, sin importar cuál, pero que fuera lejos de aquí—murmuró el muchacho con melancolía.

Lo mire detenidamente y fue entonces que vi la decepción combinada con horror y dolor en su mirada mientras observaba a sus compañeros vitorear con cada detonación. Fue en ese instante en que comprendí que aquel joven podía ver más allá de lo que sus compañeros veían, y que además, él no estaba allí por elección propia.

—Fuiste el más pequeño de la camada—dije afirmando, no preguntando.

—¿Qué?—me miró desconcertado.

—Tú. Eres un cambia formas, pero hay algo diferente y no logro determinar que es, pero sí puedo decir que eres un hombre lobo.

—Podría decirse que soy uno…si—susurro y sus hombros decayeron.

—¿Es porque eres el más pequeño que estás aquí? ¿A caso te enviaron como forma de castigo?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.