El Beso Que No Existe

capitulo 16

Llegaron cuando el atardecer aún no había decidido si morir o convertirse en aurora. El bosque se alzaba como un suspiro que se ha vuelto árbol: troncos de aire, ramas de eco, hojas de silencio que al moverse dejaban caer estrellas diminutas que no brillaban, solo eran.

Kael tocó la corteza de un árbol y la corteza le devolvió un latido que no era suyo: era el de alguien que había pasado antes y había decidido dejar su corazón colgando de una rama para que otro lo encontrara y supiera que no estaba solo.

Lysandra respiró hondo y el aire le entró en pulmones y al salir llevó consigo un camino que no había tenido ocasión de ser sendero y se había quedado así, a medio hacer, esperando que alguien lo pisara para decidir si quería ser ida o venida.

Comenzaron a andar porque en el bosque no existía la opción de quedarse quieto: la quietud se convertía en musgo que crecía sobre los pies y escupía preguntas sin dueño.

Kael iba adelante, dejando una estela de pasos que no eran pasos sino versos escritos en el aire: si te agachabas y leías desde el suelo, decían "aquí estamos sin saber que estamos, y al saberlo dejamos de estar para seguir siendo".

Lysandra caminaba pisando los versos de Kael, pero cada vez que pisaba uno, la letra se volvía música y la música se volvía latido y el latido se volvía pregunta que no necesitaba respuesta.

La primera senda fue una línea de luz que no sabía si quería ser camino o solo destello. El suelo era blando, como si la tierra hubiera aprendido a ser alfombra de sueños que se han quedado sin soñador.

Kael puso un pie sobre la senda y la senda se hundió apenas, dejando una huella que no era huella sino promesa de volver.

Lysandra puso su pie sobre la misma senda y la promesa se volvió eco que dijo: "sigan, que aquí no hay fin, solo bosque que se dobla para que el siguiente paso sea el primero".

Siguieron.

La segunda senda traía olor a libro que se olvida de ser leído. Las hojas del suelo no eran hojas sino páginas que se habían caído de un árbol-biblioteca y que al pisarse murmuraban fragmentos de historias que nadie había escrito pero que todos habían vivido.

Kael se agachó y leyó una página: "Se encontraron cuando el tiempo se olvidó de ser camino y decidió ser mesa donde apoyar la mano".

Lysandra leyó otra: "Se separaron porque el abrazo también es una forma de viaje y algunos viajes se hacen dejando ir".

Ambas páginas se encontraron entre sus dedos y se fundieron en un "siempre todavía" que se elevó como bruma y se perdió entre las ramas sin dejar rastro.

La tercera senda fue un río de quietud. El agua no era agua sino camino que se ha quedado sin caminante y decide ser corriente para que alguien pueda cruzar sin mojarse los pies.

Kael cruzó; sus pies se quedaron secos pero el camino se le subió por los tobillos y se le quedó en las rodillas como rodillera de "ahora" que amortigua el golpe de cada paso.

Lysandra cruzó también; el camino se le subió hasta las caderas y se le quedó como cinturón de "siempre" que sostiene el cuerpo para que no se deshaga en bosque.

La cuarta senda traía sabor a encuentro que no se dio. El aire se había vuelto tan denso que los abrazos se quedaban flotando como globos que no saben si abrazar o soltar.

Kael soltó un abrazo; el abrazo se quedó flotando entre ellos y se volvió pregunta que no necesitaba respuesta:

—¿Seguimos? —preguntó el abrazo.

—Seguimos —respondió Lysandra, y la respuesta se volvió bruma que se elevó hasta colgarse del bosque-tejido-incompleto, donde se quedó como lámpara que no necesita ser encendida porque ya es luz sin saberlo.

La quinta senda fue un campo de quietud. Las flores no eran flores sino segundos que se habían parado en seco y habían decidido ser pétalos para que alguien pudiera pisar sin que el tiempo se moviera.

Kael pisó un segundo-flor y el segundo se volvió latido que no termina porque no empezó.

Lysandra pisó otro segundo-flor y el segundo se volvió respiración que no necesita ser respirada porque ya es aire sin serlo.

La sexta senda traía olor a despedida que no se dio. El aire se había vuelto tan denso que los "hasta luego" se quedaban flotando como globos que no saben si subir o bajar.

Kael soltó un "hasta luego"; el "hasta luego" se quedó flotando entre ellos y se volvió pregunta que no necesitaba respuesta:

—¿Seguimos? —preguntó el "hasta luego".

—Seguimos —respondió Lysandra, y la respuesta se volvió bruma que se elevó hasta colgarse del bosque-tejido-incompleto, donde se quedó como lámpara que no necesita ser encendida porque ya es luz sin saberlo.

Al final de las seis sendas, el bosque se alzó en una onda que no era onda sino página que se dobla para que el siguiente paso sea el primero. La onda se extendió hasta el horizonte y al llegar se volvió eco que decía:

—Sigan, que aquí no hay fin, solo bosque que se dobla para que el siguiente paso sea el primero, y el primero será el que ya se dio, y así, sin fin, sin prisa, sin camino, sin memoria, solo siendo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.