El Beso Que No Existe

capitulo 23

Llegaron cuando la brisa aún no había decidido si ser rumbo o simple acompañante. El mapa yacía abierto sobre una mesa de piedra, sus líneas tan finas que parecían hilos de humbre tensos entre dos instantes. No había brújula; había un silencio colgando de un alfiler de luz que apuntaba hacia donde nunca se había estado.

Kael deslizó el dedo por una línea que empezaba y terminaba en el mismo punto. El trazo se alzó levemente, como si respirara, y dejó escapar un aroma a viaje que aún no había sido elegido.

—¿Qué camino es este? —preguntó él, y la pregunta se quedó flotando sobre el papel como una burbuja que no quería estallar.

—El que se olvida de ser camino cuando lo caminas —respondió Lysandra, y su voz se volvió eco que se posó sobre otra línea, haciéndola brillar apenas.

Entonces el mapa se alzó en pliegues que no eran pliegues sino promesas de regreso. Un valle se abrió entre dos montañas de tinta, un río serpenteó sin agua, un bosque dibujó su sombra sobre la mesa de piedra y dejó caer hojas que no eran hojas sino instantes que se habían quedado sin ser.

No hubo despedida. No hubo elección. Solo el gesto de poner un pie sobre la línea que ya los esperaba. El mapa se cerró tras ellos, no como trampa sino como recuerdo de que todo camino que se dobla sin romperse acaba siendo uno solo: el que se camina sin saber que se camina, el que se regresa sin haberse ido, el que se olvida de ser camino y se convierte en estar.

Llegaron cuando la madrugada aún no había decidido si ser reflejo o simple resplandor. El espejo pendía del aire como una lágrima que se niega a caer: no tenía marco, no tenía respaldo, solo tenía delante y detrás, y ambos eran el mismo lugar. Kael se acercó y vio un rostro que no era el suyo sino la versión que había dejado de serlo cuando alguien lo miró por última vez. Lysandra se acercó y vio un rostro que no era el suyo sino la versión que había aprendido a serlo cuando alguien lo nombró por primera vez.

No hubo saludo. Solo el silencio que se hace cuando dos imágenes se encuentran y comprenden que ya no necesitan de quien las miró.

—¿Quién eres? —preguntó Kael al rostro que no era el suyo.

—El que se olvida de ser cuando tú te olvidas de mirar —respondió el rostro, y la voz sonó como eco que se escucha desde adentro.

Lysandra no preguntó. Solo dejó que su reflejo la tocara sin tocarse, y en ese roce sin contacto nació una tercera imagen: la que había estado esperando que ambos regresaran para poder irse.

El espejo se abrió entonces, no como puerta sino como página que se voltea y descubre que el anverso y el reverso son la misma historia escrita en idiomas distintos.

Entraron.

El interior era un campo de rostros que flotaban como luciérnagas de carne: cada una llevaba la expresión que había dejado colgada en un espejo cualquiera, cada una guardaba el gesto que alguien olvidó recoger al irse. Kael encontró el suyo: era una sonrisa que había sido suya cuando aún no sabía que podía no serlo. Lysandra encontró el suyo: era una lágrima que había sido suya cuando aún no sabía que podía no serlo.

Se miraron dentro del espejo que ya no era espejo sino mesa donde apoyar la mano. Sobre esa mesa, dos tazas vacías que aún olían a “estoy” y a “estás”.

Bebieron. No del reflejo, sino del hueco que quedaba después de beberlo: era un “aquí estoy” que no necesitaba ser dicho porque ya era.

Al final, el espejo se volvió círculo. Un círculo tan pequeño que cabía en el espacio entre dos miradas consecutivas.

Se tomaron de las manos, no para unirse, sino para que el reflejo también tuviera manos que lo sostengan mientras decide dejar de ser imagen y se convierte en estar.

Y así, sin que nada lo anunciara, el capítulo concluyó sin concluir, porque en el Espejo de los Rostros que Se Olvidan de Ser Mirados el final también es un círculo que flota sobre la idea de haber sido visto, y la idea, al flotar, se convierte en abrazo que se da sin brazos, solo con la certeza de que la próxima mirada será la primera, y la primera será la que ya se olvidó, y así, sin fin, sin prisa, sin rostro, sin memoria, solo **siendo**.




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