El Beso del Demonio

Cap. 05

Abre los ojos a causa de la luz que se cuela por su ventana, lo primero que hace es incorporarse con rapidez recordando que la noche anterior estaba en un club con sus amigas, entonces, ¿Cómo llego a su habitación? ¿Qué ocurrió luego de haberse desmayado? ¿Quién la trajo a casa? ¿Sus amigas están bien? ¿Cómo regresaron? ¿Saben que se encuentra bien?

― Luciana, baja ya, mamá ha preparado el desayuno ― la voz de Marcos la obliga a observar la puerta de su habitación.

― ¡En un momento estoy con ustedes! ― responde poniéndose de pie, ni siquiera se quitó los zapatos.

Tras tomar una rápida ducha y cambiarse de atuendo se encuentra con su familia en la sala de estar, acostumbran desayunar juntos los sábados y hoy no es la excepción.

― Dime, ¿Qué tal el nuevo club? ¿Recomendable? ― pregunta el muchacho tomando algunas masitas de una de las panaderías más renombradas de la ciudad, conocida por tener las delicias caseras mejor hechas.

― Bastante ― responde desinteresada, ¿Qué más puede decir?

― ¿A qué hora llegaste? No te escuche entrar cariño ― su madre va y viene de la cocina trayendo todo tipo de delicias a sus hijos.

― No lo recuerdo ― susurra frunciendo el ceño la rubia ― Creo que ya era entrado el amanecer.

― Recibí un mensaje de papá, quiere vernos Lu ― anuncia el chico mientras su progenitora se detiene en seco.

― ¿Qué es lo que quiere? ― pregunta la mujer.

― No lo sé mamá, no me dijo ― se encoge de hombros.

― Cada dos semanas pide verlos, es extraño, este hombre es un demente ― masculla molesta, sabe que se debe a que no confía en ella para la seguridad de sus hijos. Desde el accidente hace cuatro meses el padre de los jóvenes no ha dejado de llamarlos, enviarles mensajes o armar visitas para poder estar con ellos pero para su ex esposa eso es una locura ya que no son adolescentes, ya pasaron los veinte años ambos.

― Tranquila mamá, tan solo quiere vernos, somos sus hijos después de todo. Deberías estar orgullosa y contenta de saber que nuestro padre está presente, que se preocupa por nosotros y que no espera a las festividades para hacernos notar su cariño como sucede con tantos otros niños y jóvenes. ― suelta Luciana seriamente.

― Estas demasiado seria hoy ― eleva una ceja el muchacho.

― Cosas que pienso nada más ― sonríe.

“Mientes.”

― Bueno, supongo que tienes razón querida. Solo me molesta que crea que no cuido de ustedes ― suelta la mujer suspirando, sus hijos son toda su fuerza.

― No te preocupes, jamás hemos dejado que papá piense eso ― Marcos abraza a su acongojada madre, a veces puede ser muy sentimental.

“Les mientes a todos Luciana”

― Claro que no, es lo que pienso realmente ― susurra confundida.

“Sabes perfectamente que tu padre nunca te ha querido, siempre fuiste la problemática, vida tras vida… “

― ¡No! ― se pone de pie.

― ¿Qué ocurre? ― preguntan al unísono su madre y hermano.

― Oh, emm… Olvidé llamar a las chicas y se enfadaran mucho conmigo, disculpen ― sonríe saliendo de la sala.

― Creo que algo sucede, está actuando raro de nuevo. ― Marcos susurra.

― ¿A qué te refieres? ― la mujer presta especial atención.

― El día del accidente, ella afirmaba que había alguien fuera del auto y se veía aterrada ― susurra pensativo ― Estando en el consultorio del doctor Connors, ella parecía escuchar algo que yo no.

― ¿Estas completamente seguro de ello? ― La mujer lo ve con absoluta preocupación y temor.

― La verdad es que no ― titubea mientras juega con sus manos ― Pero si la noto algo nerviosa, estresada, a la defensiva tal vez…

Luciana observa su móvil suspirando, toma su chaqueta y sale de casa usando la ventana de su habitación, una vez en el césped del jardín corre por la calle alejándose de su hogar, necesita ver a alguien que puede aclararle sus dudas; la mejor de sus opciones ahora es hablar con el Padre Adolf, él es quien ha velado por ella espiritualmente cuando era pequeña y a quien ha podido contarle todas sus inquietudes sin sentirse juzgada o mal vista por lo que se dirige a la capilla sin chistar.

“¿Crees que vas a poder escapar?”

― No sé de qué hablas, solo eres un producto de mi imaginación ― masculla.

“¿De verdad? ¿Tu imaginación puede hacer esto?”




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