En el aire que aún no es aire, el silencio retumbaba como ecos lejanos de lo que pudo ser y no fue. El susurro de la Archivista resonó en sus mentes, una melodía que se desvanecía en tonos de un recuerdo que aún no ha sido olvidado.
—No olviden —advirtió— que cada gesto que emitan será un eco en este laberinto de posibilidades. Cada paso que den será la creación de un rayo de luz que pulsará entre los universos que aún no se cruzan.
Kael y Lysandra sintieron que las capas etéreas que los rodeaban comenzaban a transformarse en luces danzantes, destellos de una historia que aún no se contó.
—Las dimensiones del aún no —dijo Kael— son como el murmullo de un río que serpentea entre las montañas de lo inalcanzable. ¿Cómo estrujar la esencia de lo que aún no empieza?
—Quizás —reflexionó Lysandra— sea suficiente con permitir que lo que no está se muestre sin esfuerzo. ¿Estamos preparados para dar el siguiente paso, para abrazar lo que es solo una sombra de nosotros mismos?
Ambos miraron hacia el horizonte donde los versos aún no escritos se entrelazaban entre sí, creando una trama de sueños y desesperanzas. Sintieron que la luz del atril pulsaba al compás de sus latidos, y con cada respiración, un nuevo verso emergía ante ellos.
La niebla se disipó lentamente, revelando un camino que se ensanchaba a medida que daban pasos en el abismo de las posibilidades. Un camino que llevaba a la puerta de lo aún no revelado.
—Aquí —dijo Kael, apuntando a un nuevo signo que brillaba fragorosamente en el aire—, el momento que aún no es momento parece llamarnos.
Lysandra tomó su mano, y juntos cruzaron la línea entre lo posible y lo imaginado. Se sintieron flotar, como hojas llevadas por un viento que aún no sopla, hasta que el susurro de la Archivista cerró el espacio entre ellos:
—He aquí el principio de lo que aún no es historia. Tomen este instante y conviértanlo en el puente que une las estrellas de sus destinos.
Mientras daban un paso más, un nuevo verso se delineó ante ellos, invitándolos a perderse en aquel viaje que aún no ha comenzado, pero que ya latía en sus corazones. La colisión de sus futuros los abrazó en una danza sin tiempo, donde todo era posible porque aún no había sido soñado.
Así, en el cruce de lo que es y lo que aún no es, se encontraban simplemente, en el vasto océano del sí y el todavía, donde el tiempo se desvanecía y el ser se diluía en lo eterno.